
Escrito por Miguel Iturria Savon
El Cotorro, La Habana, 23 de febrero de 2011,
(PD) Quienes visiten del 10 al 27 de febrero los salones de San Carlos de la Cabaña o busquen en las librerías del país las ediciones presentadas en la Feria del Libro de La Habana, no podrán comprar las novelas, ensayos ni poemarios de los autores que partieron al exilio, excluidos en isla por razones ajenas al arte y la literatura, lo cual reduce el patrimonio espiritual y condiciona la creación a lealtades absurdas.
Entre los escritores ausentes figuran los poetas Gastón Baquero, Heberto Padilla y Raúl Rivero; el dramaturgo José Triana; los ensayistas Rafael Rojas y Carlos A. Montaner; el historiador Levi Marrero y narradores como Guillermo Cabrera Infante, Lino Novás Calvo, Reinaldo Arenas y los menos conocidos Guillermo Rosales, Reinaldo Bragado y Carlos Victoria, integrantes de la extensa nómina de olvidados en medio siglo.
Para estimular la búsqueda del legado escritural de los autores censurados, comentaremos ahora los libros publicados por Carlos Victoria (Camagüey, 1950-Miami, 2007), cuya cronología tiene momentos puntuales que marcan su trayectoria. A los quince años obtuvo el Premio de cuento del Caimán Barbudo, único texto divulgado en la isla. En 1971 fue expulsado de la Universidad de La Habana por “diversionismo ideológico”. En julio de 1978 lo encarcelaron por denuncias similares y la Seguridad del Estado le secuestró sus relatos, poemas y comentarios teatrales. Dos años después salió al exilio, donde alternó su pasión literaria con el periodismo y empleos no creativos.
En apenas dos décadas publicó en Miami tres novelas y tres colecciones de cuentos. Entre las primeras hallamos Puente en la oscuridad (1993), apreciada por la crítica como “uno de los libros más extraordinarias y alucinantes de la literatura cubana”. Al año siguiente le editaron La travesía secreta, y en 1997 La ruta del mago. Las mismas constituyen una trilogía por el enlace alusivo de sus personajes y por la forma de abordar la desconfianza, el desarraigo, la intolerancia, la huída, la demencia y circunstancias y episodios sombríos, que condicionaron sus ciclos vitales y creativos y le sirvieron como telones de fondo para reflejar su época.
Su pasión por la lectura, la música, el cine, la aversión por el tumulto y “la consciente oscuridad existencial que transitan sus argumentos” gravitan en los vigorosos personajes de sus cuentos y novelas, matizados por la universalidad temática, la “lucidez desolada”, el exorcismo de lo cubano y el intento de crear “una mentira veraz” en cada relato.
Sus libros Las sombras en la playa, El resbaloso y otros cuentos y El salón del ciego, también poseen valor autobiográfico y testimonial. Luís M. García considera que “Carlos Victoria es el primer personaje de Carlos Victoria”, aunque recrea muchas vidas ajenas, en las cuales se advierte “la profundidad de la miseria cubana devenida modo de vida, tragedia permanente”.
Una compilación de sus cuentos fue editada en España en el año 2004. Sus novelas, traducidas al francés y al inglés, son difundidas en Europa y en Norteamérica. Las prohibiciones que amordazan a las editoriales cubanas nos privan del placer de sus libros, en los que una galería de personajes y situaciones permiten al autor fabricar un universo muy próximo a lo nuestro, con imágenes punzantes que conjuran el entorno insular.
Los críticos han valorado cada uno de sus libros y fijado las coordenadas de su estética. Luís M. García, Germán Guerra, Carlos Espinosa, Alejandro Armengol y Reinaldo García Ramos iluminan las sombras de sus personajes, los temas recurrentes, las posibles influencias, los métodos creativos, la impronta generacional y otras aristas de este autor que se nutrió “de la realidad cubana de la Isla y la de Miami, la del exilio interior y la del exilio físico”.
Su personaje de El resbaloso, ambiguo y alusivo, nos atrapa como un duende de la noche que identificamos entre amigos y vecinos de La Habana. “Ese resbaloso que deambula por la ciudad, posible alter ego del escritor…” representa a muchos cubanos transgresores, inasibles e intocables, ingenuos y chismosos. Otros protagonistas suyos, como Abel (La ruta del mago), Marcos Manuel Velasco (La travesía secreta) y Natán Velázquez (Puente en la oscuridad), nos acercan a su legado espiritual y a la sensibilidad de nuestros exiliados.
Basta lo expresado para dar un clip en Google u otro sitio de Internet y acceder al ámbito espiritual de Carlos Victoria, el cronista de voz apacible que espera en librerías del norte, mientras llega el deshielo editorial en Cuba y desempolvamos a los escritores que partieron al exilio.
culturakiss@yahoo.es
Fotos: Cortesía del autor
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