Trabajador enfermo marginado.
Aimée Cabrera.
Mauricio Morell trabajador camagüeyano escribió a la sección Buzón Abierto del periódico Trabajadores, y su queja fue publicada el 22 de abril del presente. En la misma, daba a conocer Morell que había sido trasladado a otro puesto de trabajo inferior, por padecer el VIH/sida.
El trabajador se desempeñaba como segundo administrador de una unidad gastronómica del municipio Guáimaro en Camagüey. Y un buen día, con mucha discreción se le planteó que no podía ocupar ese puesto por su enfermedad.
A partir de ese momento, comenzó como jefe de departamento de recursos humanos de la Unidad Básica de Gastronomía, cargo en el que estaba cuando envió su misiva a la sección ya mencionada.
Por una parte, recibió apoyo como lo fue de la psicóloga del centro municipal de higiene y epidemiología; pero por otra parte recibió negativas como sucedió con el jefe de la Unidad Básica de Gastronomía, y otros directivos.
Por ser Morell un dirigente, el órgano de justicia laboral de base, le devolvió su reclamación. Otras negativas de carácter personal aparecieron durante las gestiones llevadas a cabo por este trabajador que no tuvo otra alternativa que escribir a Buzón Abierto donde apareció su situación bajo el título de Un caso bochornoso, del periodista Francisco Rodríguez.
Una vez que apareció el hecho inexplicable publicado las cosas cambiaron de manera favorable para Morell, quien estuvo un buen tiempo- desde el 2009- desamparado, dónde estaba su dirigente sindical, todo parece indicar que plegado a la administración.
El 6 de mayo el mismo periodista publicó en Buzón “Volverá a su plaza trabajador con VIH”. Una serie de excusas inexcusables fueron expuestas por quienes en su momento no se solidarizaron con el trabajador y lo humillaron.
Si bien fue restituido a su plaza anterior, no se explica qué medidas se tomaron con los implicados en marginar a Morell cuyas conductas estuvieron fuera de toda ética profesional, más aún en un país donde el papel “que todo lo aguanta” muestra frases como que la política del Estado cubano no discrimina a los enfermos del VIH/sida y los respalda legal y moralmente.
Persisten aún, sin embargo, quienes campean con su irrespeto a lo establecido por el Estado, con una prepotencia sin límites. Qué hubiera sido de Morell si no se hubiera quejado a esa sección del Trabajadores u otro periódico. Un caso más de arbitrariedad laboral como tantos otros que ocurren con frecuencia en todo el país.
Aimée Cabrera.
Mauricio Morell trabajador camagüeyano escribió a la sección Buzón Abierto del periódico Trabajadores, y su queja fue publicada el 22 de abril del presente. En la misma, daba a conocer Morell que había sido trasladado a otro puesto de trabajo inferior, por padecer el VIH/sida.
El trabajador se desempeñaba como segundo administrador de una unidad gastronómica del municipio Guáimaro en Camagüey. Y un buen día, con mucha discreción se le planteó que no podía ocupar ese puesto por su enfermedad.
A partir de ese momento, comenzó como jefe de departamento de recursos humanos de la Unidad Básica de Gastronomía, cargo en el que estaba cuando envió su misiva a la sección ya mencionada.
Por una parte, recibió apoyo como lo fue de la psicóloga del centro municipal de higiene y epidemiología; pero por otra parte recibió negativas como sucedió con el jefe de la Unidad Básica de Gastronomía, y otros directivos.
Por ser Morell un dirigente, el órgano de justicia laboral de base, le devolvió su reclamación. Otras negativas de carácter personal aparecieron durante las gestiones llevadas a cabo por este trabajador que no tuvo otra alternativa que escribir a Buzón Abierto donde apareció su situación bajo el título de Un caso bochornoso, del periodista Francisco Rodríguez.
Una vez que apareció el hecho inexplicable publicado las cosas cambiaron de manera favorable para Morell, quien estuvo un buen tiempo- desde el 2009- desamparado, dónde estaba su dirigente sindical, todo parece indicar que plegado a la administración.
El 6 de mayo el mismo periodista publicó en Buzón “Volverá a su plaza trabajador con VIH”. Una serie de excusas inexcusables fueron expuestas por quienes en su momento no se solidarizaron con el trabajador y lo humillaron.
Si bien fue restituido a su plaza anterior, no se explica qué medidas se tomaron con los implicados en marginar a Morell cuyas conductas estuvieron fuera de toda ética profesional, más aún en un país donde el papel “que todo lo aguanta” muestra frases como que la política del Estado cubano no discrimina a los enfermos del VIH/sida y los respalda legal y moralmente.
Persisten aún, sin embargo, quienes campean con su irrespeto a lo establecido por el Estado, con una prepotencia sin límites. Qué hubiera sido de Morell si no se hubiera quejado a esa sección del Trabajadores u otro periódico. Un caso más de arbitrariedad laboral como tantos otros que ocurren con frecuencia en todo el país.

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