viernes, 18 de junio de 2010

EL ROBO: DE LA NECESIDAD A LA COSTUMBRE

Publicado para hoy 19 de junio


Por Jorge Olivera Castillo

Habana Vieja, La Habana, (PD) Definitivamente no hay como detener los atracos en la capital cubana. Los bandidos desvalijan a las víctimas con una sonrisa. La compasión es un parámetro desconocido entre miles de coterráneos, hombres y mujeres, que no lo piensan dos veces para llevar a cabo sus fechorías.

Nada de pistolas ni armas blancas en cada acto cometido en cualquiera de los municipios capitalinos. Basta una balanza desajustada para llegar al éxito en la comisión de los delitos.

“He optado por no reclamar mis derechos. Estoy consciente que me roban en el pesaje, pero tendría que armar un “rollo” en cada compra. A fin de cuentas siempre se salen con las suyas. Es una componenda entre todos los vendedores bajo el amparo del administrador”. Así se expresa una consumidora en las afueras de un mercado agropecuario situado en el municipio Habana Vieja.

Este proceder, con muy pocas excepciones, es el denominador común en cualquier centro comercial del país.

Es casi unánime el pesimismo respecto al alcance de algún tipo de solución. Incluso en amplios sectores sociales se aceptan las reglas impuestas a instancias del descontrol, la indisciplina, la corrupción y el soborno que imperan en la sociedad cubana actual.

Salvo periódicas protestas ante el ejercicio de una maniobra fraudulenta, lo normal es la compra sin verificar el peso del producto adquirido en las básculas de comprobación.

“Esas pesas están alteradas. Esto es un complot generalizado. ¿Para qué voy a perder mi tiempo en discutir si en definitiva se cubren las espaldas unos a otros? Estamos en la etapa de sálvese quien pueda. La honradez era verde y se la comieron los chivos”. Los puntos de vista de Samuel, un vecino en edad de jubilación que sobrevive gracias a las remesas familiares, reflejan una realidad que marca la pérdida de valores a partir de las inadecuadas políticas económicas y sociales emprendidas por el régimen de partido único. “Cuando en Cuba había capitalismo no se veían estas cosas. Es indiscutible que en muchísimos aspectos hemos retrocedido”, agrega antes de terminar su breve exposición crítica.

Los centros comerciales que ejecutan sus labores en moneda libremente convertible, no escapan al fenómeno. De acuerdo al inusitado crecimiento de tales prácticas durante los 50 años de gobierno comunista, es válido significar que el robo ha sido hasta cierto punto tolerado como atenuante a la nocividad de las prohibiciones, el racionamiento, los bajos salarios y toda una catilinaria de errores e inconsecuencias, aún lejos de desaparecer con la reforma de un sistema, a la espera de la voluntad de la gerontocracia en el poder, dominada por la ambigüedad y el hermetismo.

Hasta tanto no se emprenda el camino de las transformaciones estructurales será imposible erradicar esos bolsones sociales donde reina la anarquía.

El intercambio de robos entre cubanos es un efecto antecedido por causas muy bien delineadas. La crónica escasez de alimentos y otros productos de primera necesidad, en combinación con la burocracia, seguirán abonando el terreno para la proliferación de conductas que empiezan por razones de supervivencia y terminan en acciones, con todas las características para juzgarlas como actos de rapiña.
Paradójicamente, una disminución sustancial del robo en Cuba, sin dar pasos hacia una apertura económica, podría provocar graves eventos de inestabilidad política y social.

Con la misma fuerza que aún se enarbola el criterio de que la revolución socialista acabó con el analfabetismo, hay que admitir que desvalorizó el trabajo honesto y dio paso al robo como medio de subsistencia y de enriquecimiento ilícito.

Caricatura: Ilei Urrutia
gaulo51@yahoo.com

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