
Escrito por Odelín Alfonso Torna
Arroyo Naranjo, La Habana
junio 26 de 2011
(PD) El programa de la televisión cubana "Con dos que se quieran", conducido cada noche de martes por el cantautor cubano Amaury Pérez, tendrá un receso después de recibir como sus dos últimos invitados de una primera temporada al sacerdote Carlos Manuel de Céspedes y el trovador Silvio Rodríguez.
En los estudios fílmicos Abdala, lugar donde se grabó la mayoría de los programas, se entrevistaron a talentos de la cultura, el cine y la televisión; también a personalidades religiosas y comunicadores del gobierno. Actores como Alberto Pujol e Isabel Santos, coreógrafos como Carlos Acosta y Lis Alfonso, entre otros, dieron muestras de su valía y consagración en medio de las adversidades impuestas por el sistema.
Pero el martes 3 de mayo, "Con dos que se quieran• tuvo un invitado de honor, el menos importante, según él. Se trataba del abogado y periodista oficial Reinaldo Taladrid, conocido en sus roles de analista e investigador habitual del panel televisivo Mesa Redonda.
Ya que el programa de Amaury Pérez es por regla un cuéntame tu vida y obra, una sesión para soltar las verdades sin tapujos ni comisarios al acecho, quiero rememorar no sólo al invitado más radical de la primera temporada, sino al alcahuete menos importante de la revolución.
En primer lugar, Reinaldo Taladrid partió de una confesión. Sus padres y tíos abuelos, entre otras cosas, fueron los dueños del Cabaret Tropicana. Otra farsa sin importancia.
Reinaldo Taladrid dijo que no se consideraba "tan importante ni nada excepcional", además de ser "arrastrable por la revolución por convicción y no porque signifique prebendas".
Desde luego, con esta sobredosis de modestia, Taladrid y Amaury no parecían estar en la misma senda.
Para quienes siguen a Reinaldo Taladrid en sus análisis sobre las confrontaciones entre Cuba y Estados Unidos, "los ataques mediáticos hacia la revolución cubana" y los "clasificados" en Internet, saben que la idea del intercambio cultural entre ambos países no es tan excelente como él dice. Magnificar a la revolución que despojó a su parentela del Cabaret Tropicana, es para él "todavía menos importante".
Obviamente, le es indiferente. Por lo que se sabe, la dueña era la difunta tía-abuela y no los padres, como él declaró. Estaba casada con el dueño de Tropicana. Al referirse a su tía, comentó: "se murió con odio hacia nosotros".
Taladrid dijo que estudió derecho en la Universidad de La Habana y que su tesis de grado fue sobre los grupos de poder en Estados Unidos. Sin embargo, nunca ejerció la profesión de abogado. En otro momento, señaló la importancia que tuvo para él aprender televisión con las grandes cadenas norteamericanas, experiencia que le sirvió para convertirse en uno de los voceros más idóneos del régimen de La Habana.
Ante la pregunta de Amaury sobre la posibilidad de discutir los temas de interés nacional en la Mesa Redonda, Taladrid dijo que significa condenar el comentario "objetable e inquisidor".
Amaury Pérez dejó una de sus preguntas para las opiniones desfavorables –las del enemigo- sobre el periodista Reinaldo Taladrid. Éste contestó que "nunca han podido atacar el mensaje y usan la vieja táctica de atacar al mensajero". Si le molesta que sus enemigos lo llamen "farandulero" y menos objetivo y crítico, ¿por qué no hace pública una tesis sobre los grupos de poder en Cuba?
Después de varios rodeos, Amaury Pérez logró desenterrar viejos rencores de Taladrid. "Mis padres fueron borrados de la historia del ICAIC" (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográfica), dijo al referirse a la exclusión de estos en el homenaje por el 50 aniversario de esta institución. Según Taladrid, su lucha fue porque se reconociera la labor de su padre, Raúl Taladrid, quien fue vicepresidente del ICAIC en los años 60.
Con orgullo, Taladrid consideró que tiene motivos de sobra para defender a la revolución. Sus padres fueron víctimas de la dictadura del general Fulgencio Batista y detenidos por el BRAC (Buró de Represión de Actividades Comunistas) en varias ocasiones, incluso renunciaron al negocio de Tropicana por defender sus ideas.
Sin dudas, como él mismo dijo, Reinaldo Taladrid es el periodista menos importante de la Mesa Redonda, y un hombre que en asuntos de amor no está entre "los agraciados" o "los que navegan con suerte".
Claro, aunque la inquisición esté al doblar de la esquina, él defenderá el concepto fidelista de la "cultura general integral". Que dios lo coja confesado.
Esperemos que no aparezca en la próxima temporada de "Con dos que se quieran", alguien menos importante que Reinaldo Taladrid.¡Qué horror!
odelinalfonso@yahoo.com
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