
Eduardo Mesa ha escrito un libro de crónicas donde la marginalidad y la violencia se manifiestan como el pan de cada día en la isla
Armando de Armas martinoticias 10 de junio de 2011
"En Cuba cualquier cosa puede suceder porque el castrismo, además de ilegítimo y criminal, es irresponsable y juega con las expectativas de la gente haciendo uso de una refinada crueldad".
Eduardo Mesa, La Habana, 1969, fue fundador de la revista Espacios, dedicada a promover la participación social del laico en la isla. Coordinó la revista Justicia y Paz, Órgano Oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y el Boletín Aquí la Iglesia. Formó parte de los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium. Por otro lado, Mesa fue ganador de los premios de poesía Ada Elba Pérez y Juan Francisco Manzano. En la actualidad colabora con las revistas Convivencia, Misceláneas de Cuba e Ideal, y edita el blog La Casa Cuba, donde trata temas relacionados con la fe, la sociedad y la cultura.
Con motivo de la reciente publicación de su libro El bronce vale, Silueta, 2011, Armando de Armas realizó la siguiente entrevista a Eduardo Mesa para MartiNoticias.
MN. ¿El bronce vale está escrito en el exilio o entre Cuba y el exilio?
EM. Algunos de esos textos fueron escritos en Cuba y España pero la mayoría de ellos surgieron en Miami. Viví cinco años en España pero no escribí mucho en ese tiempo, ahora comprendo que era tiempo de vivir no de narrar, aunque las ganas de escribir nunca me abandonaron. En España me casé y nacieron mis hijos, fue un cambio radical en varios órdenes de mi vida. En Madrid, con el transporte público, hay tiempo de leer y leí mucho, sobre todo periódicos. Me hice íntimo amigo de Paco Umbral, Jaime Campmany, David Gistau entre otros columnistas y escritores geniales de la prensa española. Nunca los conocí personalmente pero leer sus columnas me hizo sentirlos como viejos amigos. Espero, antes de morir, disfrutar de un automóvil que se maneje solo, porque el tiempo que pasamos al volante en Miami no es poco y sería maravilloso usarlo para leer.
MN. ¿Por qué escogió la crónica como género para expresarse si, por un lado, le sobra talento narrativo y, por el otro, esa suerte de puente tendido entre la literatura y el periodismo que parece ser la crónica está, en este caso, más inclinado hacia lo literario que hacia lo periodístico?
EM. Estas crónicas pueden definirse como literatura de urgencia, de un rato que escamoteamos a otras obligaciones. Cosas que he querido compartir con los amigos sin esperar a mañana; varios de estos amigos son los “responsables” de que me decidiera a reunir algunas de estas crónicas en un libro.
MN. ¿Piensa incursionar en la narrativa?
EM. Ahora tengo listo, o casi listo, otro libro de crónicas, que dedica un espacio importante a la singular experiencia del creyente en un Estado totalitario, aunque este no es el único tema que se aborda en él. También tengo empezado un proyecto como biógrafo y quisiera en un futuro próximo escribir un cuento largo o noveleta.
MN. En sus crónicas se refleja una realidad insular donde la violencia y la marginalidad están en el orden del día. ¿Cree que el fin de régimen pudiera venir por medio de una explosión social?
EM. En Cuba cualquier cosa puede suceder porque el castrismo, además de ilegítimo y criminal, es irresponsable y juega con las expectativas de la gente haciendo uso de una refinada crueldad.
En ese sentido me parecen positivas las campañas que invitan a la gente a no desfilar, a no chivatear ni maltratar a nadie, comparto estas iniciativas porque tienen una gran altura moral y han sido eficaces, el “pueblo enardecido” ya no se consigue entre los vecinos de los opositores.
Este es un momento histórico muy delicado porque hay un gran desgaste entre la gente y cada vez quedan menos lugares a donde huir. Debemos pensar muy bien los mensajes que mandamos a la Isla, el pueblo cubano necesita mensajes que infundan esperanza y estimulen el cambio de una forma efectiva, porque en la esperanza se puede construir un futuro y el hombre abandona el miedo para el bien.
MN. ¿Como un hombre cercano a la Iglesia Católica qué opinión le merece el reciente viaje del cardenal Jaime Ortega Alamino a Bruselas con el objetivo de explorar la situación del debate sobre la posibilidad de levantar la Posición Común, que condiciona la normalización de las relaciones diplomáticas de la Unión Europea con el régimen comunista de Cuba a la puesta en marcha de reformas democráticas, y, además, sus anteriores y frecuentes viajes a Washington a favor del levantamiento de las restricciones de los viajes de estadounidenses a la isla?
EM. El cardenal es coherente con la posición tradicional de la Iglesia Universal ante los conflictos, la Iglesia no favorece ni apoya las restricciones, los embargos y otras medidas que pueden ser aceptadas y consideradas legítimas por la comunidad internacional. La Iglesia tiene una diplomacia sui generis que no rompe relaciones, ni retira unilateralmente a su embajador. Ante las gestiones que mencionas en tu pregunta no veo ninguna objeción moral al cardenal, otra cosa es el debate sobre la oportunidad o la necesidad de hacer estas gestiones e implicarse tanto en ellas.
MN. ¿No teme que la Iglesia Católica cubana corra el riesgo futuro de que se le catalogue como colaboracionista y que, por ende, se enajene de la simpatía popular, como parece ocurrió ya en el pasado y durante los treinta años de guerras por la independencia, donde el clero en la isla apostó más por la metrópoli que por los insurrectos?
EM. La Iglesia siempre corre el riesgo de olvidar que ella no es un fin en sí misma sino un medio para anunciar a Cristo, esa tentación siempre está presente en la vida de la Iglesia y en la vida del creyente. El apoyo de la Iglesia a la Metrópoli pasaba por la idea, común a los españoles de la época, de que Cuba era una legítima propiedad de España. Las amplias facultades del Patronato Regio propiciaron la cerrazón eclesial a las justas aspiraciones de independencia económica y política de los cubanos.
Este es un momento histórico sin lugar a dudas distinto, la Iglesia es cubana y quiere el bien de la nación. El peligro radica en que ese querer el bien no debe limitarse sólo a hacer lo posible. La Iglesia que ha conseguido una notable ampliación del derecho a la libertad religiosa y que brinda infinidad de servicios al pueblo no puede perder de vista lo imposible, o para ser más exactos, lo que ahora parece imposible. Los límites que el castrismo impone y las precarias libertades que concede no responden a la búsqueda de ningún bien moral sino al deseo de supervivencia en el poder absoluto; advertir algún bien en los límites que el castrismo impone o expresar alguna certeza moral sobre sus actos es, en el mejor de los casos, una ingenuidad.
Un gran reto que tiene la Iglesia es mostrar a la sociedad cubana esa pluralidad en la unidad que ha sido una de sus mayores riquezas; de exponer en sus medios de prensa y en sus eventos la diversidad de opiniones y opciones políticas que hay entre sus fieles, una diversidad que sin lugar a dudas la enriquece. Con este testimonio de inclusión la Iglesia ofrecería un referente ético que la Nación necesita.
MN. Una sociedad como la cubana, sometida por más de medio siglo a un sistemático ateismo y, subsecuentemente, al daño o demolición de los valores no ya cristianos sino occidentales, va a urgir en el futuro democrático de una Iglesia fuerte e influyente. ¿Cómo cree Eduardo Mesa que se pudiera lograr eso, sobre todo dadas las circunstancias actuales ya mencionadas?
EM. Yo creo que la fortaleza de la Iglesia está en la Esperanza y su posibilidad de influir en los acontecimientos también. Yo creo que el éxito del castrismo radica en su capacidad para hacernos creer que no hay Esperanza, porque las fuerzas del mal acampan y se hacen fuertes en el terreno de la desesperación.
El futuro se nos va de las manos y nos queda el presente, una parte importante de la reserva moral de la nación está en las iglesias, esa reserva moral jugará un papel importante en el momento de la reconstrucción del país. Los políticos del futuro harán gran favor a la nación si legislan de un modo adecuado sobre lo concerniente al derecho a la libertad religiosa. Creo que un marco legal que, entre otras cosas, facilite la construcción de templos y propicie la actuación de las diferentes denominaciones religiosas en el ámbito de la educación y la salud contribuiría notablemente a la superación de ese desastre llamado Revolución cubana.
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