jueves, 5 de agosto de 2010

CARTA DE NAVIDAD PARA HUGO CHÁVEZ ... DE UNA COLOMBIANA

Publicado para hoy 6 de agosto


Sé con toda seguridad, que el 95% de la población de COLOMBIA,
firmaría gustosamente esta carta, .... yo la firmo.
Presidente Chávez… pensé mucho antes de empezar esta carta y no llegué
a ninguna conclusión que me hiciera cambiar la idea de hacérsela
llegar para Navidad. Me senté frente al computador pensando también en
escribirle a su amiga Piedad, pero ahora creo que no vale la pena…
ella es solamente un peón en el complicado juego de ajedrez que usted
pretende ganar. (O una PEONA, para usar el lenguaje “incluyente” que
tanto les gusta a ustedes).

Desde siempre he visto en usted a un enemigo… desde siempre. Cuando
usted estaba en campaña política me parecía improbable que pudiera
ganar. Una persona con ese talante y a quien se le notaron las
mentiras desde un principio, no podía ganar. Pero ganó y “triunfó la
democracia”. “Que venezolanos tan pendejos”, pensé. Y el tiempo me ha
dado la razón. Resultaron siendo víctimas de su propio invento. Y hoy
lo lamento por ellos. Lo único bueno de esa desgracia ha sido que
colombianos y venezolanos nos hemos acercado solidariamente.

Que usted quiera joder a los venezolanos finalmente no es algo en lo
que nosotros los colombianos debamos inmiscuirnos… fueron ellos
finalmente quienes lo eligieron (la primera vez, de la segunda tengo
dudas), pero que su ambición llegue hasta Colombia y pretenda hacernos
comer la basura con que está alimentando a su pueblo, eso si que no.
Ni en sueños, pues.

Otro cuento distinto son los gobiernos cómplices, dizque de izquierda,
que embolatan a su pueblo con una retórica libertaria gaseosa e
incomprensible, a cambio de su generosidad con la chequera de los
venezolanos. Otro cuento distinto es Evo que resultó ser el más
malicioso, taimado y perverso representante indígena de Bolivia, un
pobre títere orgulloso de su jefe rico, un especímen sin dignidad ni
honor. Otro cuento es Cristina y su marido que encaramados en un
status diferente al de su vecino boliviano defienden una supuesta
revolución que tenía a Argentina encaminada a un futuro parecido al de
Venezuela, a cambio de mucha plata para comprar conciencias, vestidos
y maquillaje. Otro cuento es Ortega, que no sabe en donde está parado,
un cerdo de baja condición que, deslumbrado por su plata, es capaz de
cualquier barbarie, de cualquier atropello. Otro cuento es Correa, que
a pesar de toda la diplomacia de reconciliación con Colombia, todavía
está en deuda con usted (y con sus compinches de las FARC). Y otro
cuento es Zelaya, a quien le salió el tiro por la culata porque creyó
que los hondureños eran ignorantes. Una pequeña gran batalla que han
resistido hasta las nuevas elecciones. Fuera de concurso, Castro… para
ese monstruo ya no existen calificativos. Y de Lula ni hablemos, el
perfecto lobo con piel de oveja que lo ahija y alcahuetea
soterradamente.

Veía hace diez años sus alocuciones televisadas cuando iba con cierta
frecuencia a Caracas, cuando aquí no era popular su “Aló Presidente” y
cuando muy pocos se olían sus verdaderas intenciones, y desde entonces
notaba displicencia en sus palabras para Colombia. Aquí empezamos a
pellizcarnos cuando usted armó semejante tierrero por la captura de
Rodrigo Granda en Venezuela. Su actitud cómplice y mezquina, siempre
en defensa de los más hampones, encendió las luces de alerta.

Pero Colombia, Presidente Chávez, le ha resultado un hueso muy duro de
roer. Colombia es la protagonista de sus pesadillas. Y aunque quiera
propagar su ideología sin fundamento, lo veo mal de cancilleres. Sus
amigos cómplices colombianos están muy mal marcados. Difícilmente
Samper convence a nadie, con gran dificultad Las FARC van conseguir
simpatías masivas en su favor y es imposible que Piedad llegue a la
presidencia algún día.

Aquí, Hugo Rafael, no se cierran medios de comunicación aunque trapeen
con el Presidente. Aquí no se le roban las empresas a nadie, aquí no
existen gaminas como Lina Ron representando al gobierno e inventándose
turbas criminales, aquí no se hace cola para comprar una libra de
arroz, aquí no tenemos que bañarnos a totumadas y en 3 minutos, aquí
no tenemos racionamientos de energía. Y eso que por mucho tiempo hemos
sido su vecino pobre. Usted habría podido ser la Dubai latinoamericana
y haberse ganado una popularidad inimaginable, pero decidió regalar
todo a cambio de respeto y apoyo, pasando por encima de las
necesidades de su gente.

