LUNES, 27 DE ENERO DE 2014 03:31
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Sin embargo, la prensa oficialista cubana, al hacerse eco de esos acontecimientos, solo analiza las supuestas ventajas para Ucrania de un acercamiento a Moscú, e insiste en los inconvenientes de su enrolamiento con la UE. Claro, todo esto en sintonía con los intereses de la cúpula castrista, que añora los tiempos de esplendor del desaparecido imperio soviético.
En ese contexto, el énfasis del periódico Granma y sus congéneres se dirige al factor económico, ignorando por completo la vertiente nacionalista de ese pueblo. Así, se hace hincapié en el hecho de que las mercancías y la mano de obra calificada de los ucranianos serán más competitivas en el marco de una renacida Comunidad de Estados Independientes (CEI) -mecanismo que agrupa a Rusia y otras naciones que formaron la Unión Soviética-, que si la integración fuese con la Unión Europea. Aquí se aplicaría aquello de que "es mejor ser cabeza de ratón, que cola de león".
Por otra parte, abundan las opiniones de estos medios de prensa en el sentido de que la pobreza, el desempleo y la desigualdad que hoy asolan a Ucrania no se resolverán con los 600 millones de euros prometidos por la UE para la modernización de la industria nacional, y que los acuerdos para recibir financiamiento del Fondo Monetario Internacional exigirán impopulares medidas de ajuste como la congelación de salarios, el aumento de las tarifas del gas y el cese de las subvenciones a la agricultura. Y como colofón, la inevitable cantaleta castrista de que "Bruselas solo le transmitirá a Kiev las consecuencias de la crisis del sistema capitalista".
Con independencia de que muchos de esos argumentos podrían ser refutados, deseo centrar mi atención en el detalle que ocultan Granma y sus acólitos: el sentir independentista del pueblo ucraniano. Porque preferir a Europa es la garantía del mantenimiento de la Ucrania soberana, y la seguridad de que nunca más el país estará a merced de los apetitos del Kremlin, como aconteció en el período 1922-1991. Durante ese lapso, el país fue anexado a la Unión Soviética, cuyos dirigentes se esforzaron por destruir el nacionalismo ucraniano. También se sufrieron los efectos de la colectivización forzosa de la agricultura impuesta por Stalin, que hacia los años 30 de la pasada centuria provocó la muerte por hambre de varios millones de ciudadanos ucranianos.
La rusificación del país practicada durante el dominio soviético afectó particularmente a la lengua y la religión de los ucranianos. El idioma ruso fue adoptado como el oficial en el sistema educativo, mientras que los católicos que habitaban mayoritariamente la región occidental del país perdían influencia y eran duramente reprimidos. No resulta aventurado afirmar que los ucranianos eran poco menos que extranjeros en su propio país.
Resultan risibles las encuestas que, cada cierto tiempo, realizan algunos trasnochados acerca de la conveniencia de un retorno de la Unión Soviética, y que la prensa oficialista cubana, por supuesto, acoge de buena gana. Esos encuestadores toman como muestra principal a los ciudadanos rusos, y después declaran que la mayoría de los habitantes de la antigua Unión Soviética lamentan la desintegración de ese conglomerado de naciones. Claro, los rusos eran el centro del imperio. Pero los resultados de las encuestas serían distintos si les preguntaran a los ciudadanos de la periferia, a los lituanos, letones, moldavos y ucranianos, entre otros.
Para Cuba actualidad: orlandofs21@yahoo.com
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