viernes, 15 de julio de 2011

LA CUBA DE AYER

PUBLICADO PARA HOY 16 DE JULIO


Calle Linea. Edificio Sante Anne en construccion en 1955.

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Havana Military Academy (1949)

Havana Military Academy (1949) from Memoria de Cuba on Vimeo.



by Memoria de Cuba

La idea original para construir una academia de tipo militar, pero privada, fue de Arturo Goudie a mediados del año 1946. Para la compra del terreno y construcción del edificio dijo contar con Coronel Julio Diéz Argüelles, en ese momento jefe del Distrito Naval del Norte de Cuba. También había conversado con Manuel Díaz, conocido como Manolo, experto de los deportes y su organización y por último Raúl Antonio Chibás. Cada uno puso cinco mil pesos, en aquel momento a la par con el dólar americano. Veinte mil pesos servirían para adquirir un lote de terreno en la Alturas del Biltmore y comenzar la construcción de un edificio que fuera adecuado para una escuela que contemplara tener discípulos medio pupilos e internos. Debido a la distancia del centro de La Habana del terreno que se pensaba comprar, sería imposible considerar el tener alumnos externos.

Se le puso el nombre en inglés por temor de que si se le ponía Academia Militar de la Habana se estimara pertenecía al gobierno. La escuela tenía como finalidad, junto con las materias educacionales usuales, impartir al alumno una disciplina militar. Considerábamos que en general el estudiantado cubano estaba necesitado de un control y respeto que se le podía ofrecer en una institución militar de carácter privado sin abandonar en absoluto los programas básicos. Se haría hincapié en el respeto del individuo hacia sus semejantes y personas mayores. Sabíamos que por ser una institución nueva carente de denominación religiosa la mayor parte de nuestro alumnado iba a provenir de alumnos díscolos que no se adaptaban a las escuelas tradicionales.
Una vez escogido el terreno se empezó la construcción del edificio.

El propio Chibás, uno de los socios, cuenta su experiencia de la siguiente manera:

