
Escrito por Odelín Alfonso Torna
Arroyo Naranjo, La Habana, 14 de febrero de 2011,
(PD) Por lo que se observa en estos días, parte del mundo árabe cuelga sus hábitos y pone bajo calefacción los meses del crudo invierno norafricano.
Regímenes como los de Túnez y Egipto pensaron que bajo los patrocinios de Occidente y con una endeble "democracia" de túnicas y sandalias, podrían también agarrar el cetro de las dinastías.
Auguro -y en esto aconsejo acaparar velas y orar al estilo de la Santa Sede- que otras dictaduras, sean de derecha, izquierda o bajo el auxilio de lineamientos u otras burradas de último minuto, están en remojo. O lo que es peor, tienen ante sí un estallido social y se preparan para ello.
¿Acaso el régimen militar de Raúl Castro no activó ya sus fuerzas antimotines, los gallitos del bosque de La Habana, las avispas negras, los delfines de Barlovento, los mosqueteros de las Brigadas de Respuesta Rápida y cuanta "jauría especial" se les ocurra convocar?
En materia de epicentros propicios para un estallido social, La Habana y sus arrabales conservan más deméritos que las calles de El Cairo y Sidi Buzid. Ante que me juzguen de incitador, mercenario, indigno y otros diplomados en anticastrismo, sugiero que se pregunten hasta dónde sube el azogue de ese pueblo que dice mucho en las calles y no se escucha, o no se quiere escuchar escaleras arriba.
Consideremos que el detonante de la caída del gobierno de Túnez, país bajo el poder absoluto de Zine El- Abidine Ben Ali durante 23 años, fue el suicidio (incinerado) de un joven tunecino el 17 de diciembre del pasado año. El dramático suceso también marcó una secuencia de protestas por el alza de los precios en los alimentos, además de otras zancadillas gubernamentales a la libertad económica individual.
En cuanto al régimen de Honsi Mubarak, treinta años de atropello a la democracia y a la libertad de expresión en Egipto, provocaron que hoy la plaza Tahrir se mantenga a telón abierto, una manifestación tras otra, a pesar del toque de queda implantado por el gobierno. Los manifestantes egipcios, musulmanes de cuello a tobillo, cerraron oídos a las promesas de no reelección por parte de Mubarak en los comicios de septiembre próximo.
Aún sin incidentes graves, el régimen de Yemen espera por ocupar los primeros planos de noticias. Miles de manifestantes yemenitas exigen públicamente la dimisión del dictador y su gabinete. Son 32 años bajo la tutela de Alí Abdalá Saleh.
Nos asiste una interrogante: ¿Quién le sigue ahora a El-Abidine Ben Ali y Mubarak?
Lo peor en el caso de Egipto es que se quiera pasar la página con el extremismo islámico. Más de lo mismo, pero bien visto por la autocracia en Cuba. Por tal motivo, presumo que luego de que caigan los naipes en el mundo árabe, los disturbios harán metástasis en América Latina, para ser más específicos: en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y con repetición en Ecuador. De ser así, enhorabuena.
Deberían preocuparse los "buenos revolucionarios" y chivatones dentro de Cuba, si es que el sentido común les asiste. Hoy Cuba es una olla de varios pistones que coge presión por día; y lo peor, sin agua en las cuencas capitalinas y con millón y medio de trabajadores disponibles.
Lo de la transición pacífica y ordenada no debe estar en la agenda de Raúl Castro y sus compinches comunistas, eso se puede apreciar en el cerco que se le tiende a la sociedad civil prodemocrática. Más bien pensemos que ya tienen preparado el cañón de agua, las armas cortas con balas de caucho, los gases lacrimógenos y el jeep verde olivo todo-terreno para que aparezca el comandante y grite: ¡Es mi turno, revolución!
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