
Escrito por Amarilis C. Rey
Managua, La Habana, 14 de febrero de 2011
(PD) El hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor es uno de los delitos más abundantes dentro de las cáceles cubanas. Al menos eso comentan algunas personas que han permanecido en esos sitios.
Robar estos animales, matarlos y comercializar su carne ha sido causa de lucha constante entre dueños y bandidos. En ocasiones se comenta que han dejado la res viva tras cortarles las extremidades. Esta situación ha obligado a los campesinos que poseen reses a vigilarlas constantemente. Incluso hay quien afirma que han llegado a tenerlas dentro de la casa durante la noche para tratar de resguardarlas de los malhechores.
Esa incertidumbre que se vive en las zonas rurales del país fue la que trajo la desgracia el 23 de diciembre pasado a Leodan, de 37 años, su esposa Yamilka de 35, y sus hijos Maikel, de seis y Maikol, de tres, cuando producto de un fatal accidente murió el más pequeño de esta familia que reside en una zona rural en el municipio Arroyo Naranjo, en la periferia de la Ciudad de la Habana.
De acuerdo con la versión de vecinos del lugar, el 17 de diciembre el padre de esta familia fue víctima de uno de estos robos cuando dos de sus cinco vacas desaparecieron. Al seguir el rastro junto a varios amigos, Leodan encontró sus animales en Calabazar, un pueblo relativamente cercano. Estaban en un túnel debajo de una loma, uno de esos refugios construidos hace años para enfrentar una eventual agresión norteamericana.
A la noche siguiente, los ladrones regresaron, pero Leodán los esperaba con un viejo revolver propiedad de su abuelo. Las noches posteriores fueron de gran expectativa y nerviosismo por la insistencia de los delincuentes en recuperar el botín.
La madrugada del 23 de diciembre, mientras Leodan, exhausto por la cantidad de horas de tensión dormía , sintió un ruido; pensó que su esposa estaba junto a él, y disparó dos veces el arma de la que no se había separado durante la noche. Pero la joven madre se había levantado y cargaba al pequeño para darle leche. Y el niño fue el desafortunado blanco de los disparos.
El niño llegó muerto a la policlínica a donde lo trasladaron. Una bala le penetró por la espalda y la otra por el hombro.
Cuentan los vecinos que momentos después de la tragedia, Leodán trató de suicidarse con la misma arma. Fue conducido por la policía para el Departamento Técnico de Investigaciones, y en su celda trató de ahorcarse con una de las mangas del pullover que llevaba puesto.
Finalmente, después de varios días de investigación, el caso no arrojó resultados contra este padre. Uno de sus vecinos comentó: "Lo trajeron varios militares, algunos coroneles, y otros especialistas; explicaron que Leodán se encontraba como en una pesadilla de tanta vigilia por los animales, y que aquella noche a la que vio no fue a su esposa, sino a los ladrones que regresaban a robarse las vacas. Recomendaron no dejarlo solo, porque tiene la idea fija de suicidarse."
Este triste suceso conmovió a muchas personas que supieron del caso. Aseguran que los ladrones no han vuelto. Y que aunque Leodán denunció en el momento el hurto de su ganado a las autoridades, parece que la investigación se detuvo, pues en definitiva las reses aparecieron.
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