viernes, 15 de julio de 2011

La Hispano-Cubana de cultura


Escrito por Miguel Iturria Savon


El Cotorro, La Habana


15 de julio de 2011


(PD) En el entramado asociativo insular de la primera mitad del siglo XX fue notable la Institución Hispano-Cubana de Cultura, fundada el 22 de diciembre de 1926 en la Biblioteca de la Sociedad Económica Amigos del País por don Fernando Ortiz y un grupo de personalidades de España y Cuba, interesados en acrecentar las relaciones intelectuales entre ambas naciones.

Mediante el intercambio de sus hombres de ciencias, artistas, escritores y académicos, difundieron a través de conferencias, veladas y publicaciones los temas de interés común, en sintonía con la marcha de la civilización contemporánea.

Las bases de la entidad expresaban su carácter cívico y cultural, ajeno a filiaciones políticas y gubernamentales, lo cual reforzó su independencia asociativa y la progresión de la membrecía, cuyos núcleos partieron del esfuerzo consciente de los hijos y nietos de españoles en la isla, pero con sentido inclusivo y ligado al resto de las etnias que configuran la nación.

La acogida entre los inmigrantes hispanos, la cooperación de los cubanos, la calidad de las ofertas y el hecho de definirse en sus Estatutos como institución libre de políticas, sectarismos, escuelas y propagandas unilaterales, favoreció el desempeño de la misma.

Fernando Ortiz, en su carta del 3 de marzo de 1927 al Presidente de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas de Madrid (1907-1939), advirtió que “…los temas son libres, si bien ajenos a toda política candente de cualquier país. La institución desea hacer labor estrictamente de cultura sin inclinarse a derecha ni izquierda, si bien acepta la exposición de cualquier ideología”.

La Hispano-Cubana fue dirigida por una Junta General de 70 miembros fundadores y por la Junta Ejecutiva, constituida por un Presidente, cuatro vicepresidentes, un secretario, un tesorero, un contador, un director de propaganda y los vocales. La Junta Ejecutiva organizó las sesiones de Música, Arte, Propaganda, Adhesiones y Recursos económicos. Durante 21 años, salvo un lustro de interrupción, se organizaron conferencias, conciertos, cursos, exposiciones, veladas fílmicas y gestión de becas para asociados.

Entre los fundadores y colaboradores más activos figuraron, además de Fernando Ortiz, los ensayistas Jorge Mañach, Juan Marinello y Emilio Roig de Leuchsenring, el profesor y político Ramón Grau San Martín, los historiadores Ramiro Guerra y Emeterio Santovenia, el caricaturista Conrado Masaguer y personalidades de la literatura como Mariano Aramburo, Eligio de la Puente y José María Chacón y Calvo, radicado en Madrid como diplomático, donde ejerció como representante de Ortiz y embajador en funciones de la institución ante la citada Junta para la Ampliación de Estudios, organismo del gobierno español que apoyó a la Hispano-Cubana de Cultura con el envío de los conferencistas contratados por esta.

La institución funcionó como una auténtica sociedad de conferencias devenida en universidad popular por la diversidad de los temas y la heterogeneidad de sus miembros. Su carácter mixto se aprecia en la organización de tres cursillos al año, celebrados en la Universidad de La Habana como Cátedra de Extensión y en la sede de la H-C, situada tras la Plazoleta de Albear, entre Obispo y O Relly, Habana Vieja. A los disertantes extranjeros se les pagaba dos mil pesos (equivalentes a dos mil dólares) y el viaje de ida y vuelta; a los cubanos, solo el dinero.

La entidad tuvo dos etapas: de 1927 a fines de 1930, cuando recesa, y de 1936 a 1948. Las cartas cruzadas entre Fernando Ortiz desde la isla con Chacón y Calvo en Madrid revelan las peculiaridades de la asociación, la “crisis de la Universidad de La Habana”, las pequeñeces humanas, las incomprensiones por los intereses creados, datos acerca de la membrecía (3600 que pagaban un peso al mes), los invitados y los pareceres encontrados.

Al respecto, escribió Ortiz: “hay quien quiere literatura, quien pedagogía, pocos los que quieren ciencia objetiva; quien desea que venga un gallego, un asturiano, un catalán…los hay que quisieran oradores extremistas, políticos de izquierda o de derecha,…sin contar las exigencias del elemento femenino, que predominan…”

Las conferencias se repartían entre las filiales, ubicadas en Matanzas, Cienfuegos, Caibarién, Camagüey, Sagua la Grande, Santiago de Cuba, Manzanillo y otros lugares. Entre los conferencistas figuraron poetas, ensayistas, dramaturgos, narradores, historiadores, filósofos, músicos, diplomáticos y publicistas. Trascendieron las charlas de Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, Ramón Menéndez Pidal, María Zambrano, Eugenio de Ors, Fernando de los Ríos, Américo Castro, Segundo Casteleiro, Rafael Alberti, Fernando de Madariaga, Ramón Pérez de Ayala, María de Maeztu, y cubanos como Juan Marinello, Marcos Pitchón y Gustavo Urrutia, así como el embajador hispano Félix Gordon Ordaz y españoles que buscaron refugio en naciones de América a partir de la Guerra Civil en España (1936-1939).

De gran interés resultó la creación de los soportes que difundieron el sentido iluminista y asociativo de la Institución Hispano-Cubana de Cultura. Me refiero a las revistas Surco (agosto de 1930 a febrero de 1931) y Ultra, fundadas y dirigidas por don Fernando Ortiz. Ambas merecen un espacio mayor, pero digamos para finalizar que Surco fue una revista de revistas pues reproducía artículos de los medios extranjeros y las actividades mensuales de la I.H.C. La Revista Ultra (La Habana, 1936-1947), reproducía textos de publicaciones de Madrid, París, Roma, New York o Buenos Aires, más reseñas de libros y resúmenes de la Hispano-cubana, casi siempre a cargo del escritor Lino Novás Calvo, traductor y subdirector de la misma.

Foto: Ana Torricella

Don Fernando Ortiz

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