sábado, 4 de julio de 2026

“Para la Cuba de Mañana”

Visiones compartidas del futuro de Cuba 

En una Cuba marcada por la imposición de un pensamiento único, la coincidencia de voces independientes en el Foro DDC es una señal: otra conversación nacional está en marcha. 

Foro DDC: “Para la Cuba de Mañana”, Madrid, 2026 (DDC)

El diálogo que tuvo lugar entre especialistas de distintas disciplinas en el III Foro DDC: “Para la Cuba de mañana”, celebrado en Madrid el 1 y 2 de junio, reveló una serie de visiones compartidas sobre la situación actual de la Isla, un consenso que trascendió posiciones ideológicas o políticas.

Más allá de las diferencias de enfoque, de prioridades y especialización, las intervenciones del Foro DDC confluyeron en un conjunto de ideas que ayudan a comprender la naturaleza de la crisis cubana y, sobre todo, las condiciones indispensables para superarla. Este conjunto puede ser entendido como uno de los principales aportes de un evento que pretende, a través de DIARIO DE CUBA, sostener un diálogo permanente sobre el país.

Una de las ideas más reiteradas durante el Foro, fue la de que el deterioro económico no puede entenderse como un fenómeno aislado e independiente del sistema político. No bastan ajustes técnicos para corregir los desequilibrios del país. El economista Ricardo Torres lo ejemplificó desde el ámbito energético al afirmar que “el deterioro del sistema eléctrico refleja problemas más profundos de gobernanza económica e institucional, y puede usarse para entender problemas más generales del modelo económico”.

Así, varios especialistas coincidieron en que no debe haber reforma económica bajo el actual marco constitucional. La atracción de inversión y la estabilización macroeconómica son técnicamente inviables sin la instauración de un Estado de derecho, seguridad jurídica y separación de poderes.

También emergió un consenso significativo sobre el cambio de mentalidad de la sociedad cubana. Los datos presentados por Cubadata demuestran que las barreras del miedo se han fracturado. Y aunque el miedo continúa siendo un instrumento de control, ya no posee la eficacia de otros tiempos. La protesta, el cuestionamiento público y la pérdida de legitimidad del discurso oficial apuntan a una transformación profunda de la relación entre el Estado y la sociedad. En Cuba no solo tiene lugar una crisis material, también hay un cambio en la percepción colectiva de lo que resulta aceptable y de lo que puede ser cuestionado y cambiado.

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Otro tema que atravesó las discusiones fue el de la justicia, entendida como un elemento constitutivo de cualquier transición democrática. La liberación de los presos políticos, la reparación de las víctimas, la preservación de los archivos de la represión y el rechazo a fórmulas de impunidad, aparecieron como condiciones para construir una convivencia duradera. Varios expertos coincidieron en que la reconciliación no puede descansar sobre el olvido, sino sobre la verdad y las garantías de no repetición. Al respecto, la abogada Laritza Diversent afirmó que “la reconciliación nacional no significa borrar lo ocurrido, sino crear condiciones para convivir sin miedo”. Subrayando “el papel clave” de una sociedad civil más proactiva, apuntó que “no debemos esperar pasivamente que exista una transición para empezar a pensar en justicia transicional”.

Un cambio de perspectiva interesante y recurrente estuvo relacionado con la diáspora. Durante años, el exilio ha sido reducido al papel de proveedor de ayuda familiar. En el Foro DDC: “Para la Cuba de mañana” se propuso una visión más amplia: los millones de cubanos dispersos por el mundo son parte de una nación transnacional capaz de aportar capital, conocimiento, redes empresariales, experiencia institucional y capacidad de incidencia internacional para la reconstrucción del país. Esa redefinición supone dejar atrás una mirada asistencialista para reconocer a la diáspora como uno de los principales activos estratégicos de una futura Cuba democrática.

Sobre esto, la socióloga Elaine Acosta enfatizó que “los cubanos dispersos por el mundo tienen en sus manos el potencial de una articulación social, institucional y comunitaria transnacional que contribuya en modo virtuoso, con la sociedad civil independiente, a la asistencia humanitaria en primera instancia y a la reconstrucción del país en el mediano y largo plazo”.

Varios ponentes coincidieron en la necesidad de desmontar las estructuras que han sostenido el modelo castrista. El debate sobre conglomerados como GAESA o sobre el papel desempeñado por el Partido Comunista de Cuba (PCC) se presentó desde una perspectiva política, pero también institucional y económica. Mientras esas estructuras permanezcan intactas, resultará difícil construir un sistema basado en la competencia, la transparencia, la rendición de cuentas y la igualdad ante la ley. De ahí que se observara un consenso sobre la urgencia de intervenir al conglomerado militar GAESA, y recuperar los flujos financieros desviados por este holding como primera medida para financiar la estabilización de los sistemas eléctricos e hidráulicos del país, entre otras inversiones inaplazables. 

Al reconocer la responsabilidad política que ha tenido el Partido Comunista en el fracaso del modelo económico, de la gestión pública, en la violación de los derechos humanos, etc., se consideró inviable su existencia una vez desmanteladas las estructuras de gobierno actual, lo que no está en contraposición con la defensa del pluripartidismo en Cuba, sino que atiende a una cuestión de justicia y a posicionarse contra la impunidad. El abogado Yaxys Cires anotó en su presentación que “el Partido Comunista debe ser disuelto, porque en realidad no ha operado como un partido comunista, o como un partido, ha operado como una organización criminal. […] no veo razón para que se le siga aceptando como una institución”.

Que estos puntos de encuentro hayan surgido entre especialistas procedentes de ámbitos tan diferentes es algo que marca el inicio de un lenguaje común para entender Cuba y pensar la transición. En un momento en que la crisis está presente en todos los ámbitos de la vida nacional, construir un espacio de convergencia resulta especialmente valioso.

En el Foro DDC: “Para la Cuba de mañana” se identificaron principios compartidos sobre los que articular estrategias, generar cooperación y fortalecer una visión de país basada en instituciones democráticas, justicia, libertad y reconstrucción. En una Cuba marcada por la imposición de un pensamiento único, la coincidencia de voces independientes constituye una señal de que otra conversación nacional ya está en marcha.


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