Lunes, 03 de Diciembre de 2012 05:05
0 Comentarios
La obra, cuyo título remite a la novela "Mi tío el empleado", de Ramón Meza Suarez Inclán, aparecida en 1887, retrata la relación de la nación cubana con el exilio en esta segunda década del siglo XXI, cuando todo indica que la revolucionaria ruptura entre la nación y la emigración está al desaparecer por el desmoronamiento del sistema que la estableció.
El tío exiliado fue expulsado de su país por homosexual por el puerto del Mariel, y en sus postreros días decide regresar a Ranchuelo, su viejo y empobrecido pueblo natal. Una historia aparentemente sencilla. Pero no.
En la obra, la familia Robespierre, una alusión directa y simpática a la revolución,, recibe la noticia del regreso del hijo prodigo, Evaristo. El encuentro tiene matices. Adán Robespierre, un miembro del gobierno, quita la foto de Lenin de la sala para no molestar. Espera el dinero que traerá el emigrante. Piedad, su esposa, desea ver a su hermano tras treinta años de separación. Entre los poblanos se esconden los visos que van desde el interés por la satisfacción material, la pacotilla como se dice por la calle, hasta el viejo amor. Pero todo se trastoca cuando el que regresa, solo viene a morir y las más intensas emociones se desencadenan.
Sin embargo, el tono de farsa que el director Fernando Quiñones Posada da a la obra, conspira contra el intenso dramatismo que se respira. El constante ir y venir de gags y bocadillos humorísticos, a veces con el peor de los gustos, conspira contra el desarrollo de la trama que constantemente y desorienta al publico más exigente.
"Mi tío, el exiliado establece una "parábola de la nación, con sus contrastes, sus exilios, voluntarios o forzados, su ayer y hoy, que parece confundirse y confluir en una línea tan delgada que se pierde en el tiempo", afirma el crítico tatral Frank Padrón. Es también un interesante acercamiento al interior del hombre, a sus reflexiones y pensamientos, a los complejos y contradictorios entramados de la propia existencia humana y a la descomposición moral que en tiempos de democracia y postmodernidad trae el partido unico.
El joven dramaturgo Yerandi Fleites tiene 28 años. Es graduado del Instituto Superior de Arte (ISA), donde ejerce como profesor actualmente. Miembro de la Asociación Hermanos Saiz (AHS) obtuvo el premio Caladis. Se le considera como parte de los "novísimos", un movimiento de jóvenes dramaturgos preocupados por las esencias de la nación cubana. Entre sus obras más importantes están Jardín de héroes y Gallo electrónico.
"Mi tío el exiliado" estará en escena durante todos los fines de semana del mes de noviembre en la Sala de Teatro el Sótano, en la Calle K, entre 25 y 27, en El Vedado.
Para Cuba actualidad: aleagapesant@yahoo.es