Jueves, 25 de Octubre de 2012 11:22
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Cuba actualidad, Centro Habana, La Habana, (PD) Es indiscutible que en las últimas décadas el gobierno se ha vuelto más flexible con el rock, que estuvo prohibido en los años 60 y casi todos los 70. Y no solo el rock, sino toda la música norteamericana o británica. Bastaba que fuese cantada en inglés.Más que Revolution, ¡Help!
En los años 60, en los peores momentos de la prohibición, como el que inventó la ley, inventó la trampa, había quienes iban al edificio de la calle N, que está costado del Pabellón Cuba, por la calle 23, para que les grabaran unas placas -de pésima sonido- con las canciones de los Beatles o los Rolling Stones.
Otros, más afortunados, adquirían estas joyas del acetato, por otras vías como las del mercado negro, proporcionadas por buscavidas que hacían negocios con marineros nativos o de barcos que atracaban en el puerto habanero, y traían banderas de naciones tan distantes como Grecia.
Con mucho sigilo, los adolescentes se reunían en una casa donde hubiera tocadiscos y escuchaban los inolvidables “Twist and Shout”o (I Can’t Get No) “Satisfaction”, entre otras canciones, todas novedosas y con el atractivo sabor de lo prohibido. En ocasiones, en el grupo había alguien que, de manera excepcional, había visto bailar los nuevos ritmos y los enseñaba.
Cuando se escuchaba alguna canción en inglés en alguna corta escena de algún filme de los tantos que estrenaban en los cientos de cines hoy desaparecidos, provocaban largas filas de jóvenes, que dejaban vacía la sala una vez que terminaban de ver la escena que querían.
Into the fire.
Ya a mediados de los años 60 y en los 70, había quienes escuchaban emisoras norteamericanas como la WQAM, la WGBS o la KAAY (esta última, de Arkansas, solo se escuchaba de noche). Los adultos de la casa los regañaban y a veces el único radio de la casa iba a parar al fondo de la misma, para evitar que los vecinos chismosos denunciaran el hecho de que un joven escuchara “música americana”, con lo cual quedaba apuntado en la lista negra de inmediato, clasificado como “desviado ideológico”.
En la segunda mitad de los años 70 al fin pudo verse por la televisión cubana a Boney M, los Bee Gees, Abba o Barry White. Antes de eso, se hacía más énfasis en la música de grupos y cantantes españoles, italianos o franceses, algunos de los cuales visitaron Cuba. El trauma era, sin lugar a dudas, la lengua de Shakespeare, el idioma del enemigo.

En los 80, ya era habitual que los jóvenes que trabajaban o estudiaban en países socialistas, o viajaban por pertenecer a la Marina Mercante o la Flota de Pesca, se las agenciaran para entrar a Cuba discos sencillos o de larga duración con lo mejor de la música norteamericana o británica. Pero siempre los préstamos, las ventas y hasta las audiciones se hacían con mucha cautela
More than a feeling
Aún por aquellos tiempos, no se divulgaba el trabajo que hacían grupos cubanos que aún se mantienen con sus seguidores, o desaparecieron, como Los Kent, Los Almas Vertiginosas, Sesiones Ocultas, Dimensión Vertical, los Gnomos, Los Jets y tantos otros, los cuales amenizaban fiestas privadas, sobre todo de quince.
En el caso de Los Kent y Dimensión Vertical, desde hace una década, han podido hasta salir por la televisión y divulgar sus peñas.
Pero no todo no es tan flexible como parece. Ahí está aún la nebulosa, presta a enrarecer el aire cuando de música rock se trata. Es como un fantasma que se parapeta detrás de cada proyecto que incentive este tipo de música. Faltan locales fijos para las actuaciones de los grupos de rock, remozarlos, cambiarles el antiguo nombre por uno más sugestivo y promocionarlos.
Tell me what I gotta do.
¿Cuántos rockeros no se fueron, o los fueron?, ¿Cuántos no murieron en el intento de irse en una balsa mal hecha?
Recuerdo que cantaban con su inglés chapurreado, lleno de forros, o tarareaban las canciones que eran éxitos hasta en el Polo Norte, pero que si algún chivatón del trabajo o la escuela se enteraba, podía costarle los estudios o el trabajo. Tan peligrosos eran Deep Purple, Led Zeppelin, The Eagles o Earth, Wind and Fire.