Fui de las personas que brincaron de alegría con el golpe que lo sacó
del poder… y me tuve que tragar el sapo, usted volvió en menos de lo
que cualquiera hubiera esperado. Y hasta hoy llevamos años mamándonos
todas sus sandeces, groserías, amenazas, improperios, injerencias
indebidas, complicidades criminales, burlas y desaires…

Empecé esta carta con la firme intención de no caer en el insulto
soez, (aunque es lo único que usted inspira) y créame que he hecho
acopio de toda mi voluntad para no referirme a su madre. Yo hago
ingentes esfuerzos para no caer en la chabacanería y en la ordinariez
que lo caracterizan a usted. Siempre he dicho que uno no puede ser
igual a lo que critica, pero debe disculparme, porque usted me causa
una repulsión infinita. No crea que es agradable prender el televisor
y verlo a usted, abrir mi facebook y verlo a usted, ojear las revistas
en el supermercado y verlo a usted, abrir la primera página de
cualquier periódico y verlo a usted y oir hablar todos los días de
usted, como si fuera el rey del universo. Qué mamera.

La verdad es que estoy haciendo catarsis. Ese amor que usted dice
sentir por el pueblo colombiano está muy mal correspondido. Los
colombianos lo detestamos, salvo una minoría que lo defiende sin
argumentos por que se oponen a Uribe. ¡Desagradecidos! Si no fuera por
Uribe, usted ya se nos hubiera metido al rancho con la eficaz ayuda de
sus amigos de las FARC y sus escuderos Córdoba, Samper, Dussán y toda
esa recua zurda que posa de demócrata y no son más que el brazo
político de la guerrilla sanguinaria de este país.

Es evidente su odio por el gobierno colombiano. Cuando a uno le
eliminan a sus amigos y le descubren los secretos, la mejor manera de
defenderse es atacando.

Usted es el presidente de un país muy rico (bueno, ahora no se qué
tanto) pero los colombianos no le comemos cuento de revolución. La
verdadera revolución la hacemos día a día quienes trabajamos
honestamente para vivir, los que nos la rebuscamos y con ingenio,
salimos adelante, los que crean empresa para estimular el empleo, los
que luchamos por saber, conocer y aprender para ser mejores personas,
para sobresalir, pero usted, pobre imbécil sin educación, no es más
que un ignorante al que se le apareció la virgen con toneladas de
petrodólares.

Presidente Chávez, yo a usted no le encuentro nada bueno. Usted es un
mentiroso, un esquizofrénico, un tipo de bajísima condición moral, con
escasa educación, con un prontuario delictivo abultado, un cínico, un
cobarde, un monigote que tiene que comprar el respeto, un remedo de
presidente incoherente y malhablado, un maldito guerrillero de mierda.

Y a mi no me vaya a calificar de “pitiyanqui”, hasta que yo no
averigüe qué significa eso exactamente ni se vaya a inventar que
pertenezco a la más rancia “burguesía neogranadina” ni que me paga el
gobierno, ni que tengo intereses políticos personales, por que no soy
más que una ciudadana de a pie, con dos dedos más de frente que la
minoría retrasada que lo aplaude como autista.

Ah… y ahora dizque quiere guerra. Usted parece una histérica loca con
viruela. Subnormal patético y mediocre. Tanta amenaza también nos
tiene mamados. Matón de medio pelo. ¿Qué se ha imaginado? ¿Que somos
sus lacayos a quienes hay que castigar por desobediencia? Atrévase a
atacarnos ¡degenerado! y su propio pueblo le cobrará el someterlo a un
enfrentamiento bélico que nadie quiere. Atrévase, a ver si por fin nos
lo quitamos de encima. Su enfermizo delirio de armas, guerra y sangre
va a dejar huérfano al rebaño impresentable de sus amigos.

Aprovechando la época decembrina que ya viene, le quiero desear una
infeliz navidad y un año nuevo bien podrido. Sueño con que sus
militares lo traicionen, con que efectivos gringos lo saquen en
calzoncillos de Miraflores, con que un valiente francotirador le de un
disparo en esa testa llena de basura que tiene, con que su propio
pueblo se levante por fin y le desinfle el ego, con que un patriota
venezolano lo envenene, con que lo ataque un virus bien berraco y
acabe con usted en una semana.

Cualquiera de las opciones anteriores me harían más feliz que si me
ganara un millón de dólares.

MARITZA CASTRILLON SILVA
Ciudadana Colombiana

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