viernes, 6 de agosto de 2010

¿QUIÉN GOBIERNA EN CUBA?

Publicado para hoy 7 de agosto



Por Jorge Olivera Castillo

Habana Vieja, La Habana,(PD) Hay nubarrones en el horizonte político cubano. Parece que los destellos del pragmatismo de Raúl Castro terminarán difuminándose entre los afanes de su hermano Fidel, empeñado en atar el futuro del país a su visión ideologizada, anacrónica y ultraconservadora de la realidad.

Las continuas apariciones de Fidel en los medios de comunicación nacionales, podrían interpretarse como una manera de menoscabar la credibilidad de Raúl Castro como gobernante y enviar un mensaje de que nada se mueve sin su consentimiento.

Su regreso a la escena política, a través de charlas con conocidas personalidades de la cultura, del periodismo oficial y de un sector de la jerarquía de la Iglesia Protestante, entre otras acciones de alto contenido simbólico, parecen ser parte de un diseño con la idea de crear un ambiente de incertidumbre y confusión.

¿Quién realmente gobierna en Cuba? ¿Sería sensato pensar en un programa de reformas estructurales y de concepto ante lo que presume ser una dualidad de poderes en competencia? ¿En qué nivel se encuentra la voluntad de Raúl Castro para llevar a cabo las prometidas aperturas ante la típica terquedad su hermano frente a cualquier cambio de índole política o económica que vaya contra los principios del socialismo real?

Son muchas las preguntas que flotan en un escenario cada vez más enrarecido y sujeto a escalar, en plazos no muy largos, hacia mayores crispaciones.

Aunque en sus intervenciones Fidel no haya abordado temas nacionales, esto no es motivo para abandonar las sospechas de un amplia gama de propósitos ajenos al tema central de sus discursos sobre la escalada de tensiones en la península coreana o los problemas en el Medio Oriente e Irán y su insistencia en alcanzar la capacidad para producir energía atómica.

Su repetida presencia en los medios basta para poner en perspectiva un protagonismo que empequeñece la importancia de Raúl ante la opinión pública nacional e internacional y relanza la opción de que el menoscabado proceso revolucionario, con más de medio siglo de historia, debe ser protegido de influencias capitalistas y de cualquier revisión que vaya contra sus principales fundamentos.

Bajo tales condiciones es imposible dar pasos serios en el terreno de la política y la diplomacia para zanjar diferencias, sobre todo con los centros de poder mundial, dígase Unión Europea y Estados Unidos.

Precisamente este podría ser uno de los objetivos de un plan elaborado para obstruir cualquier acceso a la distensión y a la posibilidad de recomponer las maltrechas relaciones con estos países, fundamentalmente con el vecino del Norte.

Si tal postura termina imponiéndose, hay que pensar en consecuencias muy poco afortunadas. Congelar las posibilidades de ir, aunque sea a paso de tortuga, por la senda de las reformas o regresar a las zonas más retrógradas del inmovilismo y atizar la retórica del enemigo externo, es jugar con fuego.

Al conjugar el pésimo estado de economía, la decadente realidad financiera, los catastróficos desequilibrios sociales, la insegura subvención energética proveniente de Venezuela, la falta de audacia política para adentrarse en una dinámica de cambios por parte de Raúl y el resurgimiento de Fidel con pretensiones de imponer su filosofía intrigante, belicosa y apocalíptica, es suficiente para vaticinar un caos, con estallido social incluido, intervención extranjera y el país en completa ruina material y espiritual. De hecho, ya hace bastante tiempo que Cuba ostenta esas dos amargas condiciones. Añadirle nuevas cuotas de desgracias, sería imperdonable.

oliverajorge75@yahoo.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario