martes, 8 de febrero de 2011

El abuelo Paco (cuento)




PUBLICADO PARA HOY 9 DE FEBRERO


Escrito por Augusto César San Martin


(PD) -¿Se puede, abuelo?- el joven entró sin esperar anuencia. El viejo estaba sentado en su sillón de ruedas frente al televisor encendido. En la habitación, el reguero de papeles semejaba un charco de agua en medio del cual, aquel anciano de escasa barba parecía un naufrago despeinado por el abandono.

Sin responder, el abuelo siguió mirando el noticiario de la televisión extranjera. Disimulaba la acelerada ceguera que avanzaba en los últimos meses. Fija la vista en la pantalla comentó:
-Viste como está la economía internacional. El imperio yanqui no resiste este golpe.
-¡Ah! Sí - respondió el muchacho, fiel al molde que utilizaba en las conversaciones con el abuelo.

Pasados unos minutos, el anciano alzó el volumen hasta casi el máximo, haciendo que las bocinas retumbaran en la habitación. Con un ademán de la mano, indicó al nieto que se sentara a su lado y comentó: -Cada día estos locutores hablan más bajito, casi no se les entiende.

El viejo estrujó la frente para tratar de escuchar. Prefería reconocer su sordera antes que reconocieran su falta de visión. Con rabia, mordiéndose la lengua, apagó el televisor y lanzó el control remoto contra el suelo.

-A la mierda todos ellos, si casi no los puedo escuchar. Atiéndeme tú. Te mandé a buscar porque tengo una misión histórico-familiar para ti. Estudiarás economía, "mijito", es imprescindible para el futuro de la familia- balbuceó el viejo.

-Abuelo, pero ya Alex terminó sus estudios de economía, a mi me gusta ser profesor - Mientras hablaba casi en forma de súplica, el muchacho recogía el control remoto del suelo para justificar su alejamiento del viejo, que despedía olores que le causaban alergia.

-¿Qué? Oye, chico, tú estás loco, ¿qué futuro tú le ves a la pedagogía en este país? Tener dos o tres economistas es una necesidad histórica en nuestra familia. ¿Quién administrará nuestro patrimonio cuando yo muera? Como están los tiempos, no creo que me respeten por más de un año si llegara a morirme. Necesito que estén capacitados para que no se pierda lo que les dejaré.

El viejo trató de incorporarse pero se desplomó vencido en el sillón.

-Abuelo, pero está Gabrielito que le gustan las finanzas. También mandaste a mis primos a estudiar economía con el mismo objetivo. Ellos...

El viejo interrumpió al joven de forma abrupta

-No confío en ellos, recuerda de quien son hijos, yo en esa clase de personas no me fío; son parientes, qué le vamos hacer, pero tienen sus debilidades...

El joven observo al abuelo y pensó: "Ahora menos se lo puedo decir". Temeroso de que previera su pensamiento, retomó la conversación.

-Abuelo y si estudio economía y después me hago profesor- Se notaba el entusiasmo en la propuesta.

-Mira, chico- manifestó el viejo- no estoy acostumbrado a que me contradigan, tú serás mi nieto y todo eso pero me debes respeto oficial...

El anciano intento voltear el sillón de ruedas donde estaba sentado para darle la espalda al joven, pero este de un girón retornó la silla a su lugar.

-¡Abuelo!- trató de disimular su impulso con una súplica- No tengo la más mínima vocación... ¿y si te fallo?

Olvidando el girón dado a la silla de ruedas el viejo concentró su repuesta en la debilidad del nieto.

-Eso no puede ser, ni tú ni nadie puede fallarme, al menos sin mi consentimiento. Quién te dijo que la vocación es importante. Tú sabes cuantos maestros, médicos, agrónomos, se han graduado en este país sin la necesidad de esa palabrita que han inventado ahora los neoliberales. Nuestro mayor orgullo es la cantidad de médicos y profesores por habitantes...

Casi ahogado, el abuelo comenzó a toser haciendo bailar la dentadura postiza dentro de su boca.

-Pero, abuelo-el muchacho lo interrumpió- eso no ha servido de nada, por lo mismo es que necesitamos maestros que gusten de la profesión.

El muchacho intentaba describir la palabra vocación para no volverla a pronunciar, pero interrumpió el abuelo:
-Si vuelves a utilizar el lenguaje de la contrarrevolución te voy a dar un paseíto por "alla" para que veas cómo se trata a los mercenarios.

El abuelo intentó retomar la disuasión: -Vamos hacer un pacto. Tú estudias economía y yo te garantizo las vacaciones en el lugar del mundo que desees. Así conocerás otros sistemas económicos y los estudiarás a fondo- El viejo rió con sarcasmo.

El nieto se convenció de que la única forma de tomar sus propias decisiones era separándose de la familia. Las vacaciones en el extranjero podían ser su oportunidad para no regresar al régimen que establecía el abuelo. El sólo hecho de pensarlo le causo escalofríos. ¿Y si lo mandan a secuestrar para regresarlo al país? ¡Ya! Promovería la desconfianza hacia su persona para que el abuelo lo desnaturalizara.

-Abuelo, debo decirte algo- murmuró el chico, tratando de mirarle a los ojos.

-Dime cualquier cosa, pero nada de vocación ni negativas a mis decisiones que no las soporto. Suficientes compañeros he apartado de la vida por contradecirme para que venga un mocoso hacerlo...

El abuelo no esperaba que el fundamento de la confesión cambiara el rumbo del diálogo.
-Abuelo, prométeme que no tomarás represalias en mi contra- masculló el chico, arrepentido de haber comenzado a desahogarse.

-Si no hablas te mando "pa' alla". Habla, chico, como le vas a tener miedo a tu abuelo o es que tú haces caso a todas las mentiras que dicen de mí.

Sin total convencimiento, el chico habló:
-Soy homosexual

El nieto dio un paso atrás al terminar la frase.

Con los ojos inyectados por la rabia, el viejo se paró de un tirón de la silla de ruedas y se abalanzó sobre el nieto, que retrocedió aprovechando la lentitud del abuelo.

-¡Otra pájara no!-gritaba el viejo indignado-Hasta cuando seguirá la historia de los maricones en esta familia. Debí haber acabado con todos en los 70 o cuando el Mariel.

Se dejó caer sobre el sillón de ruedas y bajando el tono de voz intentó atraer con argucias al nieto.
-Ven acá chico, acércate, cuéntame cómo pasó, a ver si entiendo.

Con el miedo evidente en la voz, el nieto avanzó hacia el abuelo hasta estar junto a la silla de ruedas. Calculando la cercanía, el abuelo se le echó encima tumbándolo al suelo mientras gritaba: -¡Te mato! Tú vas a ser economista y hombre.

Con la fuerza de la juventud, el nieto empujó al abuelo sacándoselo de encima. El viejo cayó de nalgas junto al sillón, que se volteo causando estruendo. Atraído por los ruidos, un hombre corpulento abrió la puerta y preguntó: -¿Pasa algo, comandante?-

-No, pero agarra a este maricón y llévatelo "pa'allá" hasta que yo avise.

- Pero comandante ese es....

El viejo interrumpió indignado: - Ese es nadie. Te metes con él en la misma celda y también esperas mi aviso. Esto no tiene discusión. Se acabó.

Centro Habana, enero de 2011

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