martes, 3 de agosto de 2010

Desde Madrid

PUBLICADO PARA HOY 4 DE AGOSTO


Grace Piney.


(Martí Noticias, Grace Piney) - La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada el 10 de diciembre de 1948 es, sin dudas, uno de los documentos más importantes de la Historia. Es, además, uno de los documentos que más humanas hace a las personas al reconocerlas como tal y al reconocer, desde el Preámbulo, la dignidad intrínseca del ser humano y la igualdad ante los Derechos y libertades.

La Declaración Universal de los DDHH me habla de la grandeza humana y, a la vez, la veo como una lección de humildad. Representó una parada del curso de la Historia: la puesta a cero del contador de la barbarie que se había vivido hasta entonces y que, de continuar, debía abocarnos a la destrucción, que era el camino que llevaba la Humanidad. Representa la toma de conciencia del hombre sobre la protección del hombre y, en buena medida, de su vulnerabilidad: lo que condiciona la necesidad de su protección.

Más de medio siglo después, a mí, como experta en Cooperación Internacional para el Desarrollo, me llama la atención que, desde su origen, ya la Declaración contuviera las nociones de "desarrollo humano" que han venido a estar evidentes para la Cooperación hace apenas unos pocos años.

Pese a la indivisibilidad de los Derechos, podemos centrarnos en el seguimiento de uno o varios de los Derechos humanos. Así que, desde estas páginas, prestaremos una mayor atención al contenido del artículo 19 de la Declaración:

"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión."

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