viernes, 12 de marzo de 2010

¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?


Por Leonardo Calvo Cárdenas

Rancho Boyeros, La Habana,(PD) Los medios informativos nacionales dan cuenta de algunas actividades que se realizan en la capital del país para conmemorar el 52 aniversario de lo que, en un alarde de eufemismo culpable, llaman “Operación Fangio”.

Los voceros oficiales dan cuenta de los actos e incluso mencionan al jefe del comando que ejecutó la “operación”, el comandante Faustino Pérez, sin aclarar, como indican las reglas del más elemental ejercicio periodístico, en qué consistió la mencionada acción.

Tal vez muchos jóvenes cubanos o los intrépidos televidentes extranjeros que desde otras latitudes se atreven a visionar la señal del canal Cubavisión Internacional se pregunten de qué trató la “Operación Fangio”. Tal vez imaginen que en aquel febrero de 1958 un grupo de entusiastas aficionados le tributaron un agasajo u homenaje al multi campeón de automovilismo.

El caso es que para esa fecha, el gran corredor argentino de formula 1, Juan Manuel Fangio se encontraba en La Habana con el objetivo de participar en un evento de la especialidad. Con esa particular manera de enfocar la noticia y manipular la historia, resulta difícil pensar que, aprovechando la coyuntura, la dirección del Movimiento 26 de Julio, que por entonces luchaba mediante la violencia y el terror nada menos que para restaurar la democracia, decidiera secuestrar al destacado atleta con el objetivo de dar un golpe de efecto propagandístico.

Sin dudas en aquel momento el impacto propagandístico se logró, pero a costa de cometer un terrible delito y poner en peligro la vida del famoso inocente, en el marco de una guerra que cobraba vidas de ambos bandos.

El grupo político que gobierna hoy Cuba alcanzó el poder mediante el recurso de imponer el terror, terror que llegó incluso a causar la muerte de inocentes, pero que fue convertido en venerable heroísmo por la propaganda y el culto revolucionario. Tales terroristas convertidos en poder trataron con mano de hierro a los enemigos que los enfrentaron con los mismos métodos, y convirtieron por muchos años el asesinato judicial en el amargo pan nuestro de cada día.

El Poder incontestable trata con desmedida severidad a sus adversarios que no se le enfrentan con la violencia y a tenor de su desgaste y descrédito político ha puesto en práctica variadas formas de terrorismo de estado para impedir que el natural descontento y rechazo de sus súbditos se convierta en oposición manifiesta.

El doble rasero caracteriza a los terroristas de siempre que reinan en La Habana. Mientras los actos de terrorismo son cometidos por ellos o sus compañeros de ruta constituyen legítimos actos revolucionarios o de liberación nacional, las acciones similares perpetradas por miembros del bando contrario son calificadas simplemente como terrorismo. A lo largo de medio siglo de poder no les ha temblado la mano a los jerarcas de La Habana para brindar todo tipo de respaldo material y político a “combatientes” de cualquier latitud, siempre y cuando estos comulguen con sus criterios e intereses.

Con el paso de los años y la imposición de estos nuevos tiempos en que la violencia, aunque sea “revolucionaria”, es rechazada universalmente, el alto liderazgo cubano ha imaginado útiles atajos discursivos para denominar sus prácticas de antaño. Cuando nos hablan de “Operación Fangio” o convierten a un jefe de acción y sabotaje simplemente en “jefe de acción”, intentan limpiar un poco su imagen histórica.

Seria mucho más ético y presentable asumir consecuentemente sus comportamientos pasados o, mejor aún, reconocer lo impropio de las prácticas terroristas, sea cual sea la circunstancia, el momento histórico o el objetivo de la acción, aunque todos reconozcamos que seis décadas atrás esos métodos violentos eran aceptados como algo natural y admisible.

La historia del sistema comunista, la manera más inhumana de organizar la convivencia entre los seres humanos, nos enseña que cuando se trata de satisfacer aún los más mezquinas ambiciones de poder, el fin siempre justifica los medios.
elical2004@yahoo.es

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