miércoles, 26 de octubre de 2011

Red Avispa: las misiones que no deben olvidarse



El verdadero objetivo es dañar -en toda la dimensión que le sea posible- la seguridad nacional de Estados Unidos y prolongar la permanencia en el poder de la jerarquía castrista.

Café Fuerte 26 de octubre de 2011

Foto: EFE

El espionaje que la Dirección de Inteligencia (DI) cubana ha realizado dentro de Estados Unidos no persigue detener las actividades de supuestos terroristas, como falsamente se afirma a través de la intensa campaña internacional que tiene lugar desde La Habana por la liberación de los cinco espías.

El verdadero objetivo es dañar -en toda la dimensión que le sea posible- la seguridad nacional de Estados Unidos y prolongar la permanencia en el poder de la jerarquía castrista.

Tuve la certeza de este propósito desde los días en que comenzó mi preparación para venir como agente encubierto a Estados Unidos, a finales de 1991. Estados Unidos es considerado por el régimen como su principal enemigo. De los americanos esperan los mayores retos y contra ellos dirigen sus máximos esfuerzos. De ahí, la particular importancia que dan al trabajo de penetración e influencia en las esferas de gobierno, militar, académica, medios de prensa y organizaciones sociales. Ana Belén Montes, la espía sembrada por Cuba en la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa, y el matrimonio de Kendall y Gwendolyn Myers, quienes por 30 años pasaron secretos del Departamento de Estado a La Habana, dan fe del empeño del régimen en vulnerar la seguridad nacional estadounidense.

Desde que a principios de los años 90 inició sus actividades en el sur de la Florida, la denominada “Red Avispa” dirigió esencialmente sus esfuerzos en esa dirección. La penetración del Comando Sur, mediante la “Operación Surco”, fue la máxima prioridad planteada por el general de brigada Eduardo Delgado Rodríguez, jefe de la Dirección de Inteligencia, aún antes de que el Comando Sur fuera trasladado para Miami, en 1997.

A mediados de 1996, el matrimonio compuesto por los agentes Joseph Santos y Amarylis Silveiro -quienes asumieron su culpabilidad y colaboraron con las autoridades estadounidenses- comenzó la realización de un levantamiento operativo del área donde se alzarían las edificaciones del Comando Sur. Las órdenes y la supervisión correspondían al oficial ilegal Hugo Soto. Ambos agentes habían sido originalmente preparados para trabajar contra la Estación Aeronaval de Roosevelt Roads, en Puerto Rico, antes de recibir instrucciones de reubicarse en la ciudad de Miami, debido al cierre de aquella instalación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario