Lunes, 03 de Diciembre de 2012 05:13
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Las dos opciones que tanto han criticado los gobernantes cubanos, la anexión y el Estado Libre Asociado, aplastaron a los independentistas, los aliados naturales del castrismo, quienes consiguieron un anémico 5,54% de los votos, frente al 61,6% de los anexionistas y el 33,2% de los partidarios del ELA soberano.
Pero, increíblemente, no ha sucedido así. Tanto la periodista Marina Menéndez en la edición de Juventud Rebelde del domingo 11 de noviembre, como los panelistas de la Mesa Redonda de la televisión cubana en la tarde del viernes 16 de noviembre, aplicaron malabarismos numéricos y abundante cuota de infamia--- no importa que en el exterior, otros de su misma calaña hayan razonado igual--- para tergiversar el mensaje enviado por el pueblo boricua. Ellos suman los votos obtenidos por el ELA soberano y la independencia, más ¡los votos en blanco! --- tres contra uno--- para asegurar que la mayoría de los puertorriqueños no desean la anexión a Estados Unidos (la estadidad). Mas, aun así, la estadidad logra un apreciable 46% de los votos.
Tratan de restarle importancia al hecho de que el referido 61,6 % de los anexionistas se alcanzó en una especie de segunda vuelta, cuando las distintas opciones políticas se enfrentaban entre sí, tal y como aconseja la práctica internacional.
Al tratar de hallarle una explicación al escasísimo voto por la independencia, los voceros del oficialismo cubano ahondan en la hipocresía. Resulta que ello ha sido el resultado de "la manipulación en la mente de un pueblo, y también a la persecución con saña de que han sido objeto los independentistas".
Realmente es inconcebible que los defensores del sistema totalitario existente en Cuba se refieran a la manipulación y la persecución que supuestamente prevalece en otras sociedades. En Puerto Rico, al menos, los simpatizantes de la independencia mantienen un estatus legal y participan en las elecciones. En Cuba, por el contrario, a los que se oponen al gobierno se les tilda de "mercenarios al servicio de una potencia extranjera".
Claro, el reconocimiento de que los independentistas puertorriqueños son apenas cuatro gatos, y que la estadidad es, entre todas las opciones políticas, la preferida por el pueblo boricua, dejaría a la propaganda castrista sin un importante baluarte que han utilizado con frecuencia para avivar el diferendo con Estados Unidos, a cuyo gobierno acusan de mantener en una situación colonial a la hermana isla caribeña. Y para nadie es un secreto que la disputa con cualquier gobierno que se asiente en Washington es la savia que nutre uno de los pocos discursos que quedan en el arsenal de nuestros gobernantes, y que les posibilita justificar buena parte de sus desaciertos, así como contar con el apoyo de la bulliciosa izquierda internacional. Por eso no es de extrañar que las autoridades cubanas persistan en su cantaleta pro independentista, continúen organizando eventos internacionales en los que exijan que Estados Unidos ponga fin al "coloniaje" de Puerto Rico, y sigan alentando la labor de esa minoritaria porción de la sociedad puertorriqueña.
Debo reconocer que, en el plano personal, no soy partidario de la anexión de ninguna nación a otra. Como latinoamericano, me gustaría contemplar a los puertorriqueños formando parte de nuestra gran familia, y defendiendo las tradiciones de origen hispano. Pero, ante todo, hay que respetar la opción que ellos escogieron libremente en las urnas. Lo único condenable es el intento de torcer una realidad por espurios fines políticos e ideológicos.
Para Cuba actualidad: orlandofs21@yahoo.com