
Se realiza el Noveno Congreso Internacional de Longevidad Satisfactoria en La Habana.
Alberto Muller / martinoticias 08 de junio de 2011
Foto: EFE/Alejandro Ernesto
Anciana cubana pidiendo limosna en el Rincón.
La receta para llegar a la longevidad, además de no fumar, es tener una alimentación sana, rica en frutas y vegetales.
En menos del tiempo de una generación -tan solo quince años- más de tres millones y medio de los cubanos serán personas mayores de 65 años, dijo el viceministro de Salud cubano, Luis Struch, en el Noveno Congreso Internacional de Longevidad Satisfactoria, que se realiza en La Habana.
Las estadísticas oficiales en Cuba y los altos funcionarios gubernamentales en el campo de la salud se jactan de que la isla es un paraíso de la longevidad. Este congreso sobre la Longevidad Satisfactoria se concentra en analizar los factores medioambientales que influyen en la calidad de vida de los ancianos.
Pero paradójicamente a las versiones oficiales, los testimonios fotográficos y humanos que salen de Cuba diariamente, muestran con fuerza gráfica, que las calles se llenan cada vez más de ancianos desamparados en busca de una limosna para aliviar el hambre.
El médico personal de Fidel Castro, el doctor Eugenio Selman-Housein, dijo en el Congreso Internacional de Longevidad, “que Cuba tiene más centenarios que Japón”, pero obviamente Selman no mencionó que cada día más ancianos viven en absoluta soledad, porque sus familiares se encuentran en el destierro.
Según Selman, la receta para llegar a la longevidad además de no fumar, hay que tener una alimentación sana, rica en frutas y vegetales", además de practicar ejercicios físicos y entregarse a la cultura.
Tal parece que el facultativo que atiende la salud de Fidel Castro no sabe que la dieta alimentaria de los cubanos es pésima a nivel calórico.
La conocida doctora Hilda Molina, que padeció el castigo directo del gobierno cubano por convertirse en crítica de sus métodos autoritarios, denunció sobre la maltratada existencia de los ancianos cubanos que nunca pudieron hospedarse en los hoteles, que nunca pudieron viajar al extranjero y que viven humillados en silencio triste, agobiados por las penurias cotidianas.
“Varias generaciones conviven hacinadas en un mismo domicilio, lo que afecta especialmente a los ancianos, pues habitualmente comparten sus habitaciones con personas más jóvenes, las que invaden su intimidad, y perturban su descanso. Bástenos caminar por la bella y deteriorada capital habanera, para constatar además, como la existencia de miles de mis coetáneos se consume en solares insalubres y paupérrimos, y en sórdidas zonas marginales periféricas. Bástenos recorrer los campos y las ciudades, para comprobar como miles de personas, incluidos ya algunos ancianos malolientes, malviven en chozas miserables, pidiendo limosnas", enfatizó la doctora Molina.
Cuba vuelve a ser un país de viejos limosneros, porque el estado, a pesar de toda la propaganda oficial, no es capaz de garantizar ni la vivienda decorosa ni la alimentación adecuada a los cubanos de la tercera edad.
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