Escrito por Rogelio Fabio Hurtado
Marianao, La Habana, 14 de febrero de 2011,
(PD) El kiosquito de Don Goyo, a un paso de mi casa natal, en la Calzada de 10 de Octubre, abría a las 4 y 30 de la mañana, para que desayunasen los lecheros de Santa Beatriz, y permanecía abierto hasta la una de la madrugada del siguiente día. Tenía 10 o 12 banquetas de madera, a lo largo del mostrador en L. Lo atendían tres dependientes, Manolito, Martín y Cuco, además del propio Don Goyo, su dueño.
Todos los días de mí niñez merendé allí batidos de frutas, refrescos de todas las marcas y dulces, sobre todo masarreales. Para los hombres, servían vasos de cerveza, líneas de ron con saladitos de aceituna. Estaba también el escandaloso cubilete, juego de barra este, nada metrosexual por cierto.
Con el éxito de la Revolución socialista, desapareció primero la Lechería Santa Beatriz como tal y poco después el pequeño establecimiento, cuyo local se convirtió en vivienda de una familia desconocida. A Don Goyo, un magro isleño de pequeños ojos azules, no tardó en acorralarlo la vejez, hasta su muerte. Uno de sus dependientes, Manolito, llegó a dirigente municipal del Poder Popular. Al calvo Martín, aún pude visitarlo en un edificio para jubilados de La pequeña Habana, en Miami.
Ahora, ha resucitado el kiosquito, sólo que sin banquetas ni mostrador, ni nevera, en un área que apenas abarca un octavo del original, con un menú mínimo: pan con croquetas, maní molido, café, refresco instantáneo y un solitario dependiente. No sirven desayuno, porque tampoco hay ya lecheros ni se oye el traqueteo del cubilete. La Nevería colindante también se convirtió en vivienda.
Semejantes micro-cafeterías han abierto sus puertas y ventanas por toda La Habana, acaso sólo superadas por la hemorragia de tableros multicolores ofertando CD musicales o fílmicos que nos salen al paso por dondequiera. No sé qué dirán los redactores del Granma, pero esto revela las auténticas ganas de reconstruir el Capitalismo que tenemos hoy los cubanos.
¿Cuál será el porvenir de esta última ilusión? Si lo miramos con los ojos del optimismo, los mejores entre ellos consolidarán su espacio y, con el tiempo, ampliarán su oferta y serán capaces de auspiciar cierta gama de producciones también independientes, que los abastecerán.
Quizás los militares al mando se percaten paulatinamente de que no tiene sentido defender unos dogmas económicos que hasta hoy no han hecho otra cosa que empobrecernos y dejándolos a un lado, aceleren el paso, a la larga para el bien de todos.
Sin embargo, si nos atenemos al realismo pesimista, entonces los primeros brotes de prosperidad por cuenta propia, despertarán la envidia de los mal llamados revolucionarios, gente acostumbrada a vivir de los turbios servicios políticos que le prestan al totalitarismo; la codicia de los inspectores corruptos y el rencor de los administradores estatales. Esto resultaría, una vez más, en medidas asfixiantes, ante las cuales los cuentapropistas se verían indefensos, pues no podrían esperar ningún apoyo por parte del sindicato estatal.
¿Estará lista la disidencia cubana a desempeñarse como vanguardia política, para asumir la solidaridad que estos emergentes requieren? Para ello, tendrá que renovarse tanto como el hipotético núcleo de militares capaces de radicalizar las reformas.
Tendremos también que desechar los estrechos moldes impuestos y aceptar los riesgos propios de la negociación política. Será vital romper creativamente con las barreras de las que siempre se ha beneficiado el régimen para mantener aislados a los discrepantes. Esto implicará un replanteo general de medios y de fines, que es responsabilidad de todos, para desarrollar nuestra capacidad de incidir en la vida real de todos los cubanos.
Con la presentación de los Lineamientos para el VI Congreso, al menos se ha roto la inercia triunfalista del régimen. Al parecer, ni sus propios autores saben adónde iremos a parar, pues la realidad económica impone condiciones al voluntarismo inmovilista. Sería muy bueno que las mínimas concesiones que hacen, pongan en evidencia que es mejor permitir que controlar y reprimir. Después del venidero abril y a lo largo de todo el presente año, veremos hasta donde llega la voluntad común para cambiar todo lo que debe ser cambiado.
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