viernes, 12 de marzo de 2010

DICTADORES EN CAMA


Por Tania Díaz Castro

Santa Fe, La Habana,(PD) En las últimas décadas del siglo pasado, sobre todo en sociedades predominantemente masculinas, algunos dictadores tercos gobernaron su país hasta el último aliento. Son varios, más de los que se pueden contar con los dedos de una mano, aunque sólo me voy a referir a tres: el economista portugués Antonio de Oliveira Salazar, el tunecino Habib Burguiba y Fidel Castro, de Cuba.

Oliveira Salazar (1889-1970) comenzó su gobierno demandando poderes extraordinarios (jefe de gobierno, presidente del consejo de ministros, etc.), a partir de que una junta militar, presidida por el general Oscar de Fragoso Carmona controlara el país.

Según datos oficiales de Portugal, Oliveira Salazar, en sus 40 años de dictadura, equilibró el presupuesto nacional, liquidó la deuda externa y a pesar de contar con la ayuda de los ricos terratenientes, banqueros e industriales, promulgó una constitución de partido único, anuló la libertad sindical, el derecho a huelga, la libertad de prensa, la oposición política con la ayuda de su Policía de Seguridad y envió gran número de soldados a Africa para reprimir movimientos nacionalistas.

En 1968 se cayó de una silla y sufrió un ataque de apoplejía. Postrado en una cama sufría de mareos, visión doble, dificultad para pensar, lenguaje ininteligible, desequilibrio corporal y caídas frecuentes. Aún así, este dictador portugués no aceptó ser reemplazado en ninguno de sus muchos cargos y murió un 27 de julio de 1970 en Lisboa, pensando que era el hombre que dirigía la política de su país.

Habib Burguiba (1903-2000) durante años fue líder de un partido que defendía la independencia política de Túnez, sufrió cárcel en varias oportunidades, cayó en manos de las tropas invasoras alemanas, depuso al rey de su país en 1957 y se proclamó jefe de gobierno. 28 años después se consagró como presidente vitalicio. Permaneció en el poder hasta que comenzó a dar señales de cierta demencia senil y su propio primer ministro, nombrado por él, al considerarlo demasiado viejo para gobernar, lo mantuvo bajo arresto domiciliario a partir de 1987, desde donde Burguiba pensaba que seguía dirigiendo la política de su país.

Fidel Castro (1926), quien durante 48 años ocupó todos los cargos más importantes del gobierno cubano, nombró como sucesor a su hermano menor, Raúl Castro, cuando enfermó de gravedad en 2006. Igual que Adolfo Hitler, quien pensó que el pueblo alemán daría hasta la última gota de sangre contra las fuerzas aliadas, Castro lo piensa de su pueblo y lo escribió en su Proclama del 31 de julio, cuando al parecer, dejó de sentirse un dictador en cama, para convertirse en lo que desea para su próxima vida en la Tierra: ser escritor como García Márquez.

Hasta el momento (y aunque sus más íntimos vaticinan que volverá a vestir su uniforme verde oliva) ha escrito y publicado durante cuatro años en su periódico Granma decenas de Reflexiones, con el propósito de demostrar que de alguna forma, que aún dirige la política del país.
vlamagre@yahoo.com

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