domingo, 13 de febrero de 2011

Naturalezas pendencieras




Escrito por José Antonio Fornaris


Managua, La Habana, 14 de febrero de 2011,


(PD) Mi compañera siempre insiste en que no mencione para nada a Fidel Castro. "No vale la pena", dice. Aunque estoy convencido de que lo hace para tratar de evitar que pueda buscarme algún problema, y sé que tiene razón, hay momentos en que resulta casi ineludible nombrarlo, o al menos hacer algún comentario sobre las cosas que escribe o afirma.

En estos días el ex-gobernante muestra gran preocupación por los problemas alimentarios en el mundo, incluido el alto precio de algunos de ellos. Aseguró en tono dramático: "Es hora de hacer algo".

En Cuba durante medio siglo ha existido una libreta de racionamiento y por varios decenios los alimentos han sido escasos y caros. El Estado es el dueño de más del 70% de las tierras de cultivos y crianza de animales para el consumo humano, y en general de todo lo que está relacionado con la cadena alimentaria de la población.

Entre otras grandes dificultades presentes en la agricultura, más de ocho millones de hectáreas de tierra han estado invadidas de marabú. Y Castro nunca, aunque era su obligación, se ocupó de resolver esos graves problemas. Jamás, al parecer, se percató de que era necesario hacer algo.

Castro también dice que hay "pérdidas progresivas de las reservas de agua en el Himalaya, que amenazan a India, China, Paquistán y otros países.

Muy cerquita de él, en La Habana, se pierde el 70% de toda el agua que sale de las fuentes de abasto debido, en mayor medida, al mal estado técnico de las redes de distribución, que están en explotación sin un adecuado mantenimiento desde hace más de 60 años. Mientras, innumerables familias habaneras tienen problemas con el abasto de agua o simplemente no reciben ninguna en sus hogares. Pero Castro nunca hizo nada al respecto.

De todos los males que existen en el planeta, según Castro, la culpa es del capitalismo, y de manera muy específica, de Estados Unidos. Aunque resulta paradójico, él es en el mundo hispano, casi con seguridad, el mayor propagandista de Estados Unidos y de todo lo que tiene que ver con ese país. Es tanta su obsesión que alguien, en algún momento, pudiera llegar a pensar que actúa con un doble propósito o sigue un acuerdo pre establecido. De todas formas, a veces no es difícil darse cuenta que Estados Unidos no siempre es el malo de la película.

En días recientes, amas de casas en Bolivia han realizado protestas callejeras al grito de: "¡Queremos azúcar, queremos azúcar!". En Bolivia hay un gobierno aliado, pero Cuba no le puede enviar azúcar porque más de la mitad de los 154 centrales azucareros que existían en la nación fueron desmantelados. El argumento utilizado fue que era más costoso producir una libra de azúcar que pagar el precio que tenía en el mercado internacional. Eso lo hizo Fidel Castro.

Dentro del campo de la presumible moralidad, ¿dónde está la diferencia en fabricar etanol con la caña de azúcar porque las ganancias son mayores, y no producir azúcar porque no se obtienen ganancias?

En mi casa hay dos perras: Shakira y Adis. Esta última, cuando se le da cualquier cosa comestible fuera de su horario habitual de comida, no lo ingiere. Se echa cerca y comienza a "cuidarlo". En cuanto la otra perra se acerca, forma un brete de todos los demonios. Hay naturalezas así, siempre están listas para la pendencia y el brete.

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