"El primer contratiempo fue que uno de los socios no quiso aventurarse en el empeño que nos guiaba, sin duda bastante riesgoso, y nos quedamos con únicamente tres socios, Arturo Goudie, Julio Díez Argüelles y el que suscribe. Nuestro capital para enfrentar los gastos de compra del terreno, construcción del edificio y su habilitación como colegio se redujo a quince mil dólares. Esta era una cantidad a todas luces inadecuada para un empeño de tal envergadura. Con grandes esfuerzos personales de los tres socios y una especial capacidad de paciencia de nuestros deudores pudimos terminar el edificio. La obra comenzó a fines del año 1946 y se terminó a principios de 1947. Pero en ese momento no se podía comenzar un curso escolar.
Tuvimos la suerte de lograr alquilar nuestro edificio y nuestro terreno al equipo de Ligas Menores, en ese momento, el Montreal. Convertimos lo que serían las aulas en dormitorios para los jugadores de ese equipo. Conseguimos llegar a un acuerdo con esa institución para ofrecerle manutención a jugadores y empleados. Las prácticas se llevaron a efecto en el terreno de pelota que se preparó por nosotros. Recuerdo que como todavía no estaba rota la barrera que separaba a los jugadores blancos de los negros, por decisión de la gerencia del Montreal, los jugadores de color llegaban de la ciudad en un auto de alquiler y luego eran transportados al atardecer a la ciudad donde se hospedaron. Entre estos jugadores que comenzaban a cambiar esa estructura torpe y discriminatoria estaban Jackie Robinson, el pitcher Newcombe y el catcher Campanela.
Decimos que comenzaban a cambiar porque durante el día todos practicaban juntos, pero en la noche, para dormir, estuvieron separados por decisión de la gerencia del club Montreal.
Recuerdo que al terminar la construcción teníamos una deuda de poco más de sesenta mil pesos. El contrato con el equipo de Montreal nos ayudó a pagar un poco de esas deudas, pero todavía una gran cantidad seguía vigente. Para el verano se decidió utilizar los terrenos para ofrecer un Campamento de Verano, lo que fue en realidad el comienzo de la Havana Military Academy en el verano de 1947. Recuerdo conseguimos tener un alumnado de unos 50 alumnos que llegaban por la mañana, los llevamos a la Playa Viriato, almorzaban y practicaban distintos deportes por la tarde y regresaban por la noche a sus casas.
Durante este período comenzamos a publicar nuestra propaganda para el curso escolar 1947 a 1948. Durante la semana estábamos en la oficina en espera de cualquier información que pudiera desear una persona y los fines de semana también estábamos presentes para ofrecer la información deseada.
El Campamento de Verano sólo sirvió escasamente para cubrir gastos y muy pocos de los alumnos se matricularon para el curso escolar. Cuando llegó el mes de septiembre y teníamos que iniciar nuestro primer año de estudios solamente teníamos inscritos 17 alumnos. Arturo Goudie se dio cuenta del problema planteado y nos pidió que compráramos su parte en el negocio. Conseguimos que mi suegro, el señor José Rovira le entregara los cinco mil pesos que él había comprado recibiendo a cambio acciones por esa cantidad. Durante ese primer año tuvimos que transportar a los alumnos medio pupilos a sus casas en el auto del Coronel Argüelles, manejado por su chofer, y del resto me encargué yo, en mi carro. Tenía que comenzar el recorrido en Santos Suárez a las seis y media de la mañana para poder estar en la Academia a las ocho, la hora de ingreso a clases. A las cinco de la tarde, hora de salida de los alumnos, había que hacer el mismo recorrido, pero a la inversa. Además de este trabajo, yo tenía que estar al tanto de las clases, almuerzo del alumnado que se le daba a todos en nuestro comedor. A las tres se terminaban las clases y todos los alumnos se cambiaban de ropa para recibir las clases de deportes o de instrucción militar. Luego se bañaba todo el alumnado y a las cinco y media regresaban a sus casa los medio pupilos. Los pupilos tenían hora de estudio, comida y luego se acostaban a dormir.
En el verano tuvimos otro campamento, también con pocos alumnos. Además, teníamos que estar pendientes de las personas que podían pasar por la escuela para pedir información sobre el próximo curso escolar. Por estar situada la escuela lejos del centro no pasaban muchas personas por nuestro edificio. A pesar de haber colocado anuncios en varios periódicos, para el comienzo del próximo curso escolar sólo tuvimos un alumnado de unos 50 muchachos. Nos fue posible comprar un ómnibus que alivió nuestro problema de transporte en cierta medida. Aunque conviene señalar que a menudo sufría desperfectos mecánicos que nos obligaban a ir en su ayuda y completar el recorrido en nuestro carro. También adquirimos unas naves metálicas que sirvieron como comedor y sala de baño para los medio pupilos. Esta adquisición fue muy importante porque con el tiempo, al crecer el número de alumnos, sirvió de ampliación del comedor y como espacio para la sesión de estudio que brindamos para el alumnado. 
Debemos señalar que siempre recibimos una ayuda extraordinaria por parte del profesorado y los empleados de nuestra institución. Pudimos desarrollar una compenetración entre todos los que trabajaban en la HMA que siguió hasta el día en que fue intervenida por el gobierno al abandonar yo el país en 1960. El trato para todo el que perteneció a ese colegio fue el de una hermandad en que todos se interesaban por igual en el mejoramiento del colegio y estimaban que su éxito era el suyo propio. 
Con los alumnos podemos decir lo mismo. Siempre se estuvo al tanto de cualquier problema que tuviera el alumno y si era necesario se llamaba para conversar con él, aconsejarlo y animarlo para que lograra mejorar en sus estudios o su conducta. Todo esto se hacía con el mayor cariño como pudiera ser el de un padre con su hijo. Quiero añadir que mientras tuve la suerte de poder estar al frente del Departamento Educacional, mensualmente revisé y firmé todas las notas mensuales que se enviaban a los padres. Jamás la firma se envió con un gomígrafo para aliviar el trabajo. Al principio esto no era gran cosa, pero al final tuvimos un alumnado de unos quinientos medio pupilos y doscientos cincuenta pupilos, un total de setecientos cincuenta estudiantes. Estos dormían en un edificio que se construyó en un extremo de nuestro terreno. También con el tiempo se compró terreno al extremo derecho del original, llegando éste hasta la calle situada al fondo de la calle frontal a la escuela. En el extremo izquierdo de nuestro terreno estaba la casa particular del Coronel Argüelles y a su fondo se adquirió también un lote de terreno en que situamos otro de los campos de pelota. Además se construyó una piscina en que se bañaban y practicaban natación los alumnos. También se construyó una cancha de basketball."



POR: VIMEO Y IMAGENES GOOGLE

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