Cuba actualidad, Habana Vieja, La Habana, (PD) Al Árabe lo conozco desde el mismísimo principio del Periodo Especial (año 1991).
En aquella época era un hombre físicamente normal, mas actualmente se vale de una silla de ruedas para desplazarse por la ciudad.
Ahora sufre de una semiparálisis en las piernas desde el día que perdió el equilibrio cuando estaba encaramado en el cartel luminoso que anuncia "El Floridita, Cuna del Daiquirí", donde limpiaba los tubos de luz, y tuvieron que internarlo en una clínica ortopédica durante ocho meses.
Antes del accidente se buscaba su dinerito lavando los carros que parqueaban en las márgenes del restaurante que frecuentara el escritor norteamericano Ernest Hemingway.
Las herramientas de trabajo del Árabe eran un balde de agua limpia y una toalla. Con ellos dejaba los carros brillantes, como acabados de comprar. Y turistas y cubanos le pagaban por eso.
Ahora, cuando paso por el restaurante de marras, lo veo en su silla de ruedas a la espera de que algún extranjero piadoso le regale algunas monedas. Y por mucho que pudiera internarme en su alma, jamás tendré palabras para expresar su sufrimiento por su actual estado, que veo con espanto.
El día 10 de agosto me cuenta el Árabe que a él y a un puñado de viejos la policía los montó en un ómnibus y se los llevaron detenidos para la estación de la calle Zanja, donde los tuvieron hasta más allá de la media noche.
Me cuenta que tuvo que firmar la llamada "carta de peligrosidad" que en Cuba es la antesala, para cualquier ciudadano, de ir a prisión en el momento y el día que las autoridades lo consideren oportuno.
Le pregunté al Árabe por qué firmó la carta y me respondió que si no firmaba lo hubieran dejado en el calabozo. Pero yo le dije que dudaba que las autoridades policiales fueran a meter en la cárcel a un minusválido que no es ningún delincuente y sólo pide limosna para cubrir los gastos más elementales de una vida común.
Del Árabe ya escribí en Primavera Digital el 12 de agosto de 2010, en un intento porque sus padres, separados desde que él era un niño, y que ahora viven cada cual por su lado en el extranjero, leyeran o alguien les contara de mi reporte y supieran que su hijo, cuyo nombre es José Antonio Cintra Belga, vivía en condiciones lamentables desde todos los puntos de vista.
El Árabe no vino de Marte. Sólo es el producto de unos padres que nunca se ocuparon de atenderlo y, a pesar de todo, creció y se convirtió en un hombre honrado y honesto, incapaz de cometer ningún tipo de delito en contra de sus semejantes.
El Árabe, o José Antonio, es padre de una niña de 9 años y de un varón de 6. Vive en una habitación de mala muerte aquí en La Habana Vieja cuyo techo tiene un hueco que cuando llueve toda la casa se le inunda de agua. Y mi pregunta es cómo el gobierno de los Brothers de Birán no le ha dado solución a estos casos y permite que la policía de nuevo tipo haga estas redadas contra un minúsculo grupo de viejitas y viejitos y minusválidos.
No sin razón me cuenta el Árabe que el día de la recogida, cuando llegó el jefe de la dependencia del Minint en la calle Teniente Rey, montó en cólera y les dijo a sus subordinados que no le trajeran más mendigos. Que le trajeran delincuentes, estafadores, ladrones, asaltantes, y administradores y directores, que son los que diariamente roban a las dos manos.
Para Cuba actualidad: ramon597@correodecuba.cu
Foto: Ramón Díaz Marzo
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