
Por Juan Carlos Linares Balmaseda
Luyanó, La Habana,(PD) En el Hospital Psiquiátrico de La Habana (Mazorra) me esperaban los “¿quién eres?”, “¿en qué organismo trabajas?”, “¿por qué quieres ver? Y un cartel: “Se prohíbe entrar con cámara, grabadora y teléfono celular”.
Al entrar se aprecian edificaciones a medias, paralizadas hace años. Actualmente la cifra de pacientes de Mazorra ronda los 1500. Me confiaron que su alimentación mejoró después de las 34 muertes (no 26, como se dijo oficialmente) por hipotermia y desnutrición. El empleado del centro que me dio esa información me confesó: “Ese día los cadáveres amanecieron en el piso de la morgue porque no cabían en la nevera; para climatizarlos, hubo que acomodarlos unos sobre otros en las parrillas.”
No vi a los enfermos pedir cigarros o dinero, ni deambular por las afueras del hospital como ocurría antes de los fallecimientos en masa. Al parecer, ahora la dirección del centro les restringe sus actos y movimientos. Además, les proporcionan la asignación diaria de cigarros y tabaco, de la que buena parte antes se “marchaba” con los responsables de cuidar a los hospitalizados. El hombre que conversó conmigo me comentó: “Aquí todos los empleados se beneficiaban con algo”.
La terapia ocupacional decreció considerablemente en comparación con las décadas de los 80 y 90. A partir del Período Especial comenzó a ir en caída la bonanza de Mazorra. En esos primeros años del llamado periodo especial los cadáveres tenían que rellenarse muchas veces con hierba, a falta de guata o aserrín. La escasez de alimentos y otros suministros embistió al Hospital Psiquiátrico. ¿Quien sabe cuantos pacientes murieron entonces bajo las mismas circunstancias de hambre y frío?
El Dr. Eduardo Bernabé Ordaz fue director de la institución desde 1959 hasta unos años antes de morir, el 21 de mayo de 2006. Uno de los hijos de Ordaz tomó la dirección de la Institución. Se rumoró que fue sustituido por negligencia y corrupción. Pero más de una opinión contradice esta versión. Se alega que renunció al cargo porque no quería tamaña responsabilidad.
La institución tiene una página Web, aunque no está actualizada. En ella aun aparece el nombre del antiguo director, Dr. Wilfredo Castillo Donate. Se murmura que está en proceso de instrucción policial por el citado caso de las muertes de pacientes. El actual director es el Dr. Darsi Torres Ávila.
Mucha historia se acumula en estos terrenos antaño conocidos como Potreros del Ferro, propiedad de Don José Mazorra, a quien se le pagó 10 576 pesos por la extensión de 11.99 caballerías. En 1854, por mandato del Capitán General Don José Gutiérrez de la Concha, se fundó la “Casa de Beneficencia” (asilo) para los Emancipados (esclavos libertos) y otras “gentes de color”, que por su edad y achaques no podían ganarse el sustento. En 1857 pasó a llamarse Casa General de Dementes de la Isla de Cuba.
La edificación que hoy existe data de la época republicana, aunque se realizaron ampliaciones en fecha posterior a 1959.
Eran más de las cuatro de la tarde cuando al pasar por la dirección de la institución solicité entrevistarme con el actual director. Dicho funcionario, en tono autoritario, me espetó como respuesta: “¡No puedo darte ninguna información! ¡Sal antes que yo resuelva esto de otra manera!”.
A la salida, en la Posta 2, me interceptó un custodio. Le habían ordenado retenerme. Poco después llegaron tres agentes de la policía política. El interrogatorio duró más de una hora. Me imputaban el delito de “usurpación de funciones”, con pena de hasta cinco años de prisión.
Yo solo quería saber si se habían solucionado las causas que provocaron los fallecimientos en masa. Finalmente, al despedirnos, algo quedó claro entre los agentes y yo: si los gobiernos pre-revolucionarios hubiesen implementado la censura oficial que hoy se practica con tanto celo, aquellas desgarradoras imágenes de Mazorra antes de 1959, tan parecidas a las que presencié ese día, no hubieran tenido lugar.
primaveradigital@gmail.com
Foto tomada de Penúltimos días
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