
Escrito por Julio Antonio Aleaga Pesant
Vedado, La Habana
19 de abril de 2011
(PD) A raíz del terremoto de Haití, en enero de 2010, el gobierno de los Estados Unidos de América envió un contingente militar al pequeño y empobrecido país. La acción era precedida por la violencia interna que corroe desde la independencia al país vecino, y la tendencia a la implosión interna, producto de la ingobernabilidad y disfuncionalidad de un Estado marcado por la corrupción y el nepotismo.
Las fuerzas norteamericanas apoyaron el esfuerzo de seguridad de las tropas de las Naciones Unidas (MINUSTAH) acantonadas en el país, desbordadas por la crisis humanitaria, y contribuyeron con servicios médicos y alimentación inmediata a los damnificados.
A esa forma de ayuda humanitaria se opuso abiertamente el gobierno cubano, a través de sus diplomáticos y los medios de comunicación, en especial los corresponsales enviados a cubrir los sucesos. La visión trasmitida fue la de fuerzas militares que ocupaban el territorio, e impedían el armonioso desarrollo de las acciones cotidianas de los ciudadanos haitianos.
En esa misma línea está en el discurso del Ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas durante el análisis de la situación haitiana en los últimos días.
En su largo y retorico discurso, publicado en el diario Granma, Bruno Rodríguez atacó a las fuerzas de las Naciones Unidas (MINUSTAH) y al Consejo de Seguridad por inmiscuirse en la crisis humanitaria haitiana.
Simplificando en exceso el drama haitiano, expresó: “Haití no precisa de una fuerza de ocupación. No es, ni puede convertirse, en un protectorado de Naciones Unidas”, el rol de las Naciones Unidas, “es apoyar al Gobierno y al pueblo haitianos en la consolidación de su soberanía y autodeterminación”.
Bruno Rodríguez pasó por alto los graves problemas que asolan al país, que van desde las bandas armadas, que destronaron al preferido del tándem CC (Castro- Chávez), el sacerdote católico Jean Bertrand Arístide, en el año 2004 hasta el cólera, el desempleo, la deforestación, el analfabetismo y muchas otras calamidades.
Sin embargo, cuando atacó a la Misión de Paz de la ONU por no tener “prerrogativas políticas para inmiscuirse en asuntos internos que solo competen a los haitianos”, sangraba por la herida. Las organizaciones internacionales y regionales como las Naciones Unidas (UN) y la Organización de Estados Americanos (OEA), pusieron freno al intento del actual Presidente, René Preval, de ubicar a su cuñado en su asiento tras manipular las elecciones. Preval, seguidor del partido de Aristide (Lavalas), es el hombre fuerte para la Alianza Bolivariana, goza de los afectos del tándem Castro-Chávez, y es visible constantemente junto a sus ministros en La Habana.
La situación de la vecina Haití, a diferencia de lo que expresa el Ministro Rodríguez, sí amenaza a la paz y la seguridad internacionales y en especial a los países del área. Cuba es el ejemplo. Aun y sin ser el destino de la emigración ilegal haitiana, recibió miles personas en los últimos veinte años y varios barcos cargados de fugitivos naufragaron frente a sus costas. Algunos cientos, según cifras no oficiales, se quedaron a vivir en Cuba, ubicados en un campo de refugiados administrado en conjunto con la ACNUR, en el municipio Maisí, en la provincia de Guantánamo, y a otros insertándolos en el municipio especial Isla de la Juventud.
El gobierno de Cuba envía a cientos de médicos a cruzar el Paso de los Vientos desde hace 10 años y hace llegar toneladas de medicinas anualmente. Personal y productos que escasean en la sociedad cubana.
Si hasta ahora nuestra miseria y falta de libertad, no fue estimulante para que emigren en masa hacia Guantánamo, nuestros vecinos más cercanos, Bahamas, Estados Unidos y República Dominicana, si sienten sobre sus sociedades la presión de la emigración ilegal haitiana, con su rastro de enfermedades, violencia y subdesarrollo cultural.
El gobierno de Cuba debe abogar por un fideicomiso, de al menos 25 años, de las Naciones Unidas o la OEA, en el suelo haitiano. Es necesario para ayudar a esa nación a superar el marasmo en que se encuentra. Mandar médicos, maestros y otros profesionales, no es suficiente. Es necesario enviar administradores honestos y altamente calificados que puedan hacer uso eficiente de las ayudas de la comunidad internacional.
Países africanos como Namibia y hasta europeos como Kosovo, estuvieron en esa calidad o en algo parecido, que les permitió sanar las heridas establecidas durante años, salvar las diferencias y avanzar al futuro.
Según la Resolución 1908 del Consejo de Seguridad, la MINUSTAH estaría integrada por 8 940 militares y 4 391 policías. Para el 28 de febrero se contabilizaban 12 055 uniformados, de ellos 3 321 policías, 510 funcionarios internacionales y 1 214 funcionarios nacionales y 209 voluntarios de la ONU.
A Cuba le interesa un Haití próspero y democrático, que garantice la seguridad propia y la regional. Si para ello es necesario un fideicomiso de las Naciones Unidas, el Canciller Bruno Rodríguez debe dejar la retórica populista y tercermundista heredada de los hermanos Castro, para velar por los intereses de la nación.
aleagapesant@yahoo.es
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