viernes, 12 de marzo de 2010

VÍCTIMAS DEL ALCOHOLISMO


Lawton, La Habana,(PD) Cuando en la década del 60 el gobierno de Fidel Castro prohibió la venta de bebidas alcohólicas, los cubanos no comprendimos la razón para la aplicación de esta ley, bautizada por el pueblo como “Ley Seca”. Es cierto que existían alcohólicos en Cuba, pero este vicio no estaba generalizado como hoy en día, por lo que no constituía una preocupación social. Cuba se conocía como la isla de la alegría, la música, las mulatas bellas y el ron, pero de ahí a ser un pueblo de borrachos, es mucha la distancia.

Hoy no hay que caminar mucho por las calles de mi ciudad para tropezar con personas de diversas edades, color y sexo, que beben en las puertas de las casas y solares, parques y en otros lugares públicos. Para tratar de entender el origen de este fenómeno, me dediqué a preguntarles a algunos conocidos. La mayoría me confesó hacerlo para soportar la frustración que les produce vivir en una sociedad fracasada, sin perspectivas de bienestar para el futuro, con un gobierno que siempre pide sacrificios para lograr un bienestar que no llega jamás. Otros, sencillamente dicen que “no hay mas nada”.

En la actualidad, el alcoholismo es un grave problema de la sociedad cubana. Es innegable que los cubanos estamos en dificultades: la falta de libertades, la escasez de viviendas, alimentos y transporte, la falta de posibilidades económicas, son problemas que nos afectan. Aunque el gobierno trata de ocultarlo con su propaganda ilusoria de pueblo dichoso y feliz, la realidad es evidente.

Conozco en mi barrio a Ernesto, un joven de 28 años, alcohólico. Converso con él y me dice: “Empecé a beber para animarme y sobrellevar esta porquería.” Lo he visto sobrio. Es jovial, conversador y trabajador. Borracho, se transforma. Es agresivo, buscapleitos. Ha estado al borde de la muerte en dos ocasiones por esta causa. Es un hombre frustrado sin confianza en el futuro.

El alcoholismo es una enfermedad incurable. En Cuba, es una epidemia. Uno de los principales grupos de riesgo son los jóvenes. No son suficientes ni efectivas las medidas de las autoridades sanitarias para erradicarla, o por lo menos controlarla.

No son pocas las familias cubanas que se ven afectadas por tener que convivir con alcohólicos. Alberto, por ejemplo, es diseñador, vive con su esposa y sus dos hijos, y, aunque no es violento, se vuelve pedante, irresponsable. Por el consumo de alcohol, afecta la economía y estabilidad de su hogar. Son frecuentes las discusiones y hasta separaciones con su pareja.

Guillermo es un joven ingeniero, a quien el dinero no le alcanza para ir a un club nocturno o a una discoteca. Por eso compra una botella o una caneca, y se va a beber al Malecón. Esa es una opción empleada frecuentemente por muchos jóvenes en la actualidad.

El hijo de Pedro, Luis, quien hace varios años logró su propósito de emigrar hacia los Estados Unidos, me dijo una vez con un dejo de tristeza: “Cuando no tenía qué beber, me tomaba la colonia de mi hijo. Toqué fondo y decidí curarme. Fue duro el tratamiento, pero lo logré. Después estuve yendo a Alcohólicos Anónimos, pero al poco tiempo, con los mismos problemas, me deprimí y volví a las andadas.”

Ahora Luis tiene un negocio propio, trabaja mucho, no se deprime. Es feliz con su esposa y dos hijos, y lo mejor: ya no se emborracha.

Muchos jóvenes comienzan a beber porque creen que el alcohol levanta el ánimo y así piensan que evaden la depresión, pero en realidad terminan dependientes de esta droga y se modifica su conducta. Se vuelven depresivos, violentos, fastidiosos, inútiles, pierden amigos, trabajo y hacen infeliz a su familia que tiene que soportarlos.

El gobierno ha emprendido una campaña propagandística contra este mal. Sin embargo, no está en disposición de erradicar las causas que lo producen y que ellos conocen bien. No es desvergüenza. Es falta de libertad política, económica y social.
primaveradigital@gmail.com
Foto: Ana Torricella

No hay comentarios:

Publicar un comentario