El cubano que nunca pudo emigrar y no le ha quedado más remedio que crear sus propias estrategias para pasarla lo mejor posible, nunca ha olvidado el misterio, la intriga y la persecución de los agentes que dedicaban parte del tiempo a seguir a quienes gustaban de “la música americana”. En su mayoría, eran jóvenes que además añoraban dejarse el pelo largo y trataban de seguir la moda en momentos en que era muy difícil encontrar confecciones y calzados similares a los que aparecían en los pequeños recortes de revistas extranjeras, las cuales casi siempre, llegaban escondidas dentro de las cartas o postales, que demoraban una eternidad, si venían de países capitalistas.
La obsesión de reprimir a quienes dentro de la Isla, dejaron de ser jóvenes pero mantienen estos gustos, nunca ha finalizado. En la actualidad, el control aparece bajo formas sofisticadas.
Heart to heart.
Hoy, los que tienen la moneda convertible para pagar la entrada y lo que consumen en sitios donde pueden escucharse a grupos cubanos que mantienen en su repertorio cobres de los éxitos de antaño, pueden en sitios como el Café Cantante del Teatro Nacional, el Submarino Amarillo o los Jardines de La Maison, bailar, cantar y pasarla bien.
Existen, por el contrario, quienes crearon otra modalidad: la peña de rock entre amigos.
Estas personas están unidas en el amor por la música de George Benson, Chicago -con Peter Cetera o sin él-, Stevie Wonder o Bobby Caldwell, y la interminable lista que incluye, por supuesto, a féminas de la talla de Aretha Franklin, Carole King, Carly Simon o Barbra Streisand. La humildad de estos oyentes de lo mejor de la música anglosajona de décadas pasadas, contrasta con su exigencia.
Se reúnen un sábado o un domingo, en la casa que mejores condiciones tenga., contentándose con ese espacio que les da no solo privacidad, sino complicidad, para compartir lo que cada cual lleva de comestible, bebida y por supuesto, música.
En el cálido ambiente de una gran familia se ven jóvenes y niños, acostumbrados en sus hogares a escuchar, cantar y bailar estos clásicos, junto a adultos de distintas edades. No es objetivo de ellos ver a sus preferidos en un DVD, porque lo máximo para estas personas es recuperar aquellos tiempos en que soñaban, mientras una emisora radial foránea les proporcionaba momentos inolvidables.
Esta modalidad de las peñas de rock comenzó en La Habana con un grupo de profesores de inglés, allá por 1993. Tenían diferentes edades, pero un mismo objetivo: escuchar la música de los 70 y los 80, y en especial aquellos números, con poca o nula divulgación en los medios de comunicación. Música, por tanto, muy difícil de conseguir, y que ellos en viejos discos de vinilo, casetes y después en CD, intercambiaban para analizar sus letras, hablar sobre sus autores, conocer más de todas las vertientes: rhythm and blues, country, soul, rock sinfónico, etc. A sus reuniones comenzaron a asistir otros que se quedaron para siempre hechizados con conocer aspectos interesantes de la música semi-prohibida.
Se destacó en los 90, la Peña de Jacinto, en Santa Amalia, Arroyo Naranjo. Otras fueron surgiendo en otros barrios de la capital. En la actualidad, sus promotores y asistentes las catalogan de peñas de corte didáctico, por su especial formato. Se impregnan del ambiente radial –he escuchado imitaciones de Mike Denver, el locutor de WQAM, al anunciar canciones- con diferentes secciones como temas de películas, así como información y números musicales de grupos que pueden ser hasta desconocidos. Las fuentes pueden ser las revistas Billboard, Rolling Stone, folletos y todo lo que pueda ser buscado en Internet.
En estas peñas se rinde especial tributo a The Beatles y se contrasta la música de diversas décadas, incluyendo lo mejor de la época actual.
Estas peñas se convierten en encuentros que unen a las personas de distintas edades a través de la buena música de todos los tiempos, la que no tiene barreras, por su lenguaje universal.
Para Cuba actualidad: aimeecabcu2003@yahoo.es
Fotos: Aimée Cabrera