
Por Osmar Laffita Rojas
Capdevila, La Habana,(PD) La sociedad cubana es sumamente compleja. Resulta difícil buscar patrones externos para establecer ciertas comparaciones o igualar determinadas posturas de grupos políticos o sectores dentro del gobierno con los de otros países.
Aunque el gobierno insista en decir lo contrario, su naturaleza política, económica y social, es antidemocrática, verticalista y esencialmente dictatorial. La oposición no goza de ningún derecho, sus actividades son punibles. En Cuba reina el discurso único, resultado de una ideología omnipresente y totalizadora, que no da cabida a otras opiniones que no sean las que se ordenan desde el bunker.
La sociedad civil en Cuba es pura ficción. La que el gobierno autoriza como tal, funge de polea transmisora de los guiones que los ancianos gobernantes entregan a sus adocenados funcionarios para que se encarguen de aplicarlos de manera vergonzosa.
La disidencia, que en el puro sentido del término, es algo inexistente. En los casos de figuras como el trovador Pablo Milanés, el escritor Víctor Fowler, el actor Jorge Perrogurría, o representantes de la Iglesia Católica como el Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, sus cuestionamientos a determinadas imperfecciones del régimen cubano, no se deben entender como posturas disidentes, porque ellos no se consideran como tal. Mucho menos pueden catalogarse como opositores, porque han dejado bien claro que sus críticas en ningún momento se asocian a tendencias que buscan la ruptura.
No hace mucho, cuando el movimiento bloguero hacia el interior de Cuba se fortalecía, como resultado de la extensión y arraigo del periodismo ciudadano y la irrupción de las redes sociales, que cada día cobran mayor presencia en el espectro informativo digital a través de Internet, algunos se atrevieron en afirmar que tales movidas eran la respuesta a una oposición “obsoleta y calcificada”.
Figuras destacadas de la blogosfera, para tomar distancia de esa oposición arcaica y enferma, se catalogan como ciudadanos independientes, una expresión que se aviene a las sociedades democráticas, que no es el caso de la sociedad cubana.
Algunos blogueros y periodistas ciudadanos se clasifican como disgustados, inconformes, pero no opositores. Enfatizan que Cuba está enferma y la oposición no tiene por qué ser la rama sana, sino todo lo contrario. Explican que hay serios daños antropológicos que afectan a toda la sociedad, razón por la cual no puede haber una oposición sana, porque necesariamente sus integrantes, para ejercer su peligrosa labor, tienen que hacer cosas prohibidas por la ley.
Si bien es cierto que la oposición confronta problemas, no necesariamente hay que compartir determinadas opiniones, que no son beneficiosas en estos momentos para los luchadores prodemocráticos. Hay que reconocer que se ha producido una especie de injustificada parálisis en las acciones concertadas de la oposición histórica ante acontecimientos que han marcado un antes y un después para el régimen cubano, tales como la muerte de Orlando Zapata Tamayo y la condena mundial por la bárbara e injustificada represión contra las Damas de Blanco.
Conocedor de estas realidades y ante las complejidades del nuevo escenario cubano, que de blanco y negro no tiene nada, los estrategas del bunker se decidieron por un interlocutor: el que menos costo político le represente.
Por ello, dejaron a un lado a la oposición interna, el exilio, la Unión Europea y España y apuestan sorpresivamente por la Iglesia Católica. Si bien perduran los conflictos soterrados por más de 50 años, la Iglesia es en estos momentos la institución con mayor credibilidad y representatividad, y en la que importantes sectores dentro y fuera de Cuba confían.
De esta manera, la Iglesia busca civilizadamente, en un ambiente de respeto, sin ser aliada ni enemiga del gobierno, las soluciones a una suma de problemas. Como es natural, empezaron por el grave asunto de los presos políticos.
Ante este inesperado acontecimiento, las reacciones han sido diversas. Tirios y troyanos, felizmente no han hecho juicios precipitados, han optado por esperar, para ver los resultados.
Lo inédito de todo esto es que por primera vez, no hay que esperar el arribo de un Presidente, Papa, Cardenal o Canciller, que se lleve como trofeo de su visita a determinados presos políticos.
Es la mejor señal para que se entienda de una vez por todas, que es en Cuba y entre cubanos que se resolverán los graves problemas en que está sumida la nación. Enhorabuena a los implicados y comprometidos en este gran empeño. Que Dios y su hijo Jesucristo los guíe por el camino que espera tan ansiosamente el pueblo cubano. ¡Aleluya!
No hay comentarios:
Publicar un comentario