miércoles, 8 de septiembre de 2010

Desde Madrid


Grace Piney.


(Martí Noticias, Grace Piney) - La música es uno de los lenguajes más universales y que durante más tiempo ha acompañado al ser humano, se encuentra entre sus más elementales y primarias formas de comunicación, a pesar de su complejidad. La música la definen tanto los sonidos como los silencios, signos complementarios, pues. El lenguaje verbal está cargado de silencios, y aspiraciones, en tanta medida como de sonidos.

En las matemáticas, ese otro grandísimo lenguaje que medio dominamos los humanos, probablemente haya un único signo-silencio: el número neutro: el cero; resulta curioso que cuando queremos expresar "inicio" (reformateo de nuestras vidas, por ejemplo) apelemos a una fórmula matemática: x=0; ¿estamos contemplando que el inicio parte del silencio?

El derecho a expresarse contiene, además, el derecho a no hacerlo; es decir, el derecho a negarse a expresarse, el derecho a guardar silencio. ¿En qué casos puede resultar especialmente crucial? En aquellos en los que se nos pueda conminar a declarar contra nosotros mismos, contra nuestros intereses y contra las personas de nuestra familia.

Cuando comenzaba esta reflexión me había venido a la mente la imagen de una escritora cubana. Dulce María Loynaz impuso el silencio como medio de expresión y su reclusión, a modo de exilio, como máxima expresión de Libertad; a pesar de ser una voz aguda, clara y de su dominio, más allá de lo magistral, de la lengua española.

El poder de la palabra es algo que seduce, que apasiona, que acerca o distancia a las personas. La palabra comunica e incomunica. La palabra nos hace vivir porque el ser humano es un ente social, ésta es uno de sus medios de manifestarse más pleno. El hombre a quien se le niega el derecho a expresarse se le castra el alma. Una simple palabra puede cambiar el mundo, para construirlo pueden hacer falta muchos discursos, sin embargo, y muchas acciones.

Se atribuye a Shakespeare una cita que dice: "Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras". Personalmente prefiero una cita de la Biblia: "En la palabra estaba la vida y la vida era luz para el género humano" (Jn. 1, 4)… Tal vez porque, como cubana, alguna vez he sentido el dolor de la represión a la expresión en libertad y me gustaría que los cubanos, más pronto que tarde, puedan expresarse con total libertad, que aprendan a hacerlo, que aprendan la responsabilidad de expresarse y, por tanto, en la misma medida, sean también, dueños de sus silencios.

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