
Héctor Zumbado (La Habana 1932), publicista de profesión, humorista de nacimiento, fue un maestro. Su gracia criolla y su aguda ironía salieron a relucir en sus primeros libros, Limonada (1978) y Amor a Primer Añejo (1980).
Su maestría en describir personajes y situaciones en Cuba fue a través de su sección "Riflexiones", en las páginas del diario Juventud Rebelde.
De por sí, la inventada palabra de Zumbado, Riflexiones, invita no a reflexionar, sino algo más profundo, a un "estado riflexivo", según él decía, pues su crítica iba dirigida justo al blanco, como la de un rifle con mira telescópica.
Durante casi 30 años apenas se le recordó, pero ahora regresa este humorista a través del libro "Un Zoom a Zumbado", presentado hace una semana. La noticia fue divulgada a través del programa Mediodía en TV, donde estuvo presente su autor, quién enfatizó la vigencia de muchos de sus cuentos, que pudiéramos catalogar de profecías, habida cuenta que aparecieron en las décadas del 70 y 80 y que leídos casi tres décadas después le han dado la razón en sus lógicos razonamientos en que utilizó la sátira y el humor.
Muchos de estos personajes ridiculizados en sus cuentos como "Audacio", el tipo audaz que se mete a hacer de todo y todo lo deja a medias, Chapucio, el que todo lo que hace es pura chapucería y no obstante recibe distinciones y premios, o "El Asere Científico, individuos de nivel universitario con un lenguaje vulgar y mediocre no acorde con sus estudios, comenzaban a marcarse en esas décadas.
Hoy, todos los alertas que dio Zumbado hacia este tipo de individuos han hecho metástasis en la sociedad, llegando al punto de no saber distinguir, por el lenguaje, a un individuo marginal de un profesional.
La reciente preocupación por prohibir esa música conocida como reguetón por el uso de letras en extremo soeces e irrespetuosas, es parte de esa advertencia en el uso del idioma que nos hizo Zumbado: estos reguetoneros son los descendientes de aquellos primeros aseres cuyo desarrollo en esta involución del idioma ha sido precisamente desde las escuelas primarias.
"Riflexionemos" acerca de esta cita seria extraída precisamente del cuento El Asere Científico. "Lo cierto es que si la tendencia a enriquecer el idioma se mantiene, estamos seguros que en un futuro no lejano, de nuestros centros de estudio emergerán técnicos, profesionales y científicos de un nuevo tipo que hablarán de otra forma. Esta es la interrogante más grande que tenemos: ¿estamos en vías de desarrollar el Asere Científico?"
Nada pasó inadvertido a la agudeza de este humorista. La cerveza que dispensaban en las antiguas pilotos sale a relucir en "El Misterio del Lagarto Frío", las meriendas en los centros de trabajo y estudio en "La Croqueta" y "El aplastamiento de la tortilla", las roturas en las calles en "El Bache", la burocracia en "Defecto de fabricación" y "Solicitud de personal", los bla-bla-bla de los jefes en "La Vaselina o el Arte de la Presti-verbización".
Pero a Zumbado le tocaron muy directamente estas absurdas cosas que han ocurrido y aun siguen ocurriendo, cuando en 1983, trabajando en Publicitur, una agencia de publicidad turística situada en el edificio Focsa por la calle 19, llegó una brigada de construcción para remodelar las oficinas de esa entidad. Corría el año 1986 y todavía no habían podido inaugurarse las nuevas oficinas. Zumbado sacó sus cálculos y concluyó en un cuento lo siguiente: "No quisiéramos deprimir a estos entusiastas constructores contándoles que el edificio Focsa, de 35 pisos, se construyó en año y medio en la década del 50. Es decir si a esta brigada que ha tardado 3 años y medio le hubieran dado la tarea de remodelar todo el edificio, ellos –y sus descendientes claro está- hubieran tardado 122 años y 6 meses. Un tin más de lo que tardó la pirámide de Keops."
Sacados del olvido fueron en su momento José Lezama Lima, Dulce María Loynaz y últimamente Virgilio Piñera. Zumbado parece haber entrado en ese proceso de rehabilitación. Bienvenido sea si es así. Sus cuentos, como expresó el autor del reciente libro sobre Zumbado, todavía mantienen su vigencia...y sus profecías.
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