Cuba actualidad, La Conchita, Pinar del Río, (PD) Quien promueve o incita la batalla, debe aceptar el reto. Si la batalla es de ideas, deben existir dos o más ideas. De lo contrario, se convierte en monólogo o lucha contra uno mismo, no es ni la caricatura de lo que realmente significa una batalla.
Sería bueno que en nuestro país el gobierno perdiera el miedo, se vistiera de hidalguía y aceptara una real batalla de ideas a través de los medios, con la oposición pacífica que existe y se trata de ignorar con argumentos ridículos y trillados que ya nadie cree.
Aceptar la real batalla de ideas es la mejor manera de encausar la tolerancia política que tanto necesitamos en la patria común; mediante ella pudieran debatirse temas que nos interesan a todos, independientemente de la orientación política que tengamos.
Por ejemplo, un tema común y de actualidad es el de sobre qué base descansa el futuro de la economía del país, teniendo en cuenta la enfermedad de Chávez, un asunto importante que no se debe descuidar porque este pueblo no parece estar dispuesto a soportar otro período especial.
Las personas ya están cansadas de esperar por el futuro prometido y les resulta difícil creer que los que trabajaron en función de hundir económicamente el país, por incapacidad o idolatría a formas de producción utópicas, ahora pretendan revivir lo que ellos mismos mataron con sus graves errores.
Nadie tiene la verdad absoluta (solo Cristo lo es), mucho menos el monopolio de lo bueno. Pero si, además, los que dirigen la economía del país necesitaron tanto tiempo para darse cuenta de que la forma de producción empleada por ellos solo sirvió para hundirnos económicamente, ¿que más se puede esperar de ellos? ¿Se podrá reformar lo que está probado que no sirve?
Sabemos que es difícil desprenderse de los métodos excluyentes construidos cuidadosamente por las distintas organizaciones del gobierno, los medios y el sistema educativo durante más de medio siglo, y que las masas han sido inducidas a ver como parias a los que piensan de manera diferente. Todavía hay personas a quienes les parece normal humillar, discriminar y repudiar a los que tenemos criterios alternativos, pero cada día que pasa se hace más urgente erradicar ese crimen.
¿Qué más necesitan para darse cuenta, si el tiempo y los errores cometidos se han encargado de demostrar quiénes son los verdaderos incapaces en el manejo de la economía? Mejor entonces aceptar la real batalla de ideas aunque la tengan perdida de ante mano; dejar fluir métodos y criterios nuevos es lo mejor para todos, y que decida el pueblo, único y verdadero soberano facultado para equivocarse o cometer errores.
Para Cuba actualidad: primaveradigital2011@gmail.com
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