viernes, 23 de abril de 2010

LOS COMPLICES DEL CRIMEN


Por Leonardo Calvo Cárdenas

Boyeros, La Habana, 22 de abril de 2010, (PD) Durante los días 9 y 10 de abril se celebró en Buenos Aires la reunión anual del Comité de la Internacional Socialista (IS) para Latinoamérica y el Caribe en el cual una vez más la izquierda democrática del hemisferio perdió la oportunidad de tomar posición y protagonismo con relación al debate y los destinos políticos de Cuba.

La reunión, celebrada con la participación de representantes de partidos socialistas y socialdemócratas del continente, pasó revista a varios de los más acuciantes problemas del mundo actual y los retos que plantea la actual coyuntura económica global a la luz de los principios y criterios de la izquierda democrática.

Hubo pronunciamientos de respaldo a Argentina en su reflotado diferendo territorial con el Reino Unido y a Puerto Rico en su derecho a la autodeterminación, derecho que por cierto cuenta en la llamada Isla del Encanto con casi nulo respaldo popular. Se expresó la preocupación por la complicada situación política en Venezuela, matizada por las crecientes coartaciones a las libertades fundamentales y el aumento del número de exiliados políticos en la nación suramericana.

Como tantas otras veces, los socialdemócratas del continente, comprometidos con las libertades, la democracia y el pluralismo, guardaron silencio sobre la realidad política de Cuba, el país que sufre los rigores de la única dinastía autocrática totalitaria que ha conocido el hemisferio.

Resulta llamativo e inquietante el hecho de que ni siquiera la intensa campaña internacional y los enconados debates que por estos días provocan los últimos crímenes y desmanes cometidos por las autoridades cubanas toquen la sensibilidad ética, política y humana de los delegados provenientes de países que han sufrido casi todos en algún momento los rigores que imponen los gobiernos dictatoriales.

Han transcurrido casi ocho años desde que una reunión similar celebrada en Caracas (19 y 20 de julio de 2002) zanjó una de las pocas discusiones sobre el tema cubano acaecidas en ese marco con la decisión de celebrar una futura reunión del Comité Latinoamericano en La Habana. En aquella ocasión, el secretario general de la Internacional Socialista, Luís Ayala, ante un requerimiento del representante de la izquierda democrática cubana, aseguró que la supuesta reunión de La Habana sería el momento preciso para incorporar definitivamente a la Corriente Socialista Democrática Cubana a la membresía de la Internacional.

El aumento de la intolerancia represiva del gobierno cubano y la tradicional desidia que caracteriza a la Internacional Socialista con relación al caso cubano se unieron para que el acuerdo de Caracas se convirtiera en letra muerta. Desde aquel momento, la realidad sociopolítica de la Isla se ha complicado al punto que varios tradicionales amigos de la revolución han roto lanzas a favor de la defensa de los derechos conculcados por las autoridades de La Habana. Sin embargo, la izquierda democrática organizada del continente parece no ver ni escuchar ni la gravedad de la realidad cubana ni los peligros que comporta esta para un futuro inmediato.

El pretexto de la hostilidad norteamericana, la extraña y obnubilante fascinación que con demasiada frecuencia sienten los demócratas de izquierda por el absolutismo totalitario o el peso de los compromisos inconfesables y deudas de gratitud que muchos de estos líderes o partidos han contraído a lo largo de su historia con el alto liderazgo de La Habana me parecen todavía poca explicación para entender como pueden cerrar los ojos con tal parsimonia y unanimidad ante una manera tan inescrupulosa de desconocer los valores y principios que se supone compartimos.

Tal vez la actitud de los socialdemócratas del continente le señale al presidente venezolano Hugo Chávez el camino seguro para eliminar los cuestionamientos y críticas que todavía enfrenta en el marco de esta familia ideológica. Si Chávez lograra concretar completamente su cada vez más evidente vocación de control totalitario y convirtiera a Venezuela en un paraíso de miedo, mentira, pobreza generalizada, nepotismo, corrupción y desesperanza, seguro compartiría con sus mentores de la Habana el apreciable premio del silencio cómplice de la izquierda democrática americana.

Ante el alcance de los desmanes del régimen cubano, divorciado de todos los valores y de toda la realidad, ante la toma de conciencia de la humanidad sobre lo terrible que puede ser el ocaso del castrismo, tan decadente como criminal, los socialdemócratas del continente se quedan solos en su respaldo, que aunque tácito, no deja de ser reprobable.

Ojala estén conscientes de la dimensión y trascendencia de su error, porque a ellos tampoco la historia los absolverá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario