martes, 6 de noviembre de 2012

Triste papel
José Antonio Fornaris
Cuba actualidad, Managua, La Habana, (PD) Casi todos los integrantes de la oposición pacífica y de las organizaciones de la sociedad civil, unos menos y otros más, conocen a los agentes de la policía política que forman parte de los llamados "Grupos Operativos".
Se desplazan en motocicletas marca Suzuky de poco cilindraje, son jóvenes y, como presuntamente son graduados en una academia del Ministerio del Interior, tienen grado militar de oficiales.
Hasta donde se conoce, les entregan una vez al mes una cuota extra de alimentos –aparte del de la libreta de racionamiento-, un módulo de ropa cada seis meses, y se supone que devengan un salario mensual superior al de la Policía Nacional Revolucionaria, que oscila entre 700 y 800 pesos.
Además de eso, tienen la posibilidad de acudir a centros de recreación, ellos y sus familiares, donde lo que pagan por el servicio recibido es varias veces menor que la media que tiene que abonar en sitios similares el resto de los ciudadanos.
Hasta donde se ha podido averiguar, ahí terminan, en términos generales, lo que pueden ser denominados privilegios si se compara con la situación de la mayoría de la población. Pero en la vida real eso es prácticamente nada.
A cambio de eso, son la cara visible de la represión contra todos aquellos que desean la llegada de la democracia a Cuba y que lo manifiestan de forma pública. Esa represión va desde las amenazas y la desestabilización emocional hasta la organización de turbas que golpean a mujeres e invaden domicilios.
Su papel es muy triste, porque violan derechos sagrados de las personas, y además porque están al servicio de una casta que tiene como objetivo básico y casi único, en detrimento de la inmensa mayoría de los cubanos, mantenerse en el poder.
Los represores de las motocicletas no tienen la más mínima posibilidad de llegar a formar parte algún día de esa élite. Tal ralea y sus descendientes continuarán viviendo en varios exclusivos y disfrutando de las bellezas de la vida, mientras que los represores políticos de bajo pelaje, seguirán, mientras sean útiles al poder, en su función de cancerberos, y a la vez, obligados a estar ellos y sus hijos mirando siempre la fea cara de la miseria.
Ahora mismo, el huracán Sandy afectó más de 137 mil viviendas -muchas totalmente destruidas- a su paso, la madrugada del jueves 25 de octubre, por la provincia Santiago de Cuba. En ninguna de esas casas residía algún funcionario estatal o gubernamental, ni siquiera alguno de nivel medio. Los damnificados todos son personas humildes, y de seguro que entre ellas hay varios de esos represores que andan en motos Suzukis.
Ellos están, socialmente hablando, mucho más cerca de los reprimidos que de los jerarcas del régimen. Por eso, deberían valorar, y el asunto no es nada descabellado, el trabajar a favor de la democracia para Cuba. Sin democracia, las potencialidades de los individuos no tienen vida. Y eso quiere decir que si la tiranía no termina, tendrán que continuar aceptando, como la cúspide de su existencia, una pequeña motocicleta, que para colmo no es de su propiedad.
Para Cuba actualidad: fornarisjo@yahoo.com

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