viernes, 12 de marzo de 2010

VIOLAR EL CÓDIGO PENAL


Por Frank Correa

Jaimanitas, La Habana,(PD) Antonio Medina Castañeda, alias El Rasta, estuvo otra vez al borde del colapso cuando regresó anoche a su casa y encontró a Natalí que lloraba de hambre.

Por la mañana, el jefe de sector de la policía lo había citado a la estación nuevamente, para advertirle que si no se ponía a trabajar para el estado le aplicaría el código penal.

El rasta siempre ha ejercido el oficio de zapatero en su casa, pero ahora le dieron un ultimátum de prohibición. Vive solo, con su hija Natalí, pero ya no puede arreglar zapatos y mantenerla.

Salió de la estación de policía como un loco, a limpiar un patio o botarle la basura a algún rico del barrio Siboney que le diera unos pesos para comprarle comida a su pequeña, pero nadie le dio una oportunidad.

Llegó al anochecer, desolado, encontró a su hija apretándose el estómago y comenzó a llorar también, la abrazó fuertemente, le pidió perdón. Luego se dispuso a salir a la calle, asaltar a cualquiera y quitarle dinero para comprar comida. Cuenta que algo extraño lo obligó a agarrarse a los marcos de la puerta. El rasta bueno que lleva dentro pudo doblegar al malo.

Se desplomó, le dijo a su hija que lo único que podía salvarlo era que apareciera alguien a arreglar un par de zapatos. Levantó los brazos al techo, clamó a las tablas podridas y a las tejas repletas de agujeros, como si en aquellas oscuras denotaciones habitara el Dios de los Rastafaris, y en eso tocaron a la puerta. Se asomó una mujer descalza, con un par de sandalias rotas en la mano. Dice El Rasta que no dudó un instante en violar el código penal.
beilycorrea@yahoo.es
Foto: Frank Correa

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