viernes, 17 de septiembre de 2010

APUESTA POR LA VIDA MOROCHO

PUBLICADO PARA HOY 18 DE SEPTIEMBRE


Por Leonardo Calvo Cárdenas


Boyeros, La Habana,(PD) El año que corre es un período de importantes contiendas electorales en varios países de Sudamérica. Especial relevancia revisten los comicios presidenciales en naciones como Colombia (ya cumplidos) y Brasil, en los cuales se define la continuidad de procesos políticos de marcada trascendencia para el presente y futuro de esos países.

Sin embargo, los comicios que el domingo 26 de septiembre determinarán la composición de la Asamblea Nacional en Venezuela, a pesar de no definir la investidura presidencial, adquieren una connotación muy especial. La correlación de fuerzas parlamentarias que dimane de este proceso influirá de manera determinante en el futuro inmediato de la rica y convulsa nación.

Dos fuerzas bien definidas se enfrentan en una cruenta batalla política: de un lado el gobierno del presidente Hugo Rafael Chávez Frías, empeñado sin discimulo en perpetuar su poder y del otro, la variopinta oposición que pulsa por remontar posiciones y aspira a sacar a Venezuela de los cauces del hegemonismo chavista.

El presidente Chávez inició hace más de diez años por la vía electoral lo que él mismo llama revolución bolivariana, destinada, según sus propias palabras, a adecentar la vida política de la nación, afianzar la soberanía y combatir las altas cotas de pobreza y desigualdad que ha exhibido Venezuela en las últimas décadas.

El caudillo de Miraflores, quien a lo largo de estos años ha aprovechado a favor de sus intereses políticos las enormes ganancias que dimanan de la riqueza petrolera del país, a la vez que demostrado su enfermiza vocación de hegemonismo totalitario y liderazgo mundial, enfrenta estos comicios al frente de una nación caotizada.

Venezuela es estremecida hoy por una violencia desatada y creciente que cobra semanalmente decenas de vidas y la ha convertido en uno de los países más inseguros del mundo. Esa situación sumada a la galopante inflación y el desbarajuste económico, los sonados conatos de corrupción en el entorno del gobierno, la descarnada penetración de personeros y funcionarios cubanos en altas instancias militares y gubernamentales, agrede el orgullo nacional y reafirma las sospechas sobre la intención de Chávez de cubanizar el país.

A esto se unen los cotidianos atentados contra los derechos fundamentales como la libertad de expresión, de educación y la propiedad, así como la represión descarnada a los que se atreven a oponerse a los designios del “máximo lider”, iglesia católica incluida.

Del otro lado, hay una oposición que con mucho esfuerzo ha tratado de recomponerse para reedificar su imagen política, buscar mecanismos de consenso en pos de un objetivo común e inmediato y convertirse en una opción viable ante el desastre nacional.

Varios movimientos y figuras toman posiciones relevantes para equilibrar la balanza política. El caos chavista ha provocado a lo largo de los últimos años y sobre todo de los últimos meses el paso a la oposición de varios elementos políticos visibles, para complicar aun más el escenario.

La contienda está en plena efervescencia. El oficialismo se ufana de una mayoría en la que ni ellos mismos creen y aseguran que aprovecharán una supuesta victoria aplastante para radicalizar la revolución, entiéndase afianzar el pretendido modelo totalitario. Por su parte, la oposición confía en alcanzar sólidas posiciones parlamentarias con el objetivo de desmontar en lo posible la hegemonía del caudillo e iniciar el regreso del país a los cauces de una democracia pluralista tradicional, que ojala llegue pronto, sin los lastres y carencias que abrieron el camino al caos chavista.

A pesar de la persistencia hegemonista del presidente Chávez, los enormes recursos con que ha contado, así como la ostensible debilidad y dispersión que ha aquejado a sus adversarios, el pueblo venezolano ha dado, a lo largo de esta convulsa década, muestras inequívocas de apego a los valores democráticos. Baste recordar la defensa de la institucionalidad con que ciudadanos y militares enfrentaron aquel chapucero golpe de estado, la lucha intensa en pos del referendo revocatorio, el rechazo de los trabajadores a la cooptación oficialista de su central sindical, la victoria popular contra aquella peligrosísima reforma constitucional y los avances antichavistas en las últimas elecciones regionales.

Ante los venezolanos que no se resignan a entregar su voz, sus sueños y el destino de sus descendientes a los designios y ambiciones totalitarias del presidente Chávez, se presenta, con los comicios del 26 de septiembre, un reto trascendental y definitorio: la ocasión puede servir para dar la inequívoca señal de su rechazo al modelo que asegura el fin de los derechos fundamentales de los individuos y una larga era de frustración y desesperanza.

Cuando sólo restan pocos días para la esperada jornada electoral el pueblo venezolano debe saber que si se decide a convalidar en las urnas la pretensión de Chávez, se arriesga a ser paulatinamente despojado no sólo de todas sus libertades y patrimonios, sino también de los mecanismos y espacios para reclamar los derechos perdidos.

En fin, deben los venezolanos estar concientes de que si toman la determinación de retrasarse doscientos años en los esquemas de convivencia humana y supeditar su presente y futuro a los ardores, humores y ambiciones de un solo hombre, de muy dudosa vocación democrática por demás, se exponen a perder mucho de lo que han logrado o soñado como individuos y como nación.

Les alerta la voz de la experiencia de alguien que, como muchos cubanos, ha vivido toda su existencia en un paraíso de mentira, hipocresía, intolerancia, miseria y represión como el que ahora le prometen a los venezolanos.

Desde Cuba podemos decirte que estas a tiempo, decide por tu libertad con sus riesgos y sus retos o calla para siempre morocho.
elical2004@yahoo.es
* Historiador y politólogo

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