III Foro DDC: pensar la Cuba que los cubanos quieren
Desde el Foro DDC, la transición deja de pensarse como un evento abrupto para comenzar a entenderse como un proceso social que ya está en desarrollo.
Esta semana DIARIO DE CUBA celebró en Madrid su tercer Foro ‘Para la Cuba de mañana’. El evento reunió a más de 30 expertos, académicos, activistas, economistas, juristas y representantes de la sociedad civil cubana, asentándose como un espacio central para el debate estratégico sobre el futuro del país. En un momento como el actual de profunda crisis, pero también de gran expectativa, el Foro DDC dejó una señal política, intelectual y cívica clara: que la transición democrática debe pensarse y proyectarse antes de que ocurra, para llegar mejor preparados.
En la inauguración, Pablo Díaz Espí, director de DIARIO DE CUBA, definió la concepción del Foro como “un espacio estable para el debate estratégico, transversal y multidisciplinar sobre la Cuba que deberá construirse cuando el actual sistema político llegue a su fin”. Por eso también lo ha consolidado como una sección permanente del periódico, extendiendo su impacto y capacidad informativa para generar conocimiento útil, propuestas concretas y redes de colaboración para la reconstrucción democrática de la Isla.
En su discurso Díaz apuntó que “la libertad no empieza el día que cae una dictadura”, sino cuando una sociedad comienza a prepararse para asumir “las responsabilidades de su propio destino”, una proyección que estuvo presente en todas las mesas del Foro.
La primera idea transversal que emergió de las jornadas fue que la transición cubana no podrá reducirse a un simple reemplazo político. No bastará la salida del actual régimen si no existe, al mismo tiempo, un proceso de reconstrucción institucional, económica, jurídica, cultural y cívica. Dimas Castellanos, Elaine Acosta, Enrique Patterson y Arístides Vara-Horna abordaron desde distintos ángulos esa idea de descomposición nacional. Castellanos habló de una nación incompleta cuya débil cultura cívica permitió la instalación del totalitarismo. Patterson describió el castrismo como un sistema que anuló la voz ciudadana y destruyó el vínculo entre individuo, propiedad y autonomía. Acosta mostró las consecuencias humanas concretas de ese proceso: envejecimiento, éxodo masivo, colapso de los cuidados y desintegración demográfica. Vara-Horna aportó los datos que revelan la magnitud del quiebre de la legitimidad.
Todos estos planteamientos se complementan. La pérdida de legitimidad política, el vaciamiento demográfico y la erosión de la ciudadanía aparecen como partes de un mismo fenómeno: la destrucción progresiva de las capacidades sociales que sostienen una nación moderna. Por eso varios ponentes insistieron en que la transición cubana no puede limitarse a reconstruir instituciones. Tiene que reconstruir ciudadanía.
Con ello también conectaron las intervenciones de José Manuel González Rubines, Alejandro Martínez Marrero y Rubén Chababo. Los tres alertaron sobre el daño antropológico y cívico producido por décadas de totalitarismo. Chababo habló de un “aprendizaje de la libertad”, González Rubines de una “descastrificación” que incluya alfabetización política y formación cívica, y Martínez Marrero de la necesidad de enseñar nuevamente a elegir y pensar críticamente. Sus propuestas se asientan en que la transición cubana debe ser también pedagógica, psicológica y cultural.
Otro eje transversal del Foro fue la preocupación por evitar que el cambio derive en caos, captura del poder y nuevas formas de autoritarismo. El politólogo Juan Antonio Blanco insistió en que la transición debe pensarse como un proceso con actores, tiempos y agendas concretas. ¿Quién administrará la transición? ¿Qué fuerzas tendrán capacidad real para conducirla? ¿Cómo impedir vacíos de poder? Son cuestiones que deben responderse y sobre las que también profundizó el jurista Edel González Jiménez. Su idea de una Ley Constitucional de Transición conectó con los análisis de Karla Velásquez y Yaxys Cires sobre participación ciudadana y pluralismo político. Todos coincidieron en que el problema cubano no es solo ausencia de democracia, sino la existencia de un aparato estatal diseñado específicamente para impedirla.
Velásquez apuntó que el miedo, la desconfianza y la desarticulación social son parte del diseño autoritario. De ahí la necesidad de diferenciar continuidad del Estado y continuidad del régimen. El desafío no está en destruir las estructuras estatales, sino en desmontar los mecanismos de control político mientras se preservan capacidades básicas de gobernabilidad.
Las discusiones económicas estuvieron muy conectadas con los debates políticos, pues todas las ideas de apertura económica se sustentaron sobre una base democrática y de seguridad jurídica. Elías Amor sintetizó esa interdependencia al decir que “la única transición posible es la que hace coincidir la económica con la política”.
Ricardo Torres, Mauricio de Miranda, Ernesto Gutiérrez Tamargo y Mileydi Guilarte desarrollaron distintas dimensiones de esa misma idea. La crisis energética, el colapso productivo, la ausencia de inversión, la destrucción monetaria y la incapacidad exportadora no son fenómenos aislados. Todos derivan de un modelo institucional incapaz de generar confianza, propiedad segura, transparencia y estabilidad jurídica. De ahí que las propuestas económicas estuvieran constantemente vinculadas a conceptos políticos: Estado de Derecho, independencia judicial, reforma constitucional, apertura institucional y reinserción internacional.
También se planteó un consenso importante: Cuba necesitará apoyo externo. La idea de un “Plan Marshall”, sostenida por De Miranda, refleja la conciencia de que el deterioro acumulado supera las capacidades internas del país. Sin embargo, el Foro dejó claro que ningún financiamiento internacional será suficiente sin credibilidad política e institucional. Como advirtió Guilarte: “Sin confianza no hay financiamiento y sin financiamiento no hay reconstrucción”.
Otro de los grandes aportes analíticos del Foro DDC fue conectar la justicia transicional con la reconstrucción ética de la sociedad. Las intervenciones de Laritza Diversent, Johanna Cilano, Julieta Lemaitre, Rubén Chababo e Hilda Landrove mostraron que la transición cubana no puede resolverse únicamente mediante acuerdos políticos o reformas legales. Existe un problema de reparación histórica, reconocimiento de las víctimas y reconstrucción moral del espacio público. La memoria fue presentada como una condición institucional y democrática.
La intervención de Landrove resultó importante en este sentido. Su rechazo a una reconciliación entendida como consigna abstracta conectó con las discusiones sobre justicia restaurativa y derechos ciudadanos. Así, la reconciliación no es posible sin acceso efectivo a derechos, memoria histórica y reconstrucción de la pertenencia nacional.
Un aspecto medular del III Foro DDC fue el papel central otorgado a la sociedad civil, al asumirse que la transición cubana no será viable sin una sociedad capaz de organizarse. Hacia ello convergieron las intervenciones de Rosa María Payá, Omar López Montenegro, Iliana Hernández y otros participantes. Todos insistieron en la necesidad de articulación social, alianzas transnacionales y coordinación entre exilio y actores internos.
Ellos subrayaron que el cambio político en Cuba no depende exclusivamente de disputas dentro de la élite del poder. Existe una creciente acumulación de capacidades cívicas, redes ciudadanas y experiencias que podrían desempeñar un papel decisivo en el futuro. Desde lo planteado, la transición deja de pensarse como un evento abrupto, para comenzar a entenderse como un proceso social en desarrollo. De este modo, la Cuba futura tiene que pensarse, discutirse y prepararse ahora.
Ese ha sido el valor estratégico del reciente Foro: articular pensamiento, propuestas y alianzas capaces de ayudar a que los cubanos lleguen mejor preparados a un eventual proceso de democratización. DIARIO DE CUBA asume con ello un compromiso que trasciende el ejercicio periodístico tradicional, y contribuye a preparar lo que vendrá después, facilitando un espacio abierto para pensar la libertad que todos aspiramos para Cuba.
Para leer en DIARIO DE CUBA:
Este es el programa del III Foro DDC: ‘Para la Cuba de mañana’
https://diariodecuba.com/foro-ddc/1779132904_66810.html
Arranca el III Foro DDC: ‘Para la Cuba de mañana’
https://diariodecuba.com/foro-ddc/1780299152_67201.html
‘Hay un quiebre irreversible en el control totalitario en Cuba’
https://diariodecuba.com/foro-ddc/1780307615_67242.html
Rosa María Payá: ‘O nos organizamos, o nos pasa por arriba la historia’
https://diariodecuba.com/foro-ddc/1780309153_67243.html
Cuba después del cambio: cómo evitar el vacío y el secuestro del poder
https://diariodecuba.com/foro-ddc/1780314180_67245.html
‘La memoria debe estar en el centro de la transición, diseñando el horizonte ético de la Cuba futura’
https://diariodecuba.com/foro-ddc/1780315266_67246.html
‘La única transición posible en Cuba es la que hace coincidir la económica con la política’
https://diariodecuba.com/foro-ddc/1780394373_67251.html
‘Cuando la ley no representa la realidad, se convierte en un disfraz’
https://diariodecuba.com/foro-ddc/1780399904_67254.html
‘Hay un escenario de transición posible ocurriendo cada día en las calles de Cuba’

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