lunes, 26 de septiembre de 2011

Bienvenido Pablo




Escrito por Osmar Laffita


Capdevila, La Habana


26 de septiembre de 2011


(PD) Después del exitoso concierto de Pablo Milanés del 27 de agosto en el American Airlines Arena en la ciudad de Miami, continúan las repercusiones a favor y en contra de este controvertido acontecimiento cultural.

Al concierto, de una hora y 35 minutos, a pesar del boicot de grupos de exilados, asistieron 3 500 personas (el American Airlines Arena cuenta con 5 000 localidades).

Después de cuatros exitosos conciertos en los Estados Unidos, país que no visitaba desde 1992, el emblemático cantautor, uno de los fundadores de la Nueva Trova, llegó a La Habana, en la soleada tarde del 11 de septiembre en un vuelo procedente de Miami. Su llegada transcurrió sin problemas.

El gobierno cubano no le perdona a Pablo Milanés que desde una posición independiente, sin importarle riesgos ni consecuencias, haya tenido el valor de criticar públicamente los errores en que a diario incurre.

Tanto la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) como la prensa oficial se limitaron a cumplir las órdenes impartidas por el gobierno de silenciar la exitosa gira del autor de “Yolanda”, no permitiéndole al pueblo cubano, cautivo de información, conocer lo que realmente ocurrió y los acalorados debates que su gira provocó dentro de la comunidad cubana radicada en los Estados Unidos.

Pablo Milanés dio un ejemplo a todos los cubanos de gallardía, decoro y valentía, al no vacilar un segundo en concederle entrevistas a medios de información radicados en la capital del exilio cubano, a los que el gobierno y sus corifeos más rabiosos catalogan como sus acérrimos enemigos.

Tampoco flaqueó al aceptar el saludo cordial y respetuoso de connotados adversarios de los gobernantes cubanos. Su proceder fue un magisterio de cómo tenemos que entender, aceptar y respetar la diversidad, la manera inteligente y cordial de ventilar los desacuerdos, una de las tantas vía de abrir los caminos para el diálogo sincero y honesto, la reconciliación y la concordia.

Todo apunta a que el más interesado en que el concierto de Pablo Milanés se malograra era el gobierno cubano. Le aterroriza cualquier iniciativa que vaya dirigida a unir al pueblo cubano, por su pérfida política de mantenerlo dividido durante el más de medio siglo que lleva en el poder.

Los asistentes al concierto del 27 de agosto en Miami demostraron que por encima de las diferencias ideológicas, hay algo muy poderoso que el gobierno cubano no ha podido liquidar. Dejando en el desván las crispaciones y desencuentros, los asistentes que colmaron el coliseo, por sobre todas las cosas, eran cubanos y lo demás no importó. Tenían presente al ídolo de la nueva canción, la que llega a lo más hondo de los corazones, la que une y hace más plena la vida, la que destruye los odios y abre el camino a la concordia y la reconciliación.

Los miles de asistentes al concierto identificaron a Pablito Milanés como su trovador más querido, porque sus canciones, con sus conmovedoras letras, eran el mensaje que desde hacia tiempo esperaban. De ahí la empatia sentimental que surgió de inmediato y que provocó la apoteósica comunicación entre el cantautor y el delirante público.

Los ecos de este exitoso concierto todavía resuenan por todos los rincones de Miami Dade, que alberga cerca de un millón de cubanos. Por primera vez se logró que la política no pueda ser utilizada como obstáculo para las presentaciones musicales de artistas procedentes de Cuba.

Los miles de cubanos que asistieron a pesar de las amenazas y las intimidaciones, por lo absurdo y desfasado de tal comportamiento, llevó a que culminara en un total fracaso la campaña contra el concierto de Pablo Milanés.

Pero los caprichosos ancianos que gobiernan Cuba, de espalda a la realidad, pretenden ignorar el exitoso concierto de Pablo en Miami. En contra de la lógica de la nueva era de la información, de la que nadie escapa, continúan con su antidiluviano discurso de tratar de tapar un sol con un dedo.

Como el avestruz meten sus encanecidas cabezas en la tierra para no ver la realidad que los acorrala y aplasta, pero el pueblo, silenciosamente, en su fuero interno, los condena y no les perdona el inmerecido trato que le han dispensado al querido Pablo Milanes.

ramsetgandhi@yahoo.com

Foto: cortesía del autor

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