viernes, 15 de octubre de 2010

ORIENTE CUBANO EL PROYECTO Y LA PROMESA


Por Luis Felipe Rojas Rosabal


San Germán, Holguín, 16 de octubre de 2010, (PD) Considerada una de las zonas menos favorecidas económicamente del país, después de Pinar del Río, el Oriente del país (incluyendo a Camagüey para no cargarla al centro) ha visto pasar el fantasma del desarrollo en los discursos oficiales y en los aviones y trenes que van hacia La Habana o el exterior.

Cuando se cargaba la mano de una monserga política hacia una promesa de adelanto económico, enseguida la maquinaria política la emprendía con una ‘obra de choque’. ¿Quién no recuerda la termoeléctrica de Nuevitas, la fábrica de níquel de Moa, la de cemento en Santiago de Cuba o la ampliación de hoteles en la zona de Guardalavaca, en Holguín?

Los rostros de un grupo de jóvenes con cascos blancos, en cámara lenta, música de José María Vitier, unas palabras del Animador en Jefe de fondo: un spot televisivo que hacía propaganda a la ‘obra de choque de la juventud cubana’.

Quedarse en la arrancada
¿Adónde fueron a dar los sueños de miles de jóvenes que se mudaron desde La Habana y Matanzas hasta Moa y Nuevitas para construir un nuevo país? Eran los años 70 y 80 y se suponía que a la par de estas obras quedaría una infraestructura capaz de satisfacer a sus ciudadanos, a los cientos de hombres y mujeres que se quedaron allí para siempre, ¿enamorados del Proyecto o la Promesa?

Un puñado de condominios de cemento fundido, un módulo con una bodega para los productos racionados, una farmacia, una policlínica y el respectivo módulo cultural para la propaganda política era todo el arsenal. Muy pronto fueron ciudades muertas como su par habanero de Alamar.

Sin embargo, cuando llegaron los años 90 el sector del turismo ofreció nuevas oportunidades para los constructores y trabajadores del ramo. Las villas en que vive la nueva clase cubana, compuesta por cantineros, bell boy’s, carpeteros y camareras, junto a gerentes, vigilantes de nuevo tipo, contables bien remunerados y otros, difieren mucho de los antiguos asentamientos populares, importados de las comunas de los países socialistas.

De la simulación al engaño
Cuando algunos de estos megaproyectos dejaron de funcionar para el aparato de propaganda, los sueños se fueron a bolina. Edificios desvencijados, la carestía en los alimentos y la deficiente gestión local hicieron de estas llamadas ‘ciudades industriales’ típicos cementerios abandonados.

Por muchos años los asentamientos de Levisa, Nicaro y Moa sufrieron el ahogo y el desvanecimiento de la canasta familiar. De igual manera comenzaron a sufrir las vicisitudes del transporte, pues los golpes económicos al país, dejaban en la estacada a zonas (como ellas mismas) de difícil acceso.
La vida de las poblaciones asentadas alrededor de las otrora ‘obras de choque’ comenzó a depauperarse y a bajar su calidad y existencia.

Un artículo del ahora exiliado periodista independiente Juan Carlos Garcell dice: “Fuentes médicas informaron sobre un estudio realizado en el año 2002 sobre enfermedades respiratorias en trabajadores expuestos al polvo mineral laterítico en la fábrica Che Guevara (Moa) en un período de cinco meses, y que incluyó a los 926 trabajadores de los siete departamentos de mayor exposición, arrojó como resultado que la enfermedad pulmonar obstruida crónica fue la patología que se presentó con mayor frecuencia. El 83, 42% tuvo hematocrito normal, las pruebas funcionales respiratorias alteradas se presentaron en un 42,33% y el 66, 33% tenían reforzamiento en los pulmones como signo radiológico”.

El artículo fue publicado en el mensuario ilegal “El cubano libre” en 2006 y varios de sus redactores fueron amenazados por tal revelación. Paradoja de la historia, mentira de Estado, engaño y promesa falsa, convertida en verdad, enarbolada ahora por los más humildes ciudadanos.

alambradas@gmail.com
Foto: Aleaga Pesant

No hay comentarios:

Publicar un comentario