viernes, 7 de mayo de 2010

DEL DESFILE, ¡A TRABAJAR!


Por Gladys Linares

El primero de mayo siempre fue un día feriado y de conmemoración, que los sindicatos aprovechaban para desfilar con pancartas pidiendo reivindicaciones laborales y sociales.

En Cuba, hace muchos años, el día internacional del trabajo se celebra de forma diferente. A partir de 1959, los obreros dejaron de ser protagonistas de este día.

Tampoco han sido representados por su sindicato. Una muestra de esto la dio Lázaro Peña, cuando en los primeros meses de 1960 la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) anunció la renuncia al derecho de huelga. Cada año los trabajadores se ven forzados a concentrarse en la Plaza de la Revolución para escuchar los acalorados discursos antiimperialistas de los dirigentes del gobierno, siempre culpando a otros de su ineficiencia. Las pocas veces que algún dirigente de la CTC habla a los trabajadores, utiliza este mismo lenguaje, con lo que queda demostrada su adhesión al régimen.

Hoy, en lugar de demandas, las pancartas reflejan consignas que responden a los intereses del gobierno. Los trabajadores son presionados para asistir. En esta ocasión la consigna era “Contra la injerencia yanqui y la Unión Europea, todos al desfile del primero de mayo!”.

Enrique era dirigente sindical textil. “Siempre aprovechábamos el primero de mayo para desfilar – me contaba –. Invitábamos a algunos asociados del sindicato. Llevábamos pancartas con demandas laborales. De aquí surgía la lista de demandas que la CTC negociaba con el gobierno, y hasta con el Presidente de la República.”

Cuando los oradores la emprendan contra los yanquis, acusándolos de explotadores, no serán pocos los ex empleados de la Compañía de Electricidad, de Teléfonos, de la Panamerican, y de centros comerciales como Sears y el Ten Cents, que recuerden los buenos salarios que recibían, además del pago de todas las leyes sociales. Y vendrá a mi memoria una familia cienfueguera de apellido Mesa, cuyos miembros trabajaban en la compañía de electricidad. Tenían buenas casas, y no hacía falta sentarse a su mesa para saber que se alimentaban bien.

El día internacional de los trabajadores siempre fue un día de descanso. Este año, sin embargo, les orientaron a los trabajadores incorporarse a sus centros de trabajo después del desfile. ¿Se convertirá este en otro de los derechos perdidos de los trabajadores?

Conversando con un antiguo chofer de ómnibus del paradero de Lawton, este me comentó: “En esta fecha desfilábamos frente al palacio presidencial. Con pancartas anunciábamos nuestras demandas. Cuando los patrones no nos escuchaban, apelábamos al paso de jicotea, que era el retraso del recorrido de la guagua. Y, no creas, resolvíamos.” Y continúa: “Por algo estábamos entre los primeros países de América Latina en nivel de vida, el peso cubano se cotizaba a la par del dólar. Yo trabajaba 35 horas semanales y me pagaban 48. Si hacía horas extra, las pagaban doble. Cuando intervinieron, empezaron a pagar doscientos pesos mensuales. Se acabó el aguinaldo, y las horas extra se convirtieron en trabajo voluntario.”

Me contaba un dependiente de un taller de joyería, que ganaba treinta pesos semanales, el aguinaldo de fin de año, el 9,09, que eran las vacaciones, y si las trabajaba, las cobraba doble. Todo eso se acabó poco después de 1959.
Este año, en los centros de trabajo se realizaron matutinos especiales el día 30. Según la prensa, para que los colectivos concreten su compromiso de participación en el desfile. Presionan a trabajadores y estudiantes para tratar de mostrarle al mundo un respaldo que no tienen. ¡Ah!, y dicen que el apoyo es voluntario, claro, después de firmar el acta de compromiso. Y para garantizar la asistencia, a desfilar en bloque.

Le pregunté a un vecino si iba a desfilar, y me respondió: “Hace tiempo me preguntaron lo mismo en el trabajo, y les dije que yo iba allí a trabajar, que no me cogieran para hacer política.”

Este primero de mayo, lo celebramos con uno de los últimos lugares de desarrollo económico de nuestra historia y de la región. Los bajos salarios que obligan a los trabajadores a robar para sobrevivir, la escasez de alimentos, los llamados excedentes, que no son más que desempleados, crecen. El bienestar solo lo disfrutan los miembros del MININT y de las Fuerzas Armadas, que reciben beneficios palpables a la vista de todo el pueblo.

Y el barrio, como es frecuente, amaneció sin agua.

Foto: Marcelo López

No hay comentarios:

Publicar un comentario