viernes, 23 de abril de 2010

LEALTADES DE HUMO


Por Jorge Olivera Castillo

Habana Vieja, La Habana, 22 de abril de 2010, (PD) La coreografía tendrá el mismo perfil grandilocuente. Otra vez miles de cubanos cederán su voluntad ante las compulsiones de los mecanismos de poder.

Ya se alistan los preparativos para la gran marcha del primero de mayo. Es el momento de mostrar la “vitalidad” de una revolución que busca, con afán, detener las manecillas del reloj biológico.

Ante la avalancha de críticas internacionales debido al pésimo record de violaciones a los derechos humanos, se ultiman detalles para dar una lección de unanimidad en torno a los postulados de un gobierno que combina el uso del garrote fronteras adentro con la prodigalidad de gestos filantrópicos hacia poblaciones ubicadas en diversos países del Tercer Mundo.

No faltarán partidarios en el exterior que presten su voz y sus aplausos para legitimar una imagen hecha a golpe de utilería, maquillajes y otros acicalamientos propios del teatro o el circo.

Esas multitudes que enarbolarán pancartas con frases de incondicionalidad al partido único y que hincharán sus pulmones con tal de alcanzar el máximo nivel en las consignas favorables a los principales exponentes de la nomenclatura, son las víctimas de esos miedos que las tiranías colocan en las mentes de sus súbditos, sin bozales y con la orden de morder o simplemente rugir, según las circunstancias.

La espontaneidad no tiene cabida en los predios de un socialismo que basa su existencia en la sumisión a ultranza.

Sin intención de dar rienda suelta a interpretaciones superficiales, es totalmente comprobable que la vida en Cuba tiene mucho que ver con las actividades cotidianas dentro de una guarnición militar.

Negarse a asistir a esas convocatorias es una decisión que acarrea un sinnúmero de consecuencias. Perder el empleo, el traslado a un puesto de trabajo de menor remuneración y la confección de informes negativos de las respectivas organizaciones de masas que funcionan en cada cuadra, donde se reflejen las debilidades ideológicas, constituyen un breve acercamiento a lo que enfrentarían las personas determinadas a ausentarse de los actos organizados por cualquier institución del estado.

A lo largo del proceso político aún vigente en Cuba, miles de ciudadanos han naufragado en un mar de vicisitudes, que van de las penurias a la desestabilización psicológica, tras su negativa a participar en uno de estos eventos programados.

Lo mismo da no haber estado presente en un ejercicio de reafirmación revolucionaria, resistirse a participar en un acto de repudio, el abandono de una guardia en los Comités de Defensa de la Revolución o la ausencia a los entrenamientos de las Milicias de Tropas Territoriales.
El castigo para quienes no se ajusten a las disposiciones, tanto las escritas como las que cobran visos de legalidad en la voz de cualquier dirigente partidista, tienen el sello de garantía.

Lo que va a ocurrir el Día de los Trabajadores en Cuba, es un montaje para tratar de revertir la ola de repulsa mundial en respuesta al sistemático desconocimiento de los derechos económicos, políticos, culturales y civiles de los ciudadanos cubanos de parte de una élite aferrada al poder.

Poder movilizar a un millón de personas para que desfilen sonrientes ante las cámaras, no debería ser un elemento definitorio a la hora de medir el apoyo popular a cualquier clase política que se encuentre en el gobierno. Hitler, Stalin y Saddam Hussein, lo hicieron con indudable maestría. Más tarde, la historia ofreció pruebas irrefutables de la farsa.

No hace falta erudición alguna para afirmar que en estas cuestiones, el totalitarismo que rige en Cuba no es la excepción. Vivir para ver.

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