
Por Roberto Valdivia
Ciego de Ávila, (PD) El jueves 8 de julio tuve la oportunidad de leer la nota de prensa del Arzobispado de La Habana publicada en el periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, sobre las conversaciones del gobernante cubano Raúl Castro Ruz, el Cardenal Jaime Ortega y Alamino, el ministro de relaciones exteriores y cooperación de España, Miguel Ángel Moratinos, y el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla.
Según la nota, las autoridades informaron que en breve saldrían 20 presos políticos hacia España. Los 47 restantes, integrantes todos del conocido Grupo de los 75, se pondrían en libertad en un periodo de entre tres y cuatro meses y podrán también salir del país.
La información causó gran impacto dentro de la oposición y la población en general, a pesar de ser esperada en ambos sectores debido al impacto de la muerte del preso político Orlando Zapata Tamayo, la huelga de hambre de Guillermo Fariñas Hernández y los enfrentamientos del gobierno contra las Damas de Blanco. Acontecimientos que obligaron al régimen castrista a iniciar un proceso de conversaciones con representantes de la Iglesia Católica, flexibilizar su política de enfrentamiento contra las Damas de Blanco, y la publicación, el sábado 3 de julio, a través de sus medios de divulgación, sobre la situación y consideraciones del estado de salud del licenciado Fariñas Hernández, concluyendo con la anunciada excarcelación de los apresados en la primavera del 2003.
La alegría es desbordante, pero cuidado con caer en el conformismo y la confusión. La liberación de estos presos no significa que en Cuba se respeten los derechos humanos, y mucho menos un cambio en la política del régimen o gestos de buena voluntad por parte del gobierno.
Tampoco se debe olvidar que durante años los presos políticos han sido utilizados por el régimen como mercancía de negociaciones ante periodos de crisis, tensiones diplomáticas o complacer peticiones de personalidades políticas o religiosas. La razón por la que hoy pueden liberar a 47, pero mañana, en caso de necesitarlo, encierran a 60. Materia prima hay sobrante.
Insisto en el criterio de que existe tendencia a identificar el presidio político actual con los 75 opositores encarcelados en la primavera de 2003, cuando en realidad existen en Cuba más de 200 presos políticos en difíciles condiciones de encierro, varios de ellos en pésimo estado de salud, algunos olvidados por la manipulación informativa.
He tenido la oportunidad de intercambiar opiniones con personas de diversas formas de pensamiento político, filosófico y religioso. Algunos califican las excarcelaciones de positivas, pero excluyentes debido a que nada se habla de los que no pertenecen a los 75 y permanecen en las prisiones.
Otros expresaron su alegría convencidos de que no es un logro de la diplomacia española, menos aún de la cubana. Es un logro sí, de Orlando Zapata, las Damas de Blanco, Guillermo Fariñas y de la oposición pacífica, con la intervención divina de Dios, mediante la representación de la Iglesia Católica cubana.
Respecto a la apreciación de que la medida constituye un primer paso en sentido positivo de la política del régimen castrista, es errónea. En Cuba se podrá hablar de cambios cuando existan elecciones libres y democráticas, respeto a los derechos humanos, economía de mercado y libre empresa, erradicación del sistema totalitario y la ideología impuesta en la isla, y se logre un gobierno democrático, pluralista con justicia social para todos los cubanos.
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