martes, 22 de febrero de 2011

Rufo Caballero: su estela con otro matiz




Escrito por Hugo Araña


Matanzas, 23 de febrero de 2011


(PD) Repentinamente tuvimos la noticia del fallecimiento del crítico cardenense Rufo Caballero. Su deceso, como hecho cotidiano, no debe sorprendernos, porque como decimos en buen cubano “a cualquiera le toca”. Pero cuando le sucede a una personalidad artística (que lo fue, gústele a quién le guste), coge cierta relevancia, o al menos adquiere categoría de impacto.

Por lo tanto, esta ausencia de Rufo Caballero, que ya arrancó por su vereda y sin permiso alguno, la sentiremos algo más aún a través del tiempo por la huella que dejó.

Rufo Caballero emprendió la labor de crítico, tanto en los temas teatrales como cinematográficos, además publicar libros de ensayos sobre esos temas. Pero últimamente se inclinó más por el video clip; para más, ya tenía un espacio en la TV Nacional con el título muy sugerente de “El caballete de Lucas”.

Lo que más vamos a extrañar es que Rufo, perteneciente a la pequeña ola de críticos que tanto nos hacía y hace falta, se alejó de los que continúan enquistados en valores ya desahuciados, y lo peor, temerosos de que los juzgaran como contraproducentes y contestatarios a los cánones impuestos, que cualquiera, el menos especializado, capta de que se aprestan para continuar lo que ya no causa interés, y sí mucho tedio.

Rufo, no. Rufo aún sin demeritar ni insultar, era capaz de subrayar lo no conseguido, lo que debió ponerse y no se puso (es innecesario aclarar el “no se puso”), para pasar desapercibido y no verse víctima de las presiones que sufren los nuevos jóvenes críticos en Cuba (que por cierto no abundan), cuando valiéndose de metáforas, etc., quieren decir lo que no se puede.

No podríamos encasillar a Rufo Caballero como contestatario, pero en verdad, se acercaba bastante a esa peligrosa posición en los medios donde se desenvolvió. El que lo oía y veía su voluminosa figura en la pantalla chica, se daba cuenta de los metatextos empleados en sus expresiones, inmersas en el uso de la frase más que irónica, para lograr que nos diésemos cuenta de sus empeños.

Producto lógico de su busca de otras posiciones, se fue desprendió de los que lo antecedieron en un amable divorcio, para encontrar y exponer verdades ocultas o semiocultas en las obras del panorama artístico cubano. Por lo tanto, aunque para algunos caía casi antipático porque no cedía, sabiamente supo nadar en esas aguas peligrosas y salir ileso hasta su último respiro (que se conozca).

También hubiera sido muy provechoso que dijera las cosas por sus nombres. ¿Que no quiso? ¿Que tuvo miedo? ¿Que se lo impedían? Es posible. Pero de todos modos, agradecemos su sutil fobia a todo lo que fuera u oliera a político. Es quizás su mérito mayor, dentro de ese mundo de la crítica.
Por eso, se hace esta pequeña estela poco mortuoria a un cubano que no dijo SI, pero tampoco dijo NO.

malecun@yahoo.es

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