
Por Frank Correa
Jaimanitas, La Habana, 23 de octubre de 2010, (PD) El sábado pasado el poblado habanero de Baracoa volvió a ser noticia, cuando en una riña tumultuaria que puso fin a la discoteca esa noche, hubo hechos de sangre con peligro para la vida. Ya una vez Baracoa escenificó un suceso similar en el año 2009, donde resultaron muertas cuatro personas y Raúl Castro mandó a demolerla. Sin embargo, sigue abierta la discoteca del reparto Hollywood, en moneda libremente convertible, a la que asisten gran número de estudiantes extranjeros de la Escuela Latinoamericana de Medicina.
En mi barrio vive una de las víctimas, Fidelito, el hijo de Margot la espiritista, un muchacho tranquilo, que siempre ha querido estudiar, trabajar y estar lejos del mundanal ruido, pero Folungo, Albertico, el Mancha o el Tinta, vienen a buscarlo todos los sábados para llevarlo a la discoteca a emborracharse, la única opción recreativa que existe.
Cuenta Margot que esa noche estaba lloviendo, que su hijo Fidelito le confesó que no tenía deseo de salir, pero a eso de las nueve llegó Folungo a embullarlo, la espiritista jura que en ese momento su muerto le dijo que su hijo no podía salir, pero Folungo fue muy insistente y se lo llevó a la parranda.
Margot abrió los brazos, se arrodilló en la sala, le pidió a su muerto que fuera con su hijo y lo protegiera, porque Folungo traía arriba un obsobbo grandísimo junto con un muerto chino, y se quedó intranquila en su cuarto hasta las tres de la mañana, cuando la llamaron para informarle que su hijo estaba en el quirófano para una reconstrucción de cara.
La espiritista salió corriendo rumbo al hospital, donde encontró más heridos producto de la trifulca, que según dijo alguien, la comenzó Folungo totalmente borracho. Folungo desde niño siempre carga con una tijera, y cuando se emborracha la utiliza. Primero se rumoró que era el agresor de Fidelito, pero luego se esclareció que no, Folungo sí comenzó la pelea, pero logró escabullirse hasta la calle después de haber prendido la mecha.
Además de las cortaduras que necesitaron suturas de treinta puntos, otro pinchazo le interesó muy cerca de la yugular y el joven estaba en observación porque allí no podían llegar con la aguja. Asegura Margot que el muerto dice que su hijo se salvó porque estuvo acompañándolo esa noche en la discoteca.
bailycorrea@yahoo.com
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