viernes, 7 de mayo de 2010

DEL INDIANISMO AL POLLO TRANSGÉNICO


Por Lucas Garve

Mantilla, La Habana, 6 de mayo de 2010 (Fundación por la Libertad de Expresión-PD) La llamada Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climático, celebrada en tierra boliviana en respuesta a la Cumbre de Copenhague entre el 19 y el 22 de abril gracias al auspicio del gobernante Evo Morales, quedará como un hito sin igual en el largo y viejo camino de las ridiculeces latinoamericanas.

La comparsa del populismo de izquierda sudamericano repite la cuestión del cambio climático y el cuidado del medio ambiente con toque de atabales y estridencias de cornetines, pero a ritmo de indianismo. La retórica al uso resalta la identidad incaica con el medio ambiente al sobrevalorar el mito de la Madre Tierra y otras especies propias de la misma receta ideo política usada ahora mismo entre los cocineros del socialismo del siglo XXI.

Lo mejor y lo peor casi siempre vienen unidos, pero en esta ocasión fue el mismo Evo Morales quien en su recurso (medio de cualquier clase que, en caso de necesidad, sirve para conseguir lo que se pretende, ver DRAE) en contra del repudiado capitalismo, echó mano de lo más disparatado de la feria recién concluida para atizarle, una vez más, las culpas al capitalismo mediante la vinculación del pollo transgénico con la calvicie y la homosexualidad.
Suele suceder que muchos líderes políticos sin tiempo para consultar fuentes rigurosas en datos, espetan lo primero que se les ocurre para justificar sus pretensiones. Evidentemente, de eso, los cubanos tenemos bastante experiencia. Por tanto, solamente pude reírme de tamaña falta de seriedad.

Varias personas me comentaron acerca de las palabras de E. Morales, y hubo quien atinó a confesarme que eran hasta “a-Morales” por el ahínco en ofender la inteligencia humana en su desafuero anti - capitalista. Por mi parte me pregunté cuán molesto se hubiera sentido el culto Federico Engels de escuchar tanta curiosa extravagancia.

El indianismo es ahora reciclado con ese afán de mezclarlo todo para teñir el “comunismo tradicional” con nuevos ropajes a la moda y acompañarlo con el sonido de fanfarrias folclóricas. Esta fue una tendencia o corriente mezclada con seudo-marxismo y surgida en la primera mitad del siglo XX, que tuvo justamente su origen en la zona del Altiplano, donde aún queda una fuerte presencia indígena.

Pero es evidente la falta de lógica que hace contraproducente e ininteligible el mensaje que E. Morales lanza cada vez que se atreve a discursar sobre un tema profundo. Puede ser que el recién comercializado refresco Coca Colla, un producto de la inventiva boliviana a partir de la hoja de coca, se le haya subido a la cabeza y el desvarío causado por la ingestión de tanta esencia de coca lo haya empujado a pronunciar desatinos tales.

Si algún efecto sus palabras pudieran tener en la opinión pública internacional, lo risible de sus declaraciones restaron sin duda validez a sus argumentos. La seudo-ciencia de Morales únicamente se puede tomar como una astracanada de evidente mal gusto. El inventario latinoamericano de los disparates de dictadores incultos ya tiene ahora otra nota destacada en sus páginas más recientes.

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