
Dos senadores cubanoamericanos ponen en entredicho desempeño del jefe de la Sección de Intereses de Washington en La Habana.
martinoticias.com 09 de junio de 2011
Foto: Reuters
El joven senador cubanoamericano Marco Rubio criticó a Jonathan Farrar por no invitar a disidentes a la Sección de Intereses en La Habana.
El actual jefe de la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana, Jonathan Farrar, fue duramente cuestionado por dos legisladores cubanoamericanos durante una audiencia en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado en Washington.
Los senadores Bob Menéndez (demócrata) y Marco Rubio (republicano) dieron muestras de no estar muy convencidos de que Farrar, a quien la Casa Blanca quiere enviar como embajador a Nicaragua, tenga las cualidades necesarias para hacer un buen trabajo en ese país.
“Estoy muy preocupado, no creo que hizo un buen trabajo en La Habana, y no creo que vaya a hacer un buen trabajo en Managua”, dijo Rubio, quien añadió que si tuviera que decidirse hoy por el candidato a embajador “no votaría a favor”.
Según Rubio, en La Habana el diplomático “llegó a la conclusión de que tenía que ser menos agresivo para caerle mejor al gobierno de Cuba”.
El senador precisó que por eso hubo ocasiones en que Farrar invitó a funcionarios del régimen cubano a la Sección de Intereses a reunirse con él “pero no invitaba a disidentes, que se han quejado repetidamente de su función”, dijo.
Durante la audiencia, el diplomático indicó que su mayor preocupación ahora son las elecciones presidenciales de noviembre próximo en Nicaragua y la presencia de observadores internacionales en los comicios.
Al respecto, el senador Menéndez le puntualizó que los problemas en Nicaragua eran mucho más que eso, y mencionó los planes del presidente Daniel Ortega de reelegirse violando la Constitución, sus ataques a la prensa, y las denuncias que lo acusan de enriquecimiento ilícito por sus nexos con el gobernante venezolano, Hugo Chávez.
De acuerdo con las normas del Senado, que aprueba o rechaza los nombramientos de embajadores, basta sólo con las objeciones de un miembro de la Comisión para que un candidato no sea confirmado en el cargo.
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