
Juan Carlos Herrera Acosta y Guillermo Fariñas Hernández, dos titanes al habla.
(Radio Martí, 22/10/10) - Guillermo Fariñas Hernández y Juan Carlos Herrera Acosta madrugaron este jueves para conversar. Uno en Santa Clara, Cuba; el otro, en Madrid, España, pero juntos por la ilusión que a ambos desvela.
Y cuando dos héroes hablan hay un estremecimiento que pone la verdad en su sitio. Se agiganta la vida. La esperanza crece. Vence la luz. La belleza nace. Se abren los senderos por donde marchará el porvenir.
Juan Carlos Herrera Acosta, aquel hombre que en una cárcel cubana tuvo el valor de zurcirse la boca para mostrarle a las fuerzas represivas cubanas el silencio en que obligaban a vivir al pueblo, le aseguró a Fariñas que tenía un nudo en la garganta al expresarle su alegría por el Premio Andrei Sajarov.
Guillermo Fariñas Hernández, aquel hombre que tuvo la osadía de retar a la muerte durante 135 días sin comer ni beber, le contestó a Juan Carlos que dedicaba su premio a Orlando Zapata Tamayo, el humilde albañil que pagó con su cuerpo el sueño de la vida.
Eran alrededor de las seis y cuarenta de la mañana. Juan Carlos opinaba a Radio Martí sobre la importancia que para la lucha contra el régimen de los Castro tenía que Fariñas hubiera ganado el Premio del Parlamento Europeo.
Hablaba emocionado. De su voz brotaba la felicidad. Se percibía que lo embargaba el orgullo que se siente por un hermano triunfador. Era escuchar al hombre agradecido que aprecia la estatura del otro.
Y fue cuando se pudo hacer contacto con Fariñas. El locutor le anunció a Juan Carlos que Fariñas estaba en línea, y la madrugada se engalanó de grandeza. Eran dos enamorados de la libertad lidiando contra el tremolar de una voz que quería delatarles la ternura mutua por un país en ruinas.
Juan Carlos había dicho minutos antes que para Fariñas el premio más importante era la libertad de su isla amada, y Fariñas lo corroboró al afirmar que éste era un premio del pueblo de Cuba.
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