
Escrito por Jorge Olivera Castillo
Habana Vieja, La Habana
26 de septiembre de 2011
(PD) Nunca fui adepto a las interpretaciones del trovador Vicente Feliú. Su voz, composiciones, estilo e imagen, jamás dejaron huellas en mi memoria. Siempre lo observé como un personaje de reparto dentro del llamado Movimiento de la Nueva Trova (MNT), aquella iniciativa que en la década del 70 del siglo XX, sentó pautas en el quehacer musical cubano.
Puede que algunos coterráneos no coincidan con mis opiniones, pero definitivamente eso es lo que pienso del personaje, ahora devenido en uno de los sicarios que apuntan con su verbo impúdico hacia su antiguo colega Pablo Milanés.
Feliú hace la segunda voz en un ataque verbal, publicado en su blog, que va tomando características corales.
Silvio Rodríguez fue el que comenzó, no se sabe si espontáneamente o por órdenes superiores, la andanada de cuestionamientos y alusiones vergonzosas contra Pablo Milanés por este criticar al “socialismo” cubano en su gira por los Estados Unidos.
Exponer en la palestra pública una serie de ideas no acordes con las perspectivas y el lenguaje de la nomenclatura, ha sido el detonante de una especie de ajusticiamiento moral que busca el desprestigio del también fundador del MNT.
Haber aludido delante de las cámaras y los micrófonos, la cobardía de numerosos artistas, escritores e intelectuales que guardan silencio o se suman a causas que reniegan en privado, pedir una urgente renovación en la cúpula de poder y abogar por cambios estructurales que eviten un mayor deterioro de la sociedad, ha sido suficiente para que se haya desatado la rabiosa cacería.
Quieren a toda costa evitar que nadie le brinde un ápice de solidaridad al autor de decenas de canciones de gran arraigo popular. Infundir el pánico es otra vez la estrategia para que la unanimidad no padezca fracturas significativas. Saben que un aumento de las expresiones críticas desde la intelectualidad aceleraría la crisis de legitimidad que enfrenta el gobierno, además de estimular el desarrollo de protestas sociales, por ahora presentes en pequeña escala y controlables, pero abocadas a una multiplicación si confluyen otras circunstancias, entre ellas la pérdida del control en los organismos adscritos al Ministerio de Cultura.
En esta controversia, Pablo Milanés tiene la razón. Hay que ser cínico o demasiado torpe para no darse cuenta de la enorme acumulación de desaciertos, con la ulterior cosecha de estancamiento económico, pérdidas de valores éticos y morales, apatía social generalizada y todo un nefasto legado que perdurará más allá del fin del sistema.
Pablo Milanés ha tenido el valor de alejarse de una estafa político- ideológica que todavía insisten en disfrazar con un manto de buenas intenciones
Es penoso que personas inteligentes se presten a esas maniobras. ¿Estarán pagando algún favor? ¿Lo harán para ganar méritos en un ambiente lastrado de mezquindades y oportunismos de la peor ralea? ¿Actúan condicionados por los invisibles pero demoledores zarpazos del miedo?
Vicente Feliú pone al descubierto su otra faceta. La de cancerbero de una dictadura cruel, encabezada por hombres comprobadamente mediocres. Basta mirar a Cuba de punta a cabo para evidenciarlo. Si nunca pude tolerar su proyección musical, ahora Vicente Feliú acaba de darme los motivos para echarle encima nuevas capas de olvido.
oliverajorge75@yahoo.com
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