viernes, 26 de octubre de 2012

La novela del ex ministro
Rogelio Fabio Hurtado
Cuba actualidad, Marianao, La Habana, (PD) Por poco que me guste, tengo que reconocer que Abel Prieto ha sobrevivido como escritor a sus muchos años de funcionario.
Su última obra, Los Viajes de Miguel Luna, aunque me parece por debajo de El vuelo del gato, no carece de interés, sobre todo porque a medida que se avanza en su lectura, va superando sus evidentes errores iniciales.
Dividida simétrica, y también monótonamente, en dos grandes planos, la obra avanza con lentitud similar en ambos, mediante una prosa correcta, pero algo hinchada por las constantes reiteraciones y su sintaxis siempre previsible.
El protagonista absoluto, un escritor cubano estrictamente contemporáneo de Prieto, queda sometido por el narrador a un grado tal de sátira que nos impide verlo con el mínimo de empatía para interesarnos por él. En una novela biográfica, esto resulta fatal.
La otra dimensión, el periplo del tal Luna por un pequeño país socialista del Mar Negro, peca a lo largo de muchas páginas de monocorde y superficial, otra vez debido al abuso del distanciamiento. El autor ha intentado criticar burlonamente a los entonces consignados como países hermanos, y lo ha logrado, pero al diseñar su imaginaria Mulgavia ha caricaturizado excesivamente, ofreciendo una imagen con la cual ninguno de aquellos países socialistas se reconocería. Entonces, la burla se queda en choteo.
Prieto se cuida de implicar a su propio país y gobierno, como si Cuba no hubiese aplicado el mismo modelo de los restantes integrantes del bloque, copiado al carbón de la URSS. Aunque la cronología vital de Miguel Luna transcurre en Cuba, cada vez que se aproxima a un momento fuerte, lo pasa por alto o lo despacha a la ligera. Quienes acudimos al libro buscando los argumentos políticos del ministro, salimos trasquilados, porque Prieto, fan al ajedrez, aquí no sacrifica ni un peón, ni nos sorprende con algún gambito.
Me consta que, muchos años atrás, estuvo involucrado en un texto acerca del espiritismo cubano. Aunque por fin no llegó a publicarlo, también me he quedado esperando ver salir de sus páginas algo de más calado sobre el tema, pero veo que no pasa de alusiones someras. Parece que su condición oficial de marxista-leninista no le permite esas veleidades ideológicas.
Otra vez, Prieto acierta en el tratamiento al poderoso sexo débil. Su Eloisa es tronco de hembra.
El diplomático cubano, Willy, machista, bebedor, mujeriego, anti intelectual y mal hablado, está dotado de un tono oral exaltado, pero demasiado fiel a su estereotipo. Tal como el novelista Luna, carece de criterios políticos independientes ni críticos. Se supone militante del PCC, pero siguiendo una vieja tradición del modelo socialista, el Partido nunca sale a escena, ni para bien ni para mal.
El ambiente de la UNEAC está captado en líneas muy generales y no hay alusiones personales directas. Un sedicente poeta de apellido Pampón, encarna al censor, pero aunque su postura está cuestionada, también el retrato está caricaturizado en exceso.
Dentro de la narración, se relatan indirectamente algunos cuentos escritos por Luna, y queda uno con las ganas de leer su celebrada Oda a Eva.
Hacia el final de la obra, el tal Miguel Luna deviene en una suerte de Don Juan, con pocas pero rotundas damas a su cuenta.
Para concluir, Prieto no encuentra solución alguna y liquida al protagonista cuando apenas contaba 41 años.
En sentido general, la novela se deja leer, con un sentido del humor extendido a lo largo de sus 537 páginas. No obstante, sigo esperando la obra donde Abel Prieto se la juegue en serio y a fondo.
Para Cuba actualidad: rhur46@yahoo.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Foto: Aleaga Pesant
El autor firma su libro

No hay comentarios:

Publicar un comentario