
Escrito por Miguel Iturria Savon
El Cotorro, La Habana
19 de abril de 2011
(PD) El dramaturgo y director Héctor Quintero Viera falleció el 7 de abril en La Habana, donde nació el 1ro de octubre de 1942. Fue considerado como el autor teatral más representado y popular de Cuba. Su versatilidad, talento y entregas lo ubican entre los grandes de la escena insular junto a la Avellaneda, Covarrubias, Virgilio Piñera, José Triana y Abelardo Estorino.
A Héctor Quintero la fama lo sorprendió a los 20 años y la muerte a los 68. Se inició como actor de teatro en 1957. Incursionó en la radio, el cine y la televisión. Medio siglo de magia creativa inscribe su nombre en la memoria cultural del país. Cruzó nuestras fronteras con "El premio flaco", galardonado en París en 1968 por el Instituto Internacional de Teatro. Durante su intensa carrera artística demostró su capacidad para hacernos reír y reflexionar mientras brillaba como escritor, director, actor, cantante, declamador, narrador y conductor de programas.
Las obras de Quintero abordan los conflictos cotidianos y contemporáneos de la vida de los cubanos. Sus piezas más reconocidas son Contigo pan y cebolla (1962), El premio flaco (1964), La última carta de la baraja (1978), Sábado corto (1986), Te sigo esperando (1996) y El lugar ideal (1998), publicadas y llevadas a las tablas con éxito de público y crítica.
En febrero pasado dirigió en el Hubert de Blanck de La Habana su ultima creación –Monseñor Bola-, inspirada en el intérprete y compositor Ignacio Villa (1911-1971) y estrenada en junio de 2010 en el Teatro Latino de Washington.
Contigo pan y cebolla y El premio flaco, fueron representadas en Estados Unidos y en naciones de Europa y Latinoamérica. La segunda fue llevada al cine en el año 2008 por Juan Carlos Cremata y exhibida al año siguiente en las principales salas de la isla.
Como dramaturgo, Héctor Quintero representó una de las tendencias renovadoras de la escena cubana de los años 60 del siglo XX, pero supo reciclarse y evolucionar. Para evadir la censura y los "parámetros" impuestos al arte desde el poder se refugió en el teatro musical, género que impulsó a partir de 1968, al iniciarse como director con la comedia Los siete pecados capitales, estrenada en el reabierto Teatro Musical de La Habana, al frente del cual permaneció un decenio.
El éxito de dicha obra hizo posible su reposición en el mítico Teatro Estudio durante 1969. Le siguió su versión del Decamerón, de Giovanni Boccaccio, de amplia difusión mundial, con cientos de reposiciones en el Musical, donde estrenó otros espectáculos de humor corrosivo, ajenos al "teatro nuevo" que saturó la escena nacional en las décadas de los 70 y 80.
Con Algo muy serio (1976), continuó su fluida saga de piezas humorísticas musicales, de gran impacto popular porque expresan la idiosincrasia criolla sin desafiar de forma explícita las normas culturales dictadas por el régimen cubano.
Héctor Quintero, heredero y continuador del teatro vernáculo insular de fines del siglo XIX y mediados del XX, se desplazó a otros medios y géneros artísticos desde la clausura del Teatro Musical de La Habana. Demostró su talento en la actuación, la narración para el cine, la televisión y videos, donde puso su voz inconfundible a cientos de documentales y cortometrajes. Incursionó en la composición musical y en la promoción de las obras de la Orquesta Sinfónica Nacional. En sus últimos años dirigió el club artístico habanero Dos Gardenias.
Aún es recordada su exitosa serie televisiva de 1994, El año que viene, de 131 capítulos y música de su autoría. Escribió, además, el guión de la comedia cinematográfica Residencial Caribe (2004), y actuó en el filme El cuerno de la abundancia (2009), de Juan Carlos Tabío.
Ha muerto Héctor Quintero pero trasciende su legado artístico, distinguido en vida con el Premio Nacional de Teatro, la Medalla "Alejo Carpentier" y la Distinción por la Cultura Nacional.
culturakiss@yahoo.es
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